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jueves, 4 de noviembre de 2010

El imperio Almoravide


Se conoce como almorávides (en árabe المرابطون al-Murābitun, sing. مرابط Murābit — es decir: "el morabito", especie de ermitaño musulmán—) a unos monjes-soldado salidos de grupos nómadas provenientes del Sahara. La dinastía almorávide abrazó una interpretación rigorista del Islam y unificó bajo su dominio grandes extensiones en el occidente del mundo musulmán con las que formaron un imperio, a caballo entre los siglos XI y XII, que llegó a extenderse principalmente por las actuales Mauritania, Sahara Occidental de donde provenían, Marruecos y la mitad sur de España y Portugal.


Los Sanhaya



En las tierras del sur correspondientes a los actuales estados de Mauritania y Malí, desde el río Senegal hasta el río Níger, haciendo frontera con el antiguo reino negro de Ghana, se había establecido con sus ganados un pueblo de pastores nómadas bereberes, pertenecientes a los Sanhaya, cuyas tribus principales eran los Lamtuna y los Masufa (otras tribus Sanhayas, éstas sedentarias habitaban los valles próximos al Atlas, como el del río Draa; entre éstas los Lamta y los Gasula).

Después de haber conseguido detener el avance de los pueblos "negros" del sur, gracias a alianzas intertribales, se forjó a instancias de los Lamtuma una "confederación" Sanhaya con el fin de consolidar como capital la ciudad de Audagost (Aoudagost, actual ciudad de "Tegdaouat" (grafía francesa) en el sur de Mauritania y de disponer una amplia zona de pastoreo y controlar las principales rutas de caravanas que cruzaban de norte a sur la región.

La concienciación religiosa



Aprovechando el viaje de regreso de peregrinación a La Meca, Yahia Ben Ibrahim Al Gudali de la tribu de los Gudala, jefe de la confederación de los sanhaya, se entrevistó hacia el año 1040 en la ciudad de Kairuán en Ifriqiya (actual Túnez) con el prestigioso alfaquí (fqih: docto en la ley islámica) malequita Abu Imran Al Fasí (originario de la ciudad de Fez) con vistas a elevar el nivel de la conciencia religiosa de su pueblo. Abu Imran propuso para esta tarea a un antiguo alumno suyo, Uaggaq ben Zellu Al Lemtí, de la tribu de los lemta, el cual a su vez recomendó a Abdalá Ben Yasin Al Gazulí, de la tribu de los gzula. Sobre este último recayó el papel de predicador en el seno de las tribus sanhaya.

Los malequitas creían en la Al Muwatta (libro escrito por Malik, el fundador de la doctrina), que entre otras cosas defiende la poliginia, la virginidad prematrimonial, el repudio y el derecho al contrato matrimonial de las hijas.

Esta reforma religiosa se orientará en beneficio del sunismo y del malequismo, de lo que estaba fuertemente convencido el nuevo predicador y guía espiritual Abdalá Ben Yasin, dotado con un excepcional vigor. La doctrina que lanzó no tardaría en tomar color político, con una vuelta a la ortodoxia sunní. En un principio, el poco entusiasmo mostrado por los sanhaya hacia abrazar la "causa" de Ibn Yasin motivó que, tácticamente, éste se retirara a un ribat (similar a un monasterio fortificado) en la isla de Tidra con un puñado de adeptos. Este ribat estaba considerado como un lugar de purificación y de formación del musulmán ejemplar. Esta ejemplaridad se conseguía a base de una férrea disciplina. Esta ejemplaridad, junto con la propaganda hecha por sus adeptos, hizo que la reputación de Abdalá Ben Yasin y su ribat crecieran junto con la cantidad de monjes-soldados que acudían al ribat a depurarse.

Un momento decisivo en la expansión del movimiento fue la adhesión de Yahia Ben Omar, jefe de la poderosa tribu de los lamtuna (Tifawat, lemtuna o lemtana significa hombres con velo). Los hombres tenían la costumbre de llevar velo, que nunca se quitarían bajo condena de ser menospreciados por sus amigos y parientes; este velo era una especie de "fota" similar a la que portan los tuaregs (de hecho, los actuales tuaregs son descendientes de aquellas tribus), con todos los suyos. Yahia Ben Omar se impondrá como jefe militar, en tanto que Abdalá Ben Yasin continuará como guía espiritual.

Factores que favorecieron el movimiento almorávide



Los principales factores que favorecieron el movimiento almorávide fueron:


  1. La solidaridad tribal y la reforma religiosa.

  2. El factor económico. Las vastas extensiones de tierra donde pastaban los rebaños de los sanhaya, presentaban un interés de primer orden: el control de las caravanas cargadas con toda clase de mercancías (principalmente, oro y sal) que tenían como destino el norte de África y Al-Ándalus. Los mesufa controlarían el eje Teghaza-Audagost-Siyilmasa; los lemta el itinerario costero desde la desembocadura del río Senegal hasta la región del río Noul; los gudala controlarían una mina de sal situada en el suroeste de la costa atlántica; y los lemtuna controlarían el valle del Drá y el eje Augagost-Sus dirección Siyilmasa.

  3. Fragmentación del mundo musulmán. En Ifriqiya (actual Túnez), tiene lugar la invasión hilaliana, la caída de Kariuan (1053) con intentos de prosperar hacia el oeste. En el Magreb occidental (actual Marruecos), los barghawata dominan las llanuras atlánticas, los idrísida conservan las ciudades de Tamdoilit, Igli y Massa con intenciones de tomar Ceuta a los Omeyas de Córdoba; los Magrava y sus primos, los Beni Ifren (Yafran), controlan Salé, Tlemecen, Tadla y Fezzaz; la taifa zeneta de Chellah controlaba desde Fez a Siyilmassa. Al-Andalus se encontraba fraccionado en una multitud de reinos de Taifas.


Desembarco en la península Ibérica



Alfonso VI (1040-1109) toma Toledo el 25 de mayo de 1085, alarmando a los andalusíes que ven peligrar su futuro, lo cual les fuerza a tomar la decisión, no sin grandes reparos, de llamar en auxilio a los curtidos guerreros almorávides, facción que predicaba el cumplimiento ortodoxo del islam, al mando de su jefe Yusuf ibn Tasufin. Este era un austero derviche que se vestía con piel de oveja y se alimentaba frugalmente con dátiles y leche de cabra como los legendarios fundadores del Islam.

El rey de la taifa de Sevilla Al-Mu'tamid le pidió ayuda en estos términos:

Él (Alfonso VI) ha venido pidiéndonos púlpitos, minaretes, mihrabs y mezquitas para levantar en ellas cruces y que sean regidos por sus monjes [...] Dios os ha concedido un reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de Sus derechos, por vuestra labor [...] y ahora contáis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganarán en vida el paraíso

Citado por al-Tud, Banu Abbad, de Ibn al-Jakib, al-Hulal, pág. 29-30

Yusuf viene con su ejército y se encuentra con una tierra fértil y próspera; también observa el relajamiento de los preceptos doctrinales del Islam y la gran tolerancia con los judíos y cristianos. Esto le provoca la determinación de apoderarse de esos reinos, alentado por la división entre las distintas taifas.

El periodo almorávide en al-Ándalus



Los almorávides derrotan a Alfonso VI de León en la batalla de Sagrajas en 1086, pero no aprovecharon la victoria puesto que recién obtenida, el emir Yusuf ibn Tasufin vuelve al norte de África debido a que su hijo acababa de morir. Sin embargo los almorávides vuelven a cruzar el estrecho de Gibraltar y a partir de 1090 se fueron apoderando de los reinos de taifas. El verano de ese año Yusuf se dirige a Toledo con objeto de recuperarla pero el rey de León, con la ayuda de un ejército de Aragón, rechazan al ejército almorávide que, cambiando sus planes, conquista en septiembre de 1090 Granada. Una vez conquistada, Yusuf vuelve al Magreb dejando en la Península Ibérica a su primo Sir ibn Abu Bakr con el mandato de reducir el resto de las taifas de al-Ándalus. Antes de acabar ese año, el adalid almorávide toma Tarifa y en la primavera de 1091 ataca la importante Taifa de Sevilla. En verano ya habían sucumbido al poder norteafricano Córdoba y Carmona, y en septiembre, rinden Sevilla. Seguidamente son sometidas las taifas de Jaén, Murcia y Denia, con lo que solo escapaban de los sanhaya las grandes taifas de Badajoz y Zaragoza y la insular de Mallorca.

Mientras tanto, el Cid dominaba el levante, y el 17 de junio de 1094 conquistaba Valencia creando en ella un principado y rechazando por dos veces a los almorávides, la primera cuando acudieron a reconquistarla en otoño de ese mismo año en la batalla de Bairén con la colaboración de Pedro I de Aragón, y en un segundo intento en 1097 por parte del propio emperador Yusuf ibn Tasufin. De todos modos, un hijo de Yusuf ibn Tasufin, Muhammad ibn Aisa, retoma la plaza de Aledo en 1092, cerca de Murcia, que había constituido una fortaleza cristiana avanzada en tierra musulmana desde 1085 y los almorávides habían intentado recuperar, sin éxito, en 1088. A continuación, Muhammad ibn Aisa ocupa Játiva y Alcira, situándose a escasos treinta y cinco kilómetros de Valencia. En 1093 Sir ibn Abu Bakr ataca a Al-Mutawakkil de Badajoz y conspira contra él, propiciando su caída: tras hacer prisionero al rey pacense y sus hijos, los hace ejecutar cuando se dirigía a Sevilla. Con la Taifa de Badajoz cayó también Lisboa, que el conde Raimundo de Borgoña, esposo de la princesa Urraca, fue incapaz de defender.

Tras la muerte del Cid en 1099 el principado de Valencia pasa a ser gobernado por su esposa viuda Jimena, pero en 1102 Alfonso VI decide que no puede mantenerse la ciudad y la evacúa, abandonándola al poder almorávide, no sin antes incendiarla. Pero en 1106 Yusuf ibn Tasufin debía hallarse débil, pues moría el 2 de septiembre de ese mismo año, sucediéndole su hijo Ali ibn Yusuf.

En 1109 la independencia de Zaragoza estaba seriamente en peligro ante el poder bereber. Esta taifa se había mantenido independiente gracias, en parte, a las buenas relaciones que Al-Musta'in II de Zaragoza mantuvo con el emir Yusuf ibn Tasufin. Así, en 1093 o 1094, el rey de Saraqusta envió a su propio hijo con generosos regalos al emperador almorávide, y en 1103 (año en que también caía la Taifa de Albarracín en poder almorávide), cuando Yusuf buscaba por la Península el reconocimiento de su hijo Ali como heredero al trono, de nuevo fue enviado el hijo del rey zaragozano a Córdoba como embajador de buena voluntad. De ese modo, Zaragoza mantuvo su independencia hasta 1110, año en que finalmente caería bajo el poder almorávide.

A partir de la conquista de Valencia en 1102 comienza la hegemonía almorávide en España. Ali ibn Yusuf ataca en 1108 la fortaleza de Uclés, defendido por un ejército encabezado por Sancho Alfónsez, el heredero de Alfonso VI de Castilla, y dos de sus mejores capitanes: Álvar Fáñez y García Ordóñez. La batalla de Uclés terminó con derrota cristiana y, sobre todo, con la muerte del infante de León. Al año siguiente el emir almorávide intentó aprovechar esta victoria hostigando Talavera con el fin de preparar la conquista de Toledo, bastión que seguirá conteniendo el avance de los sanaya.

Únicamente quedaba en poder de los taifas andalusíes la Taifa de Mallorca, debido a su situación isleña y el poderío de su flota, que saqueaba constantemente las costas de Barcelona. Contra ella fue enviada en 1114 una expedición de cruzada contra las Baleares con la ayuda de la flota de Pisa. Ramón Berenguer III comandó la expedición que se prolongó casi todo el año. Sin embargo el auxilio almorávide llegó al fin y las islas pasaron a formar parte del Imperio almorávide, ante la retirada barcelonesa. El año 1116 sucumbía la última de las taifas de al Ándalus.

Tras culminar la máxima expansión, el Imperio almorávide recibió el influjo de la cultura andalusí, cuyas creaciones artísticas asimilaron. La nueva capital Marraquech, fundación de este movimiento, comenzó a embellecerse con el emirato de Ali recogiendo las formas de la cultura del arte taifa. Del arte almorávide quedan pocos ejemplos (y solo de arquitectura militar en la Península Ibérica), como la Qubbat Barudiyin de Marraquech. También asimilaron la cultura escrita: matemáticos, filósofos y poetas se acogieron a la protección de los gobernadores almorávides. Sus costumbres fueron relajándose, a pesar de que, por regla general, impusieron una observación de los preceptos religiosos del islam mucho más rigurosa que lo que era habitual en los primeros reinos de taifas. Se vetó al místico Al-Gazali, pero hubo excepciones y en la Zaragoza de Ibn Tifilwit el pensador heterodoxo Avempace llegó a ocupar el cargo de visir entre 1115 y 1117. Siguiendo la ley islámica, los almorávides suprimieron los ilegales pagos de parias, no contemplados en el Corán. Unificaron la moneda, generalizando el dinar de oro de 4,20 gr como moneda de referencia, y creando moneda fraccionaria, que escaseaba en al-Ándalus. Estimularon el comercio y reformaron la administración, otorgando amplios poderes a las austeras autoridades religiosas, que promulgaron diversas fatwas, algunas de las cuales perjudicaban gravemente a judíos y, sobre todo, mozárabes, que fueron perseguidos en este periodo y presionados para su conversión al Islam. Se sabe que la importante comunidad hebrea de Lucena tuvo que desembolsar importantes cantidades de dinero para evitar su conversión forzosa.

Otro grupo muy numeroso, los mozárabes de Granada, perdieron sus iglesias y sus obispos. El descontento fue creciendo hasta el punto de que en 1124 llamaron en su auxilio a Alfonso I de Aragón, que acababa de conseguir una importante victoria sobre los almorávides tomando la importante ciudad de Zaragoza en 1118. La comunidad cristiana granadina prometió al Batallador rebelarse contra los gobernadores de la capital y franquearle las puertas de la ciudad para que este la conquistara. Así, Alfonso I de Aragón emprendió una incursión militar por Andalucía que, aunque no le llevó a conquistar Granada, sí puso en evidencia la debilidad militar almorávide para esas fechas, pues les venció en campo abierto en la batalla de Arnisol, saqueó a su placer las fértiles campiñas andaluzas desde Granada hasta Córdoba y Málaga, y rescató a un nutrido contingente de mozárabes para, con ellos, repoblar las recién conquistadas tierras del Valle del Ebro. Esta campaña prolongada por casi un año hasta junio de 1126 mostraba la decadencia del Imperio almorávide. Por esos mismos años, los almohades comenzaban a hostigar a los almorávides en el corazón de África occidental.

Fin del imperio almorávide

Hacia 1125 un nuevo poder estaba surgiendo en el Magreb, el de los almohades, surgidos de la tribu de los zenatas, que lograron con un nuevo espíritu de aplicación rigurosa de la ley islámica, ya relajadas ya las costumbres de los almorávides en gran medida debido al contacto con la decadente cultura andalusí, imponerse al poderío almorávide tras la caída de su capital Marrakech en 1147.


Tras la campaña del rey de Aragón, los mozárabes andalusíes fueron represaliados y, en su mayoría (temiendo nuevas rebeliones internas) deportados al norte de África, recalando fundamentalmente en Fez. Se trataba de una población con un alto nivel de desarrollo cultural, que empobreció al-Ándalus y le privó parte de su mano de obra cualificada. Son años en que comienza un auge de los poblamientos en ribats, o monasterios islámicos, que habían jugado un papel fundamental en el origen del movimiento almorávide, y que proliferan ahora en al-Ándalus. Los impuestos que pagaban las minorías étnicas (mozárabes, judíos) disminuyeron con el exilio y la emigración de estos a tierras más acogedoras, con lo que se hizo necesario aumentar las tasas infringiendo la ley coránica. Comenzó una crisis económica reflejada en la devaluación del dinar de oro, que pasó a tener un peso de 3,85 g .

Simultáneamente, el empuje bélico de los almohades comienza a imponerse en África en la década de 1130, lo que obligó a los almorávides a disminuir las fuerzas militares de la Península, que tuvieron que reducir a guarniciones en los principales distritos andalusíes, para poder contrarrestar la guerra declarada contra la nueva corriente integrista. Todo ello propició la insurgencia en al-Ándalus en los años 1140, en el momento en que los almohades conquistan la gran ciudad de caravanas de Sigilmasa en el Magreb, cruce de rutas comerciales y punto clave en la ruta del oro que procedía del África subsahariana.

El golpe de gracia fue la sublevación del distrito de Mértola en 1144, donde se impuso como rey el místico Ibn Qasi, dando lugar al periodo de los segundos reinos de taifas. Cuando este régulo fue derrocado, solicitó el socorro de la nueva fuerza emergente: los almohades que, repitiendo el ciclo, fueron adueñándose progresivamente desde el Algarve de todo al-Ándalus, desalojando a la administración almorávide y trasladando la capital de Granada (que lo fue del imperio almorávide en al-Ándalus entre 1190 y 1148) a Sevilla, que será la nueva capital almohade andalusí desde ese último año y en ella se erigirán importantes monumentos arquitectónicos que se han conservado hasta la actualidad, como la Giralda o la Torre del Oro, que continuaban la tradición artística andalusí taifal y almorávide. Entre tanto, Alfonso VII de Castilla, aprovechaba la confusión reinante para conquistar el resguardado y próspero puerto y ciudad de Almería, éxito que fue celebrado en el poema homónimo recogido en la Cronica Adefonsi Imperatoris, que incluía un testimonio de que los hechos del Cid habían ya obtenido gran fama entre la población.

Con la caída de la capital Marraquech a manos de los almohades en 1147, el Imperio almorávide cede su lugar al nuevo poder rigorista, que impondrá su hegemonía en el Magreb y al-Ándalus hasta la derrota de las Navas de Tolosa en 1212.


Emires almorávides:



Yusuf ibn Tasufin



Yusuf ibn Tasufin (también Tashufin o Tashfin) Násir ad-Din ibn Talakakinin (en árabe, يوسف بن تاشفين ناصر الدين بن تالاكاكينن) fue un emir almorávide (1061–2 de septiembre de 1106), primero de la dinastía bereber de los almorávides, que reinó sobre Marruecos, Mauritania, Senegal, gran parte de España y Portugal y el oeste de Argelia hasta 1147. Este imperio recibía también el nombre de Imperio o Reino de Marrakech.

Fue llamado por el rey Al-Mu'tamid de Sevilla y el rey de la taifa de Badajoz para que les auxiliase frente al monarca leonés Alfonso VI tras la caída de la Taifa de Toledo, del cual ambos soberanos eran tributarios. Fue enviado por su primo Abu Bakr Ibn Umar, jefe de los almorávides, contra el cual posteriormente se insubordinó, tolerando el anterior la insubordinación para evitar así la fragmentación del reino.

La taifa sevillana venía pagando parias desde la época de Fernando I, quien trasmitió el derecho de cobro a su hijo García de Galicia y que, finalmente, recayó en Alfonso VI. A principios de 1086 Alfonso envió a un grupo de comisionados encabezados por el judío Ben Salib para que efectuasen el cobro anual. Como quiera que éste no se realizó debidamente, lo que provocó las iras del enviado real, Al-Mu'tamid apresó a los emisarios y dio muerte a Ben Salib. La amenaza de represalias por parte de Alfonso VI hizo que el rey de Sevilla enviara una petición de ayuda a Yusuf que se encontraba con sus almorávides sitiando Ceuta en el norte africano.

Este emir había declarado la yihad en el norte de África, con tal fervor que en pocos años había convertido al Islam casi toda la inmensidad del Sáhara. La extensión de sus dominios era de seis meses de camino a lo largo y cuatro a lo ancho.

Venció en Sagrajas al rey Alfonso VI el 23 de octubre de 1086, aunque la muerte del hijo de Yusuf le llevó a abandonar precipitadamente al-Ándalus, regresando al Magreb, por lo que las consecuencias de la derrota para el Reino de León no fueron muy apreciables.

Cuatro años después regresó y fue ocupando las diversas taifas de Al-Ándalus: Granada, Sevilla, Badajoz y Valencia.

En 1062, hace edificar su capital, Marrakech, de donde proviene el nombre de Marruecos. Será desde ahí desde donde conducirá sus campañas, sobre todo en España. Su tumba se encuentra en Marrakech.




Alí ibn Yúsuf




Alí ibn Yúsuf (1083-1143) (árabe: علي بن يوسف) era hijo de Yúsuf ibn Tasufin fue el segundo emir almorávide desde 1106 hasta su muerte, en 1143.

Venció a las tropas cristianas en la batalla de Uclés y conquistó la Taifa de Zaragoza en 1110.

Sus dominios se extendían por Marruecos en África y, en la Península Ibérica, Andalucía, Valencia y parte de Aragón, Cataluña y Portugal.

Tasufin ben Alí ben Yúsef



Tasufin ibn Alí ibn Yúsef fue hijo de Alí ibn Yúsuf, perteneciente a la dinastía bereber de los almorávides. En 1138, Alí ibn Yúsuf nombra a su hijo Tasufin heredero de Ben Ali.

En 1145, Tasufin Ben Ali, el tercer emir almorávide fue asesinado mientras trataba de recuperar el Al-Ándalus, que recuperó su independencia el año anterior.

Tasufin el sucesor de Ben Ali fue Ibrahim ibn Tasufin, que reinó durante poco tiempo. El último líder de los almorávides, Ishaq ibn Alí , fue asesinado mientras estaba tomando Marrakech por los almohades en 1147.



Ibrahim ibn Tasufin


Ibrahim ibn Tasufin fue el cuarto emir de la dinastía bereber de los Almorávides. Fue el sucesor de Tasufin ben Ali ben Yusef y reinó poco tiempo, entre 1146 y 1147. Ibrahim ibn Tasufin murió en Orán en 1147 luchando contra las tropas Almohades, que ya habían vencido ante Tremecén.

El último jefe de los Almorávides, Ishaq Ben Ali, fue muerto con ocasión de la toma de Marrakech por los Almohades en 1147.



shaq ibn Ali



Ishaq ibn Ali fue el 5º y último emir de la dinastía bereber de los Almorávides. Tío del anterior emir Ibrahim ibn Tasufin al que sustituyo, fue muerto con motivo de la toma de Marrakech por los Almohades en 1147.




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martes, 2 de noviembre de 2010

Mujeres con pañuelo



¿Mujeres con pañuelo¿ se adentra en el corazón del mundo musulmán en nuestro país de la mano de un grupo de amigas que rompen su silencio al emprender juntas un viaje a la Alhambra.
  • Se cubren la cabeza como símbolo de libertad individual
  • LAS MUSULMANAS ESPAÑOLAS SE AFERRAN AL CORÁN

  • Representan el sentir de miles de jóvenes como ellas en Europa

Todas ellas, jóvenes, universitarias y de nacionalidad española, llevan pañuelo como símbolo de su respeto a los dictados del Corán y como estandarte de su propia libertad personal. Y defienden, sin titubeos, unos valores patriarcales arcaicos contra los que el movimiento feminista ha luchado durante décadas.

Ellas son mujeres con pañuelo y orgullosas de reivindicar lo más polémico de la base de su identidad islámica. Representan el sentir de miles de jóvenes musulmanas en Europa que ven el hecho de cubrirse la cabeza como sinónimo de libertad e identidad.

¿Mujeres con pañuelo¿ gira en torno al peregrinaje a Granada de siete amigas de la mezquita madrileña de la M30. La mayoría son españolas, aunque todas tienen raíces marroquíes excepto una, Silvia, que es la conversa, de padres católicos.

Todas aceptan de buen grado las restricciones que les impone el Corán y que afectan, sobre todo, su manera de vestir y su relación con los hombres. Eso sí, las chicas se permiten algún que otro gesto de coquetería a la hora de conjuntar el pañuelo con el resto de su sobria vestimenta. No obstante, a pesar de las estrictas reglas que siguen a pies juntillas, todas ellas piensan que el Islam garantiza los mismos derechos para ambos sexos y, que por tanto, el feminismo occidental no tiene ningún sentido para ellas.




Mujeres con pañuelo / Año 2008 from Fernando Martín Llorente on Vimeo.





viernes, 15 de octubre de 2010

Califato Ortodoxo


Los califas bien guiados (en árabe, الخلفاء الراشدون, al-julafā' ar-rāshidūn) es el nombre que se da en la tradición musulmana sunní a los cuatro primeros califas que sucedieron a Muhammad tras su muerte en el año 632 y hasta el año 661. En muchas lenguas europeas se les conoce también como califas ortodoxos. Los sunníes de lengua urdu a veces les llaman los cuatro amigos (چار یار, chaar yaar) y a su dominio el reinado de los cuatro califas.
Los cuatro eran compañeros muy cercanos del profeta y fueron elegidos por aclamación de la comunidad de creyentes, a diferencia de sus sucesores los califas omeyas y abasíes.
Los cuatro califas:
  • Abu Bakr
  • Umar ibn al-Jattab
  • Uthman ibn Affan
  • Ali ibn Abi Talib

Abu Bakr as-Siddiq


Abū Bakr `Abd Allāh ibn Abī Quhāfa `Uthmān ibn Ka`b al-Qurayshī, llamado Abū Bakr Al-Siddīq, o simplemente Abū Bakr (en árabe, أبو بكر الصديق) fue el sucesor de Mahoma y por tanto primer califa del islam, iniciador de la serie llamada de los califas ortodoxos (La Meca, c. 573 - Medina, 634).
El nombre Abū Bakr es en realidad un apelativo que suele traducirse como «el papá de los camellitos»; tenía, en efecto, un número importante de estos animales, de los que se ocupaba mucho. Este apelativo se ha convertido en un nombre propio frecuente en todo el mundo islámico (con variaciones como Bubker, Babacar, Ebubekir, etc.). As-Siddīq es también un apelativo que significa "El Sincero"; sus descendientes son llamados siddīqī. Su nombre de pila original era `Abd al-Ka`ba, esto es "Siervo de la Kaaba", que cambió por `Abd Allāh ("Siervo de Dios") tras su conversión al islam.
Mercader en La Meca y miembro de la tribu de Quraish, fue el primer hombre que se convirtió a la nueva religión predicada por Muhammad, a quien acompañó al exilio (hégira) en Medina. Se convirtió en suegro de Muhammad al casarse éste con su hija Aisha. Cuando el profeta cayó enfermo designó a Abū Bakr para que dirigiese la oración en su lugar, lo cual fue interpretado a la muerte de Muhammad como deseo de que Abū Bakr fuese su sucesor. Así, en 632 se convirtió en la primera persona que llevó el título de califa, esto es, de "sucesor del Mensajero de Dios" (خليفة رسول الله jalīfat Rasūl Allāh). Su elección fue contestada por Ali ibn Abi Talib, primo y yerno de Muhammad, quien reclamó para sí la sucesión. Ali acató finalmente la elección de Abū Bakr, pero esta divergencia daría lugar años más tarde a la división de los musulmanes en tres ramas: sunníes, chiíes y jariyíes.
El mismo año de su elección estallaron sendas revueltas tribales en las regiones de Hiyaz y Nechd; la primera rechazaba el islam y la segunda la originó la negativa a pagar el impuesto zakat al Estado islámico. El califa sofocó ambas revueltas, aunque hubo de hacer frente en lo sucesivo a oposiciones fuertes, la más importante de las cuales era la capitaneada por Musailma. Éste fue finalmente vencido por Jalid ibn Walid en la batalla de Akraba, tras lo cual quedó definitivamente adherida al estado islámico la Península de Arabia. Logrado esto, Abū Bakr dirigió a sus generales hacia la conquista de otros territorios: Iraq le fue arrebatado al Imperio Sasánida por Jalid ibn Walid en una sola campaña. Durante su gobierno, se realizó la primera compilación del Corán, que hasta entonces solo se recitaba de memoria. Abū Bakr murió el 23 de agosto del 634 en Medina. Nombró sucesor a Omar, elección que fue ratificada por la comunidad, nuevamente con la oposición de Ali y sus partidarios (según los chiíes), aunque sin ningún incidente serio. Está enterrado junto a Muhammad y Omar en la Mezquita del Profeta de Medina.
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Umar ibn al-Jattab


`Umar ibn al-Jattāb (en árabe, عمر بن الخطاب) o simplemente `Umar fue el segundo de los llamados califas ortodoxos, la primera serie de gobernantes que tuvo el imperio islámico a la muerte de Mahoma y antes del establecimiento del Califato Omeya. Umar sucedió a Abu Bakr y gobernó entre 634 y 644.
Nacido en La Meca hacia el 581, combatió en un primer momento contra Muhammad y los fieles de la nueva religión, pero más tarde se convirtió al islam y llegó a ser uno de los lugartenientes más fieles del profeta. Era además suegro de Muhammad, ya que éste se casó con su hija Hafsa.
Una vez elegido califa, Umar luchó contra el Imperio bizantino y Persia. Se lanzó a la conquista del Mediterráneo oriental, echando las bases del imperio islámico que sus sucesores extenderían. Conquistó la Siria bizantina en 638, Palestina, Egipto en 642 y Mesopotamia, en adelante conocida como Iraq, el mismo año, tras la Batalla de Nehavend. En todos los territorios conquistados mantuvo las estructuras administrativas existentes y no intentó acabar con las creencias religiosas de sus habitantes, entre otras cosas porque puso a los no musulmanes bajo el estatuto de dimmíes o "protegidos", lo que les obligaba a pagar un impuesto específico que proporcionaba importantes ingresos al Estado islámico. Sus tropas eran mantenidas en un cierto aislamiento de la población en los lugares conquistados y las pagaba con el botín obtenido.
Umar fue el primer califa que ostentó el título de Príncipe de los creyentes (أمير المؤمنين amīr al-mu'minīn). Instituyó la era de la Hégira, por la que se rige el calendario musulmán, con inicio el 16 de julio del año 622. También mandó construir la famosa Cúpula de la Roca en Jerusalén, alrededor de la roca en la que, según la tradición, Abraham se dispuso a sacrificar a su hijo Ismael (Isaac en la tradición judeocristiana) y desde la que Mahoma ascendió al cielo.
Murió asesinado el 4 de noviembre de 644 en la mezquita de Medina (capital del Estado) por un esclavo persa llamado Firūz. Le sucedió Uthman.




Uthman Ibn Affan

Uthmān ibn 'Affān (en árabe, عثمان بن عفان) fue el tercero de los llamados califas ortodoxos, la primera serie de califas que gobernó el Imperio islámico entre la muerte de Muhammad y la división que dio lugar al califato omeya. Sucedió a Abu Bakr y a Omar y gobernó entre los años 644 y 656.
'Uthmān ibn 'Affān es el 'Uthman por excelencia dentro de la cultura árabe e islámica. Su nombre, que se transcribe aquí de acuerdo a la pronunciación del árabe clásico, puede encontrarse también como Otmán, Othman u Osman (esta última es la forma turca y persa del nombre).
Según la tradición, fue el primer habitante de La Meca en convertirse al islam, tras Muhammad y sus familiares directos. Sus relaciones con el profeta eran excelentes, ya que se casó sucesivamente con dos de sus hijas, Rukayya y Umm Kulthum. Fue elegido califa en el año 644, a la muerte de Omar, y tuvo que competir con la candidatura de Alí, primo y yerno de Muhammad. Su mandato fue polémico: confiscó en favor de su clan buena parte del botín traído de las conquistas en África, Asia Menor y Persia. También fijó por escrito el texto del Corán, que hasta entonces se transmitía como tradición oral, ordenando al mismo tiempo destruir cualquier edición escrita hecha con anterioridad. Ello le acarreó la enemistad de muchos de los antiguos compañeros de Mahoma y sobre todo de la tercera esposa de éste, Aisha, hija de Abu Bakr. Fue asesinado por un hermano de Aisha el año 656; le sucedió su rival Alí.





Ali Ibn Abi Talib

Abu l-Hasan Ali Ibn Abi Tálib (en árabe: أبو الحسن علي بن أبي طالب, o 17 de marzo de 599 o 600,[1] 27 de enero de 661[2] ) o simplemente Alí, fue el primo y yerno de Mahoma que gobernó durante el imperio Rashidun de 656 a 661. Para los musulmanes sunitas Alí es considerado como el cuarto y último califa bien guiado, mientras que para los musulmanes chiitas Alí es el primer imán y se le considera a él y a sus descendientes como legítimos sucesores de Mahoma, todos los cuales son miembros de la Ahl al-Bayt. Este desacuerdo produjo la división de la comunidad musulmana en dos ramas: la sunita y la chiita.
Algunas fuentes muestran que Alí fue la única persona nacida en el santuario de la Kaaba de La Meca,[3] el lugar más sagrado en el islam hacia el año 600. Su padre era Abu Talib ibn Abd al-Muttalib y su madre Fátima bint Asad, pero fue criado en la casa de Mahoma como hijo adoptivo por Mahoma a la edad de seis años, ya que Abu Talib era el tío y tutor de Mahoma que había acogido a este tras quedarse huérfano. Se convirtió además en yerno del profeta al casarse en 623 con Fátima, ya que Mahoma dijo a Alí que Dios le había ordenado que se casará con la hija que tenía con su primera esposa Jadiya,[3] Mahoma dijo a Fátima: "He casado a la más querida de mi familia."[5]
Alí fue el primer hombre en convertirse a la nueva fe predicada por Mahoma, y en lo sucesivo actuó como lugarteniente de él. Basándose en esa cercanía, cuando el profeta murió (632), Alí reclamó su derecho a sucederle auxiliado por sus partidarios, la Shi'at Ali o facción de Alí (de la que procede el nombre de shiíes o chiíes). Según la tradición Chií, Mahoma exclamó antes de morir que "el iman Alí será el sucesor ante la multitud de los fieles" y aclaró comentando lo siguiente: " aquél de quien yo fuera su señor (Maulá), Alí, también es vuestro señor" (repitiéndolo tres veces), " Alá ama a quien lo ama, protege a quien lo proteja, es enemigo de su enemigo y amigo de su amigo". También requirió que "trate con su ira a quien no lo ame, haga victorioso a quien lo haga vencedor y humille a quien lo humille y que lo convierta en el eje de la victoria".
Gran parte de la comunidad, sin embargo, eligió Califa a Abu Bakr por entender que esa era la voluntad de Mahoma cuando, al caer él enfermo en una ocasión, le designó para que dirigiese las oraciones en su lugar; después fue elegido Omar (634) y más tarde a Otmán. Tras el asesinato de Otmán en el año 656, Alí fue finalmente designado Califa. Sin embargo, acusado de haber instigado el asesinato de su predecesor, encontró una fuerte oposición dirigida por la viuda de Mahoma, Aisha y varios candidatos al califato, el más importante de los cuales era Muawiyya, miembro de la familia de los Omeyas y gobernador de Siria. En la batalla de Siffín (657) Alí aceptó la propuesta de que las diferencias entre él y Muawiyya fueran resueltas por un árbitro independiente. Éste falló en favor del gobernador de Siria y Alí se replegó a su capital, la ciudad de Kufa, en el actual Iraq, donde conservó cierto poder.
Algunos partidarios de Alí, sin embargo, rechazaron en Siffín el arbitraje y abandonaron el campo de batalla. En adelante serían conocidos como "jariyíes" (los que salen). Más adelante entrarían en guerra abierta con Alí, a quien asesinaron en la mezquita de Kufa en enero de 661.
La proclamación de Muawiyya como Califa, en el 661, pone fin a la época llamada en la historia del islam "de los califas bien guiados" o "califas ortodoxos" (Abu Bakr, Omar, Otmán y Alí) e inaugura el califato omeya, con capital en Damasco.
Alí tenía varias esposas, Fátima era la más querida. Tuvo cuatro hijos de Fátima, Hasan ibn Ali, Husayn ibn Ali, Zaynab bint Ali y Umm Kulthum bint Ali. Sus otros hijos conocidos fueron al-Abbas Ibn Ali y Muhammad ibn al-Hanafiyyah.[6] Hasan, nacido en el 625 d. C., fue el segundo imán chiita y también ocupó la función de califa durante unos seis meses. En el año 50 AH, fue asesinado por un fanático de la secta de los jariyitas, quienes planeaban matar al mismo tiempo a Muawiyya, pero su plan falló.
La muerte de Alí no cerró la cuestión sucesoria, ya que sus partidarios pronto se rebelaron contra el Califa de Damasco aclamando a los hijos de Alí (Hasan, y a la muerte de él, Husein) como legítimos sucesores, y nietos, del profeta.
El personaje de Alí goza de gran popularidad en el mundo islámico, sobre todo, lógicamente, entre los chiíes. Su mausoleo en la ciudad de Nayaf es un importante lugar de devoción chií y sunni.

Referencias

  1. Ahmed, 2005, p. 234
  2. «Ali ibn Abitalib», Encyclopedia Iranica, http://www.iranica.com/newsite/articles/v1f8/v1f8a043.html, consultado el 2007-10-25
  3. a b c Nasr, Seyyed Hossein, «Ali», Encyclopedia Britannica Online, Encyclopaedia Britannica, Inc., http://www.britannica.com/eb/article-9005712/Ali, consultado el 2007-10-12
  4. ↑ «The Fourth Caliph, Ali (656-661 A.C.)». USC. Consultado el 19-12-2008.
  5. Madelung, 1997, p. 14 and 15
  6. Stearns, 2001, p. 1178

Bibliografía

  • Madelung, Wilferd (1997). The Succession to Muhammad: A Study of the Early Caliphate. Cambridge University Press. ISBN 0521646960.
  • Tabatabae, Sayyid Mohammad Hosayn; Seyyed Hossein Nasr (translator) (1979). Shi'ite Islam. Suny press. ISBN 0-87395-272-3.
  • Encyclopaedia Britannica Online. Encyclopaedia Britannica, Inc..







jueves, 7 de octubre de 2010

Musulmán converso en España


La expresión musulmán converso designa a quienes, habiendo tenido antes otras creencias religiosas, se han convertido al Islam.
El pensamiento musulmán considera la conversión al Islam como un regreso a la condición natural plena.[1]
El censo publicado en 2008 por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE)[2] da la cifra de 1.130.000 musulmanes residentes en España, equivalente al 2,5 % de la población total.[3] De todos ellos, se estima que entre 30.000 y 40.000 son musulmanes conversos;[4] la mayoría de los cuales poseen la nacionalidad española.
Buena parte de los musulmanes conversos españoles están agrupados en la Junta Islámica y en la Junta Islámica Catalana. La Junta Islámica ha creado el Instituto Halal[1], el portal de internet WebIslam [2], la revista Verde Islam [3] y Radio WebIslam. [4] A través de estos medios, se da a conocer un pensamiento musulmán adaptado a la convivencia de diversas creencias en la sociedad occidental.
Frecuentemente, los conversos a una creencia minoritaria dentro de un país pueden encontrar ciertas dificultades para vivir y expresar públicamente su credo religioso [5] ; sin embargo, dichas dificultades no suelen ser graves en los países occidentales, dado que sus sistemas legales incorporan el principio de libertad religiosa y no cuentan con un equivalente a la sharia.















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domingo, 3 de octubre de 2010

Abderraman I El principe Imigrante






Estatua de Abderramán I en la localidad granadina de Almuñécar.
Abd Ar-Rahman ibn Mu'awiya ibn Hisham ibn Abd al-Malik (en árabe, عبدالرحمن بن معاوية بن هشام بن عبد الملك), conocido como Abderramán I o Abd al-Rahmán I al-Dājil (الداخل: el que entra o el Inmigrado) (Damasco, marzo de 731 - Córdoba, 788) fue un príncipe de la dinastía omeya que tras diversos azares se convirtió en el primer emir independiente de Córdoba en 756.
La situación interna del Emirato no permitió a Abderramán I dirigir las habituales aceifas a los territorios cristianos del norte. Su reinado de treinta y dos años transcurrió entre luchas internas para sofocar la resistencia del anterior emir, Yusuf al-Fihrí, y de sus hijos, de los sirios partidarios de los abasíes y de los bereberes asentados en la Península.


Vida

Infancia y juventud


Mezquita de dinastía Omeya en Damasco destronados en 790 por los abásidas
Nieto de Hisham ibn Abd al-Malik, el décimo califa omeya, e hijo del príncipe Mu'awiya y una concubina berebere de la tribu Nafza,[1] [2] [3] Abderramán nació en un monasterio del entorno de Damasco. Cuando el califa Marwan II fue derrotado y muerto en el año 750 en Egipto y se instauró la nueva dinastía de los abasíes, el joven omeya tenía menos de veinte años. El nuevo califa Abu-al-´Abbas temeroso que la influencia que aún poseían los Omeyas pudiera amenazar el derecho al trono de su familia invito a sus rivales a la ciudad palestina de Abú Futrus, donde se llevaría a cabo un banquete donde se masacraron a los Omeyas asistentes (25 de julio de 750).[4] Los unicos sobrevivientes de la masacre fueron Abd ar-Rahman, su hermano Yahya, su hijo de cuatro años Sulayman, sus hermanas y un liberto de origen griego, Badr. Haciendose pasar por refugiados huyeron de Damasco a una aldea, donde fueron perseguidos por los soldados de Abbas, Abd ar-Rahman tuvo que dejar a sus hermanas y su hijo escapando al desierto.[5]

Detalle de la Capilla de Villaviciosa en la Mezquita de Córdoba, construida por sole y cova
Junto con su hermano Yahya y su liberto se refugió con tribus beduinas en el desierto.[6] Los abasidas persiguieron a sus enemigos sin piedad; llegando al río Éufrates seguidos de cerca por sus enemigos, Abd ar-Rahman cruzaron nadando a la otra orrilla pero Yahya no pudo y tuvo que regresar donde fue capturado y decapitado,[7] tras ver esto ambos fugitivos huyeron primero a Palestina y Siria y después al norte de África, el refugio común para aquellos que querían escapar de los abasidas.[6]
En la confusión general producida por el cambio de dinastía, África había caído en manos de caciques locales, antiguos emires o tenientes de los califas omeyas, que ahora buscaban independencia y no le apoyaron.[6] Después de un tiempo Abderramán descubrió que su vida estaba amenazada y huyó aún más lejos hacia el oeste, refugiándose entre las tribus bereberes de Mauritania (en la tribu de los Nafza a la que pertenecía su madre) pero estos terminaron por expulsarlo.[6] En sus viajes le acompañaban Bard y algunos pocos fieles a los omeyas.[8] En medio de estos peligros mantuvo sus ánimos gracias a su confianza en una profecía de su tío abuelo Maslama, según la cual él restablecería la fortuna de su familia.[8]

Llegada a la península

El joven Abderramán, acompañado por su leal vasallo Badr, y después de atravesar todo el norte de África, llegó a Ceuta en 755, y desde allí envió un agente a la Península Ibérica para buscar los apoyos de otros clientes de la familia, descendientes de los conquistadores de la península, que eran numerosos en la provincia de Elvira, actualmente Granada.[8]
El país estaba en un estado de confusión debido al débil liderazgo del Emir Yusef o Yusuf, una simple marioneta en manos de una facción, y estaba dividido por las tensiones tribales entre árabes y los conflictos raciales entre éstos y los bereberes.[6] Esto dio a Abderramán la oportunidad que no había encontrado en África. Bajo invitación de sus partidarios llegó a Bitruh Riyäna (Playa Burriana) en Nerja, al este de Málaga, en septiembre de 755.[8] En el Castillo de Turrush, Algarinejo (Granada), y apoyado por los mozárabes de la fortaleza, reclutó un pequeño ejército con el cual asaltar posteriormente el poder. Ahí fue proclamado gobernante por sus partidarios leales a los Omeyas y los opositores a Yusef.[8] En aquel momento Yusef no pudo hacerle frente porque se encontraba auxiliando a Zaragoza, siteada por los rebeldes.[8] Yusef volvio al sur inmediatamente, pero sus tropas habían sufrido fuertes perdidas en el norte.[8]
En marzo de 756 Abderramán entro con sus tropas en Sevilla, dominaba las provincias de Elvira, Sidona y Reyyo.[9] Abderramán y sus fuerzas, compuestas por sirios, yemeníes y bereberes avanzo por el valle del Guadalquivir, mientras Yusef partio de Córdoba a Sevilla pero al notar el avance de su enemigo volvio a la capital, ambos ejércitos se terminaron por encontrar en las orrillas opuestas del río, pero este estaba con las aguas crecidas por lo que era imposible cruzarlo.[9] Ambas fuerzas marcharon paralelamente hasta el paraje de Al-Musara, a las afueras de Córdoba.[9]
Yusef comenzó negociaciones, y ofreció a Abderramán una de sus hijas en matrimonio y tierras.[8] El 13 de marzo Abderramán conciente del cansancio de sus tropas y el buen estado de las adversarias le propuso a sus hombres aceptar la paz o luchar, sus soldados optaron por la última opción.[9] Viendo que el río había bajado su caudal fingió aceptar la propuesta de Yusef quién le envió animales para alimentar a sus tropas, pero de noche el ejército omeya cruzo el río sin ser notado.[9]
Al amanecer del día siguiente ambas fuerzas se prepararon para la batalla decisiva, Abderramán ordeno sus tropas con la infanteria en el centro y la escasa caballería en los flancos, el futuro Emir era casi el único que montaba un buen caballo de guerra; no tenía bandera, y se improvisó una con un turbante verde y una lanza (el turbante y la lanza se convirtieron en la bandera de los omeyas españoles).[8] Del mismo modo ordeno a sus hombres Yusef.[9] Abderramán iba rodeado de sus hombres más confiables armado con un arco.[9]
La caballería de los árabes omeyas ataco el centro y la derecha de la tropa de Yusef, compuesta por esclavos y bereberes, que huyo, en la lucha se produjo un combate singular entre Jalid Sudi, criado de Yusef y jefe de su caballería, y Habid ibn Adb al-Malik, jefe de la caballería omeya.[9]
Durante la batalla, los yemeníes temieron una huida de Abd al-Rahman en caso de un revés en el combate porque el pretendiente iba montado a caballo. Abd al-Rahman, oidos los rumores, llamó a Abu Sabbah Yahya al-Yashubi y le pidió su mula, lo cual tranquilizó a los ánimos de los yemeníes.[9]
Finalmente los jinetes omeyas y los sirios lanzaron un ataque al centro de la fuerza enemiga, matando a tres comandantes de infanteria, dos de ellos eran hijos de Yusef y Al-Sumayl ibn Hatim, ambos escaparon dando por perdida la batalla y dejaron solo al ala izquierda que resistio hasta bien entrado el día, hasta que sus comandantes fueron muertos y se disperso.[9]
Conseguida la victoria, Abd al-Rahman entró en Córdoba y se dirigió al Alcázar, donde expulsó a unos soldados que se le habían adelantado y estaban saqueando el palacio. Los yemeníes, endadados por la prohibición del saqueo, se dirigieron a Abu Sabbah Yahya al-Yashubi, que les propuso matar al pretendiente con objeto de que el poder pasara de nuevo a manos de los kalbies yemeníes. Su propuesta fue rechazada.[9]
Se proclamó emir independiente de Al-Ándalus en Archidona el 16 de marzo y los abasidas de Bagdad perdieron este territorio.[8] Poco después Abderramán entró triunfante en Córdoba con su espléndido caballo blanco, el día del 'Aid al-Kabir (commemoración del sacrificio de Abraham). Inmediatamente después liberó de la esclavitud a una visigoda conversa al Islam a la que desposó. Ella fue la madre de Hisham I.
Para asegurar su supremacia sobre las demás facciones en disputa Abderramán procuró la creación de un ejército profesional, con el fin de ganar la lealtad de sus hombres el mismo los entrenaba y elegía a sus oficiales.[10] Incluía a cristianos y bereberes entre sus filas.

Emirato



Rio Guadalquivir en Córdoba, ciudad donde Abd ar-Rahman I se proclamó emir independiente
El largo reinado de 32 años transcurrió en una lucha para traer a sus anárquicos árabes y bereberes al orden. Nunca habían pretendido tener un maestro, y se resistieron a su mandato, que se fue haciendo cada vez más duro.[10]
Yusef escapo a Toledo desde donde armo un nuevo ejército y ataco la capital, su hijo entro en ella pero la abandonaron al saber del regreso del Emir.[11] Por su parte el otro jefe rebelde, Al-Sumayl escapo a Jaén y se apoyo a Yusef pero con la nueva derrota de este ambos pidieron la amnistía, el nuevo Emir acepto a cambio de conservar a dos hijos de Yusef como rehenes, entre 756 y 757 ambos jefes derrotados volvieron a Córdoba.[11]
El 13 de mayo de 758 Yusef había escapado a Mérida donde consiguió el apoyo bereber, formando un ejercito de 20.000 hombres con los que marchó a Sevilla donde fue rechazado por los gobernadores locales, retrocedio a Toledo donde gobernaba su primo Hixam ibn Urwa que le dió refugio hasta que Yusef fue asesinado por sus soldados en 759.[10] [11] Al-Sumayl quién no participo en la rebelión fue encarcelado y estrangulado en prisión por orden del Emir.[11]
En 761 Abderraman sitió Toledo, no consiguio tomarla pero si logro un pacto por el cuál se levantaba el asedio a cambio del sometimiento de Hixam, pero este se rebeló nuevamente el siguiente año y uno de sus hijos dado como rehén a Abderramán fue decapitado y su cabeza lanzada por sobre los muros de la ciudad.[10] En 764 Bard junto a Tamman ibn Alqama al-Thaqifi asediaron la ciudad, producto de la dureza del cerco se llego a un acuerdo por el que una facción de la ciudad entregó a Hixam y sus comandantes, llevados a Córdoba donde se les crucifico públicamente.[10] [11]
En 763 los Abásidas enviaron un jefe árabe llamado Al-`Ala ibn Mugaith al-Yashubi al-Hadrami con hombres, dinero e instrucciones para lograr una rebelión contra el Omeya, desde Beja (actual Portugal), Abderramán se preparo para resistir el ataque de Al-'Ala en la fortaleza de Carmona, mando a Bard a la ciudad y establecer un campamaneto en la entrada de esta con gente que le apoyara, mientras los abásidas se distrajeron y dispersaron intentando entrar en la ciudad Abderramán ataco con su caballeria oculta en las cercanias.[11] Los jefes enemigos resultaron muertos y sus cabezas fueron enviadas (las llenó con sal y alcanfor) al gobernador de Túnez con etiquetas con sus nombres en sus orejas.[10]
Durante las constantes rebeliones Abderraman cortaria miles de cabezas para imponer su dominio y sus principales enemigos fueron los bereberes que lo veían como otro conquistador árabe más.[10] Los bereberes habían participado en la conquista de la península pero recibieron las peores tierras, dedicandose en zonas montañosas al pastoreo además de no tener los mismos derechos que los árabes.[10] En 768 el jefe bereber Shaqya ibn Abd al-Walid al-Fatimi se rebelo en la provincia de Cuenca y se proclamó Imán y descendiente de Fátima, desde su refugio en las montañas lanzó varios ataques en el interior de la actual España hasta 777 cuando fue muerto por sus partidarios y su cabeza enviada al Emir como prueba de su sometimiento.[10] Con esto el Omeya expandio su dominio al norte sometiendo el valle del Ebro llegando a los Pirineos.[10]
En 777 desembarco en la costa murciana de Todmir el agitador árabe al-Siqlabi enviado por la corte de Bagdad.[11] De inmediato se movio a Barcelona entro en contacto con el gobernador independiente de Zaragoza Suleyman ibn Yaqzan al-Arabi y con Abu-l-Aswad Muhammad, hijo de Yusuf, con quienes sublevo la ciudad.[11]
Ese año el primer intento de someter Zaragoza fracaso, el ejército fue dispersado y su comandante capturado, los gobernantes de la ciudad eran fuertemente independientes, esperando una nueva ofensiva enviaron una embajada a Paderborn, donde se reunieron con Carlomagno, unico monarca capáz de enfrentar al Emir[10] y asegurar su independencia del centralismo del Omeya, comparado con el feudalismo del rey franco.[12]
En 778 dos ejércitos francos cruzaron los Pirineos, pero Barcelona y Pamplona, ciudades que les habían pedido ayuda les negaron su apoyo, pero al llegar a su objetivo se unieron y retrocedieron por los pasos occidentales produciendose la batalla de Roncesvalles.[12] A fines de 779 Abderramán finalmente conquisto Zaragoza pasando a dominar el valle del río Ebro.[12] En cuanto a al-Siqlabi huyó a Valencia donde fue perseguido por un ejército del Emir que termino por quemarle sus naves, fue asesinado por uno de sus mercenarios y su cabeza fue enviada al Aderramán a fines de 778 o inicios de 779.[11]
También hizo frente a los reinos cristianos, exigiendo tributo al reino Astúr-leonés, que se tuvo que ver obligado a pagar por el potencial omeya.
En cuanto a los yemeníes se sublevaron en dos ocasiones, la primera en Niebla al mando del jefe Said al-Matari al-Yashubi quién se apoderó de Sevilla y se hizo fuerte de nuevo en Qalat Raawac (Alcalá de Guadaira), donde fue sitiado por el emir.[11] En una de las salidas que hicieron los rebeldes para tratar de romper el cerco Said al-Matari resultó muerto. Sus tropas tuvieron que pedir la rendición después de una enconada lucha.[11] Abu Sabbah Yahya al-Yashubi, el influyente jefe yemení que propuso la muerte del emir tras la batalla de Al-Musara ya que se decía que estubo involucrado en la rebelión, se le invito a ir a la capital a manera de reconciliación donde se le asesino.[11]
La segunda rebelión duro un poco más, entre 772 y 774.[11] Mientras Abd al-Rahman I estaba sitiando el castillo de Xabatrán, donde se hallaba refugiado el rebelde bereber Shaqya (diciembre de 772), recibió un mensaje de su hijo Suleymán, gobernador de Córdoba en su ausencia, en el que le anunció la sublevación de los sevillanos al mando de un tal Abd al-Gaffar al-Yashubi, primo del asesinado Abu Sabbah Yahya al-Yashubi, y de Hayat ibn Mulatis con apoyo de los yemeníes locales.[11]
El Emir volvió a su capital pero tras comprobar el tamaño de las fuerzas rebeldes envió a su primo Abd al-Malik ibn Umar al-Marwaní a la vanguardia de sus tropas, quedando él mismo en retaguardia dispuesto a socorrerle.[11] Al-Marwaní envió a su hijo Umayya a explorar, cuando este se encontro con tropas sublevadas huyó siendo castigada su cobardia con la decapitación a manos de su propío padre.[11] Tras esto al-Marwaní arrengo a sus hombres y ataco a los rebeldes destrozando a su ejército, como premio por su valor Abderramán caso a su hijo Hixam con la hija de su primo y le entrego tierras y títulos hereditarios.[11]
El 20 de noviembre de 773 Abderramán entró en Sevilla y ordenó la ejecución de los partidarios de la rebelión. Este hecho le acarreó tal odio entre los árabes que el Emir tuvo que comprar esclavos, es decir, mamelucos, para su ejército, pues aquellos no quisieron entrar a formar parte de sus filas a partir de entonces con tanta voluntariedad como antes.[11]
Los dos jefes yemeníes de la rebelión pudieron escapar, pero el emir les persiguió hasta la vertiente sur de Sierra Morena, donde gracias a una estratagema de su primo les derrotó en el wadi Qais (rio Bembézar) en 774.[11]
Su territorio estuvo muy bien organizado gracias a la eficacia de su ministros, gobernadores en las siete provincias del emirato, caldíes, jueces de las ciudades y el consejo coránico, que procuraba la integración de las diferentes etnias bajo las leyes de Mahoma, como los muladíes (cristianos conversos), mozárabes (cristianos que pagaban tributo extra por permanecer en territorio musulmán) y los judíos, plenamente integrados. Además siempre tuvo 4 ó 5 asesores que le aconsejaban en cada decisión difícil. Entre dichos asesores se encontraba su antiguo vasallo Badr, al que nombró jefe del ejército, y con el que guardaba una cierta amistad.
Ordenó que no se rezase jamás por los abasidas de Bagdad. Fue proclamado príncipe de los creyentes. En las monedas no se hacía ninguna mención a Bagdad y tan solo reflejaban el año en curso y el nombre de Al-Ándalus. Fomentó los cultivos e introdujo la palmera en la península Ibérica. Según la tradición todas las palmeras de España descienden de una palmera que plantó Abderramán I con sus propias manos en el jardín de su palacio de Córdoba.
En 785 decidió aprovecharse el material de una basílica visigoda dedicada a San Vicente para iniciar la construcción de la mezquita de Córdoba, que quedaría para la posteridad como símbolo del esplendor de la España musulmana.[12] Durante sus últimos años inicia un proceso de construcciones masivas para justificar su poder a ojos de su comunidad cuando este ya estaba asegurado[12] tras la derrota de los hijos de Yusef, Abu-l-Aswad Muhammad y Qasim ibn Yusuf, quienes se habían rebelado en Toledo, Abderramán los vencio personalmente en batalla el 11 de septiembre de ese año.[11]
Los cristianos unitarios, que eran los propietarios de dicha iglesia, vieron con buenos ojos la construcción de la mezquita. Para ellos nada cambiaba pues, convertidos al Islam, experimentaban hacia Jesús la misma idea que tenían de él que cuando eran cristianos. Los unitarios no creían en Jesús como dios, ni creían en la trinidad, es más esperaban la llegada de un profeta, quien anunciado por Jesús, completaría y reforzaría su mensaje.
Entre 779 y 780 el omeya Abd al-Salam ibn Yazid y Ubayd Allah ibn Aan, este último sobrino del emir, intentaron derrocarle del poder. Pagaron el intento con su vida.[11]
Años despues, en 783, su tambien sobrino al-Mugira, hijo de su hermano Walid, junto con un hijo del famoso Al-Sumayl ibn Hatim llamado Hudhayl ibn Al-Sumayl, fraguaron otra conspiración que también pagaron con su vida.[11]
También su fiel liberto Badr fue insolente con su señor y cayó en desgracia, siendo temporalmente desterrado a una plaza fronteriza en [772]]. Años más tarde se reconcilió con el emir y recuperó sus bienes confiscados y sus prerrogativas pasadas.[11]
Tuvo tres hijos legítimos que pretendían sucederle, Suleimán, Hisham y Almondzir. Abderramán tomó la decisión de elegir él el sucesor siguiendo una antigua traición oriental. Escogió a Hisham, por ser el más parecido a él tanto en carácter como físicamente, dejándole un legado inmenso.
Nunca llegó a perder ninguna batalla ante ninguno de sus enemigos y en sus últimos años, Abderramán tuvo que lidiar con una sucesión de conspiraciones de palacio, que reprimió enérgicamente. Establecio un estado musulmán unificado que logro detener el avance cristiano por varios siglos y evito el colapso del Islam más rápido.[12] A pesar de ello, fundó la dinastía que aseguró el control omeya de España hasta 1031.[12]
Es posible que después de sofocada la rebelión de los moriscos en el siglo XVI fueran a establecerse en la región de Valencia parte de los descendientes Omeyas que quedaron y hubieran sido obligados a cristianizarse o a salir deportados desde el puerto de Alicante en 1609.

Notas y referencias

  1. Foundation for Medieval Genealogy: Moorish spain
  2. Paul Lunde, Islamic Seville, January/February 1993 print edition of Saudi Aramco World, p. 20-31
  3. André Clot, L'Espagne Musulmane, p.40, Ed.Perrin, 2004, ISBN 2-262-02301-8
  4. Ni media palabra: Piedra y color: Año 844 d.C: los vikingos saquean Sevilla (parte I)
  5. Ahmed ibn Muhammad al-Maqqari. The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, pág. 96.
  6. a b c d e Abderramán I 1/5
  7. Ahmed ibn Muhammad al-Maqqari. The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, pág. 60.
  8. a b c d e f g h i j Abderramán I 2/5
  9. a b c d e f g h i j k Batalla de Al-Musara (756)
  10. a b c d e f g h i j k Abderramán I 3/5
  11. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s t u v Abd al-Rahman ibn Muawiya al-Dajil (756-788)
  12. a b c d e f g Abderramán I 4/5

Enlaces externos


Predecesor:
Yûsuf al-Fihrî
Emir de Córdoba
756 - 788
Sucesor:
Hisham I

Documental sobre Abderraman I