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miércoles, 23 de febrero de 2011

LA CONDICIÓN DE LA MUJER EN EL ISLAM


En el nombre de Aláh (Dios), el más Clemente y Misericordioso



Para las mujeres, el Islam es una bendición especial y el profeta del Islam es en verdad el más grande de los benefactores de las mujeres. En Arabia, antes de que llegara el Islam, el nacimiento de una niña era considerado una desgracia y vergüenza. Los padres las enterraban vivas: "Cuando les llegaban las noticias acerca de (el nacimiento de) una mujer, su rostro se oscurecía y le llenaba una gran tristeza, con vergüenza, él se ocultaba de su pueblo, por las malas noticias recibidas.

¿Deberá conservarla con sufrimiento y resignación, o, enterrarla en la arena? ¡Ah! ¡Qué mala elección al decirlo!" (Corán 16:58-59)

El Islam hizo de esta injusticia uno de los primeros casos para la Corte Mayor en el Día del Juicio.

"La enterrada viva preguntará del crimen por el cual fue asesinada." (Corán 81:8-9)


"Antes del Islam," escriben los autores del Atlas del Islam, "la mujer era considerada como una amenaza para el honor de la familia y, por eso, merecedora de ser enterrada viva en su tierna infancia. Ya adulta, era considerada un objeto sexual que podía comprarse, venderse o heredarse. De esta posición de inferioridad e incapacidad legal, el Islam llevó a las mujeres a una posición de gran influencia y prestigio dentro de la familia y de la sociedad."

El Islam dio a este sector oprimido de la sociedad, al igual que otros grupos y clases sociales, su lugar legítimo en la vida. EN un mundo donde la mujer no era más que un objeto de uso y placer sexual para el hombre, y en un tiempo que los círculos religiosos alegaban sobre si la mujer era un ser humano o no, con alma propia, el Islam proclamó.

"¡O humanidad! Nosotros los creamos a partir de un solo (par), de un hombre y una mujer."

(Corán: 49:13)

" ¡O, humanidad! Reverenciad a vuestro Señor Protector, que os creó de una sola persona, y creó de ella a su pareja, de ellos esparció a innumerables hombres y mujeres. Tened temor de Alá, a través de quien demandáis vuestros mutuos derechos y respetad los úteros (que os guardaron), porque Alá siempre os vigila." (Corán 4:1)

Hombres y mujeres son de la misma familia, y como tal, tienen los mismos derechos y deberes, ya que el Señor les promete:

"Nunca despreciaré el trabajo de quien obre de vosotros, sea hombre o mujer, ya que lo uno es de lo otro." (Coran: 3:195)


El Islam eliminó de algunos de los falsos conceptos sobre la mujer. Negó, por ejemplo, la idea de que Eva tentó a Adán a desobedecer a Dios, y causó así su perdición. El Corán, explícitamente, dice que ambos desobedecieron y con esto se afirma que la mujer no es una fuente de maldad. El Corán menciona a varias mujeres con gran respeto, por ejemplo, las esposas de Adán, Abraham, las madres de Moisés y Jesús. Algunas de ellas (maría y Sara) fueron visitadas por ángeles y conversaron con ellas. Esto pone claramente a la mujer sobre un pedestal de respetabilidad social y personal que jamás habían gozado antes.

La civilización islámica se apoya en dos principios capitales. Primero, el creer en un Dios Único, que es el Señor y Creador de todos los humanos. Así todos los humanos son iguales y tienen derechos y obligaciones similares como siervos de Dios. Segundo, que todos los humanos, hombres y mujeres, están creados "de una sola persona" (O también de "un solo par,de un macho y una hembra".

En otras palabras, son hijos de los mismos padres, miembros de una misma familia y tienen derechos y deberes similares. Si el primer principio representa la unión Dios-hombre, el segundo sostiene los lazos sanguíneos o relaciones del hombre con su prójimo

(hombre o mujer).


Enfatizando su importancia, el profeta(sas) dijo:
"La palabra Ar-rahm (útero) deriva su hombre de Ar-Rahmán (v.gr. El Misericordioso, uno de los nombres de Alá) y Alá dijo:


‘Mantendré buenas relaciones con aquel que mantenga buenas relaciones contigo, (Útero, v.gr. parientes y amigos) y cortaré relaciones con aquel que corte relaciones contigo." (Albujari).

La mujer (o ar-rahm-útero) ocupa así una posición central en la sociedad humana.

El Islam elevó la posición de la mujer en la sociedad y se le trató con igualdad al hombre, y en algunos casos, como madre por instancia, le dio claramente un precedente sobre el hombre. Así, cuando un hombre preguntó al Profeta(sas) :
" ¿Quién tiene más derecho a ser tratado con la mejor cortesía?"

El Profeta(sas) le contestó:

"Tu madre", El hombre preguntó: " ¿Quién después?" El Profeta(sas) le contestó: "Tu madre." De nuevo preguntó el hombre: " ¿Quién sigue?" El Profeta(sas) respondió: "Tu madre." El hombre preguntó por cuarta vez: " ¿Quién sigue?" Y el Profeta(sas) respondió" "Tu padre". (Al-Bujari).

En otra ocasión, cuando un hombre vino al Profeta(sas) y le expresó el deseo de unirse a una expedición militar, el Profeta(sas)
le preguntó si tenía madre.

Cuando le respondió que sí, el Profeta(sas) le dijo:


"Permanece con ella. Porque las llaves del Paraíso están a sus pies."
(Ahmad, Basri y Al-Baihaqui)

En la transformada sociedad islámica, el tener una hija no fue más un estigma o una causa de vergüenza, sino una fuente perpetua de bendiciones y un medio de complacer a Alá.

El Profeta(sas) dijo:

"Si alguno de vosotros cuida tres hijas, las disciplina, las hace casar, y es amable con ellas, irás al Paraíso." (Abu Dawud)

El Islam dio a la mujer una identidad independiente y declaró que sus alcances morales y espirituales dependen solamente de su propia iniciativa.


Al igual que el hombre, su éxito o su fracaso descansa sobre sus propias creencias y actitudes, conducta y comportamiento. Ella es un ser responsable con derechos propios y lleva una carga de obligaciones morales y espirituales. El Profeta (sas)
dijo:

"Cada uno de vosotros es guardián y responsable por lo que está a su cargo. El gobernante está a cargo de sus gobernados y es responsable de ellos; el esposo es guardián de su familia y es responsable de ella, la esposa es el guardián del hogar de su esposo y es responsable de él."

(Al-Bujari)

Es un hecho que el Corán presenta a las mujeres como un ejemplo a seguir para los creyentes al igual que para los no creyentes. En la sura "Al-tahrim" (Corán: 66:10-12) leemos:

"Alá pone por delante, como ejemplo de los incrédulos a la esposa de Noé y a la esposa de Lot. Las dos estuvieron bajo (el cargo) de dos siervos justos, sin embargo eran falsas con sus esposos y no obtuvieron beneficio alguno ante Alá en su favor, pero se les dijo: ‘ ¡Entrad al fuego junto con los que han entrado!’

Y Alá pone por delante como ejemplo para aquellos que creen, a la esposa del Faraón. Contemplativa, ella dijo:

‘ ¡O mi Señor! Construye para mi, cercana a Ti, una mansión en el Paraíso, y cuídame de Faraón y sus actos, y cuídame de aquellos que hacen mal. Y María, de la familia de Imrán, quien guardó su castidad. Nosotros soplamos en ella de nuestro espíritu y ella atestiguó la verdad de las palabras de su Señor y de Sus revelaciones y fue una de las devotas."


Para permitir, tanto a la mujer como al hombre,alcanzar su potencia total, el Islam provee un marco social y busca crear una atmósfera de moral saludable. En el Islam la mujer, sin considerar su estado marital, es completamente capaz de comprar, adquirir, vender y heredar.

"A las mujeres de familia pertenece una cantidad de lo que los padres y parientes cercanos dejen, ya sea poco o mucho, una cantidad legal." (Corán 4:7)

Como un ente legítimo, su matrimonio no se realiza sin su consentimiento, y donde su caso extremo se presente, ella podrá divorciarse de su marido.

El Imam Málik registró en Al-Muwatta, que una viuda llamada Jansa fué entregada por su padre en matrimonio. Ella desaprobó tal acción y fue a ver al Mensajero de Alá(swt) y él revocó el matrimonio.

En otra ocasión, una mujer virgen vino al Profeta(sas) mencionó que su padre la había casado en contra de su voluntad. Entonces el Profeta(sas) le permitió elegir su marido.

(Abu Dawud). La esposa de Thábit bin Qais llegó con el Mensajero de Alá(swt) y dijo:

" ¡O Mensajero de Alá! Yo no reprocho a Thábit por cualquiera de sus defectos en su carácter o su religión, sino que no puedo soportar vivir con él." A lo que el Mensajero de Alá respondió" " ¿Le devolverías el jardín (Que Thábit le había regalado en la boda) que te regaló? Ella contestó: "Sí" y el Profeta(sas) los

separó. (Al-Bujari)

Las mujeres musulmanas han sido compañeras, con igualdad, de los hombres en todos los ámbitos.

La función más importante de la comunidad musulmana, como se describe en el Corán, es:

"Prescribir el bien y prohibir el mal."

En esto, mujeres pueden contar con los hombres: "Los creyentes, hombres y mujeres, se protegen uno al otro. Ellos prescriben lo bueno y prohíben lo que es malo. Ellos observan la oración con regularidad, practican la caridad con regularidad y obedecen a Alá y a Su mensajero. Sobre ellos Alá ha prometido a sus creyentes, hombres y mujeres, jardines sobre las cuales fluyen ríos, para habitarlos, y hermosas mansiones dentro de los jardines con eterna bendición."

(Corán 9:72)

Al término del tratado de Hudaibía, el Profeta(sas) pidió a sus compañeros abandonar su estado de Irma afeitando sus cabezas y sacrificando sus animales. Ellos estaban tan alterados por lo que parecía tan humillante de los términos del tratado que ninguno de ellos se movió. Con enojo el

Profeta(sas) entró en su tienda y relató lo sucedido a su esposa Umm Sálama. Ella le aconsejó que saliese, afeitase su cabeza y sacrificase su animal, porque si así lo hiciese, sus compañeros seguramente lo harían igual. Y así ocurrió.

Una mujer musulmana, Umm Hani, dio protección a uno de los idólatras. El Profeta(sas) El aprobó tal cosa y dijo:

"Nosotros damos protección a aquellos que Umm Hani ha dado protección.

El conocimiento, que es base de todo progreso y avance, es obligatorio para todo musulmán, sea hombre o mujer. Así que, cuando una dama reclamó al Profeta(sas) :

"Mensajero de Alá, los hombres han monopolizado todo lo que has dicho. Señala para nosotros un día en el que tú puedas enseñarnos lo que Alá te ha enseñado." Él indicó el día, hora y lugar para instruirlas separadas de los hombres para que aprendieran.


Aisha ocupa una posición única en la historia del Islam, no porque fuese esposa del Profeta(sas), sino porque ella fue una de las más grandes maestras que el Islam haya tenido. En la nueva comunidad islámica, las mujeres eran tan activas y bien informadas que una vez una anciana corrigió al Califa Omar cuando éste quiso limitar la cantidad de la dote. Omar estuvo complacido y dijo: "Acertó la dama y Omar estaba equivocado."

FUENTE: Oficina de IFTA, 601 New Hampshire Ave., N.W. Washington D.C. 20037

Abu Hurairah cuenta que el Profeta Muhammad(sas) dijo:


”El más perfecto de los creyentes en materia de fé es aquel cuyo comportamiento es mejor; y los mejores de vosotros son aquellos que se comportan mejor con sus esposas..."

lunes, 21 de febrero de 2011

Tawhid


El tawhid (en árabe, توحيد) es un concepto central en el islam. Es una forma verbal que significa proclamación del Único, es decir, afirmar que Dios es único. El significado tradicional es: "la fe en el Dios único, Creador de todo el Cosmos, Gobernante de todo en solitario, sin compañero en su dominio de todo. Es Dios el exaltado y elevado, sin asociado alguno, ni compañero ni hijo, ni precisa valedor que le proteja de humillación, así que proclama Su grandeza" También se define el tawhid como: "la fe en el Dios Úno, sin compañero" o como: "el conocimiento de Dios el Elevado en su Señoría, el reconocimiento en su Unicidad y la negación absoluta de equivalentes"



Introducción

Aunque el término tawhid no aparece nombrado como tal en el Corán es un principio basado en diferentes aleyas, pues se apela a Dios como el Uno (wahid) una veintena de veces y por el nombre Uno (ahad) un sola vez, en la azora 112:
Di: Él es Dios, Único.
Dios es impenetrable.
No ha engendrado ni ha sido engendrado
Y no hay nadie igual a Él

El tawhid tiene dos aspectos. Por un lado, el de la unidad divina, es decir, que sólo hay un Dios. Esta afirmación es la común a todas las religiones monoteístas, que anteceden históricamente e inspiran al islam como señala el propio Corán y la tradición profética. Por otro lado, está el aspecto de la unicidad de Dios, es decir, que esa divinidad única es radicalmente una y no tiene atributos ni personas de carácter divino, como sí sucede en cambio con la Trinidad cristiana. Sin embargo, algunos musulmanes señalan que la trinidad contiene de forma implícita el tawhid pero que esto debe entenderse en un nivel espiritual y no netamente racional, según interpretaciones de Hadices (divinos) y versículos del Corán.
Ambos aspectos, según la profetología coránica, son el mensaje común a todos los profetas y enviados desde Adán hasta Muhammad y es la característica principal de quien es considerado musulmán. Además se considera que el estado primordial (fitra) del ser humano es la fe en ese principio de la Unicidad divina tanto en la pre-existencia como cuando viene a este mundo. Esa es la interpretación común del término hanif, que es la denominación a los monoteístas abrahámicos que existían en arabia antes de la aparición del Islam, a los que se refiere la aleya:
"Adorad como hanifes según la disposición primigenia (fitra) en la que Dios creó a los hombres" (Corán 30:30).
Además existe una transmisión del Profeta que dice: "Cuando un niño nace os hace según el fitra, y luego son sus padres quienes lo hacen judío, cristiano o mazdeísta". Por otro lado, el Islam establece la existencia del reconocimiento de la Unidad de la Señoría en todos los seres humanos, por lo que podrán ser preguntados en el día del Juicio sobre su adoración, según la aleya conocida como la del Pacto, donde se le pregunta a la progenie de Adán antes de la existencia:
"Y cuando cogió de los riñones de Adán a su descendencia y les preguntó: "¿No soy yo, acaso, vuestro Señor?" "Ciertamente si, damos fe", contestaron. No sea que dijeran el día de la resurrección: "No habíamos reparado en ellos." (Corán 17:70)
Estas definiciones son compartidas por todos los musulmanes, aunque en la historia del Islam ha habido diferentes elaboraciones doctrinales que se corresponden con las elaboraciones de los teólogos (mutakallimun) de las diferentes escuelas y por parte de los sufíes.

Elaboraciones doctrinales

El tawhid en los teólogos (mutakallimun)

Por un lado están las escuelas que han lo han definido desde el punto de vista de la teología (kalam) como:
  • 1. Los mu'tazilíes, una escuela teológica racionalista, que defiende la Unidad de la Esencia independiente de la multiplicidad de los Atributos y de los Actos. Esto hizo que interpretasen de forma alegórica los atributos y acciones divinas narradas en el Corán y el hadiz que no coincidían con lo que la razón entiende incompatible con la Unidad de Dios
  • 2. Los asharíes, que surgió como reacción a la anterior. Rechaza las interpretaciones racionalistas de los casos problemáticos y se acoge más a lo transmitido. Dios es Uno en Esencia, Atributos y Actos, sin que cada uno de ellos pueda ser algo diferente de la Esencia. Está estrechamente relacionada con el fiqh shafií
  • 3 Maturídis. Surge a partir de un alumno de Abu Hanifa, sobre todo por diferencias sobre la cuestión del Decreto o designio divino ([qadar]].
Estas tres son las más importantes, si bien el Islam shií tiene sus propias elaboraciones doctrinales que tienen elementos de las discusiones del mutazilísmo primitivo. Dentro de cada escuela hay diferencias según las opiniones de determinados maestros sobre un tema diferente.
Por otro lado existen otras escuelas que condenan el uso de la teología especulativa (kalam) y que se remiten exclusivamente a los textos revelados sin que quede lugar a preguntarse el "cómo", como son los zahiríes y los hanbalíes.
Existen otras escuelas que han definido el tawhid desde otros puntos de vista: la escuela de al-Bujari se remite más al hadiz por ejemplo, o la escuela salimiyya, una escuela de transmisión del hadiz relacionada estrechamente con el sufismo.
La filosofía islámica de al-Farabi, Ibn Sina o Ibn Rushd abordaron la cuestión de la Unicidad divina desde un punto de vista racionalista, sobre todo la demostración de Dios como el "Ser necesario".

El tawhid en el sufismo

También el tawhid es un concepto básico dentro del sufismo y ha sido interpretado desde diferentes perspectivas: desde la Unicidad de la Existencia de Ibn Arabi, la Unicidad Absoluta (al-tawhid al-mutlaq) de Ibn Sab῾īn, o la Unicidad de lo contemplado (wahda al-shuhud) de otros autores como Sirhindi. A pesar de todo, el tawhid en el sufismo no debe ser siempre entendido como un concepto filosófico o estanco, puesto que como comenta al-Ghazali es un concepto que puede ser entendido en diferentes niveles: el tawhid de las gentes comunes, el tawhid de la élite y el tawhid de la élite de la élite. Es, por lo tanto, un concepto que depende más de una experiencia y una realización espiritual, que unas simple afirmación o sólo una practica de adoración. al-Qushayri, en su Compendio sobre sufismo, comenta que el tawhid de los sufíes no se diferencia en nada del del común de las gentes, sino por el grado de su familiaridad con el tawhid.

Unicidad y Asociación

Como siempre, para definir un término es útil recurrir a su contrario. Lo contrario al tawhid es el shirk, traducido habitualmente como "asociación". En el lenguaje coránico es asociar a la divinidad algo o alguien, como por ejemplo un hijo, un igual o una compañera. Por eso el lema principal del Islam es "no hay divinidad sino Dios" (la ilaha illa Allah) y en sus diferentes formas es uno de los mensajes que más repiten en el texto coránico.
Por ello el shirk se comprende desde varios puntos de vista:
  • 1) el de la asociación a Dios de otras divinidades, es decir, el politeísmo, que el Islam condena como el pecado más grave.
  • 2) La asociación en la adoración, es decir, la adoración de otro que no sea Él.
  • 3) La asociación sutil u oculta (shirk jafi'), que es la adscripción sutil de ponerse a uno mismo por encima de la divinidad.

La problemática moderna de los Unitarismos y el asociacionismo

Los musulmanes tratan a los cristianos con frecuencia de musharikin o "asociadores", aunque era un término que en los comienzos del Islam se reservaba para los idólatras árabes, mientras que a los cristianos se les reservaba el de "gentes del libro" junto a los judíos. en cambio el término ha sido después utilizado de diferentes formas dentro de la comunidad islámica, en muchas ocasiones dentro de las discusiones de las diferentes corrientes del Islam. Por ejemplo, para algunos musulmanes el shirk está presente dentro de la propia comunidad islámica bajo la forma de culto popular a determinados personajes considerados "santos", como el mismo Muhammad o la devoción hacia los morabitos o tumbas de santones que se veneran en varios lugares, especialmente en el Magreb.
A lo largo de la historia islámica han surgido periódicamente movimientos unitaristas que han combatido lo que consideran shirk. Los wahhabíes de Arabia Saudí, por ejemplo, en su rigorismo destruyeron la supuesta casa natal de Mahoma, que era objeto de culto popular, y han dificultado los actos de devoción hacia tumbas o lugares asociados a compañeros del Profeta.
Otro movimiento unitarista, pero de naturaleza diferente, es el almohade, que gobernó en la Edad Media un gran imperio a caballo entre el Magreb y Al-Ándalus y cuyo nombre, al-muwahhid, significa precisamente "aquel que realiza el tawhid". Sus principios pretendían una reforma del Islam occidental para "recliclarlo" de la elaboración malikí predominante que estaba totalmente cerrada a las corrientes orientales, donde el ashrismo de al-Ghazali encabezaba una renovación del estancamiento al que había llegado el Islam oriental y los movimientos de filosofía islámica y ciencias religiosas que se habían desarrollado en esta parte del mundo islámico.

Referencias

  1. ↑ Corán 17:11. Entrada de tawhid 
  2. ↑ Ibn Marzuq, Lisan al-'arab
  3. ↑ Yuryani, K. al-Ta'arifat, nomenclatura 480
  4. ↑ Conocido como wahda al-wuyud, aunque la denominación no es suya y a elaboración se debe a discípulos suyos que la definen con conceptos más cercanos a la filosofía. Veáse Chittick, W. C., Mundos imaginales: Ibn al-Arabi y la diversidad de las creencias, Mandala-Alquitara: Madrid, 2004. ISBN 84-88769-76-8
  5. ↑ Véase especialmente su Miskat al-anwar, su Aqida y el capítulo que dedica al tawhid en su Revivificación de las ciencias del Islam
  6. ↑ al-Qushayri, Risala, capítulo "tawhid"
  7. ↑ "Dios no perdona que se Le asocie nada. Salvo eso, Él perdona a quien quiere" (Corán 4:116)

Bibliografía

  • Cruz Hernández, Miguel, Historia del pensamiento en el mundo islámico, III vol., Madrid, Alianza, 1981
  • Qušayrī, Risāla al-Qušayriyya, maktab Abī Hanīfa, El Cairo, 2000
  • Ramón Guerrero, R., Contribución a la historia de la filosofía árabe: Alma e intelecto como problemas fundamentales de la misma, Madrid, Ed. de la Universidad Complutense, 1981
  • ––––, El pensamiento filosófico árabe, prólogo de S. Gómez Nogales, Madrid, Ed. Cincel, 1985.
  • Rubio, L., El ocasionalismo de los teólogos especulativos del Islam, El Escorial, 1987.

Enlaces externos















las Madres de los Creyentes


Las esposas del Profeta Muhammad, que Allah esté complacido con todas ellas, tienen un posición especial en la fe islámica. Dios en el Corán las llama “Madres de los Creyentes” (Corán 33:6). Ellas fueron las esposas del Profeta en esta vida y lo serán en la venidera. Fueron jóvenes y mayores, viudas y vírgenes, pobres y adineradas, aristócratas y esclavas libertas. Cada una jugó un rol específico y preponderante en la historia del Islam.

Jadiyah
El Profeta Muhammad se casó con ella cuando él tenía veinticinco años, mientras que ella había alcanzado la edad de cuarenta. Era viuda, y se había casado ya dos veces. Él estaba en la flor de su juventud. Impresionada por su carácter moral y su honestidad, ella envió a un pariente a proponerle matrimonio. Estuvieron casados durante veinticinco años, hasta que ella falleció. Durante los días de las persecuciones, Jadiyah fue su única compañera y auxiliadora. Ella, junto con ‘Aa'ishah, hicieron los mayores aportes femeninos al establecimiento y difusión de la civilización islámica. Jadiyah dio a luz cuatro hijas del Profeta Muhammad: Záinab, Umm Kulzum, Ruqaiah, y Fátima. Todas ellas alcanzaron la madurez y aceptaron el Islam. Fallecieron durante la vida del Profeta, excepto Fátima, que falleció seis meses después de él.
Jadiyah también dio a luz a dos niños, Qasim y ‘Abdullah, los cuales fallecieron a edad temprana.


Sawdáh
Meses después de la muerte de Jadiyah, el Profeta había retornado de una misión sin éxito en el poblado de Taif, perseguido y sin auxilio. Por este tiempo se casó con Sawdáh, otra viuda, que no poseía ni belleza ni estatus social ni riqueza. Había sido expulsada de la Meca por los líderes idólatras y se refugió en Abisinia (Etiopía) con su esposo, donde encontró algo de seguridad. Él falleció en el exilio, entregando su vida por la causa de su fe. Se había exiliado con su esposa desde su hogar en la Meca, expulsado por su religión, y quedó en una completa pobreza. Conducido por un sentido de generosidad, el Profeta de la Misericordia se casó con ella, elevando su estatus espiritual y convirtiéndola en una de las “Madres de los Creyentes”. El Profeta no se volvió a casar con otra mujer durante los primeros tres años de su matrimonio con Sawdáh. Ella falleció pocos años después de la muerte del Profeta Muhammad.


‘Aa'ishah
‘Aa'ishah fue la hija de uno de los compañeros más cercanos del Profeta Muhammad, Abu Bakr. Un viejo amigo de Muhammad, Abu Bakr fue uno de los primeros conversos a la fe predicada por el Profeta, y era considerado el más sincero, serio y devoto creyente. Viendo la pérdida del Profeta, una de las Sahabas (discípulas mujeres) le propuso a la hija de Abu Bakr y fue a hablar con Abu Bakr en nombre del Profeta. Pero había dos problemas: uno, que ‘Aa'ishah estaba comprometida con Yubair ibn Mut’im, un idólatra de la Meca. Yubair, como resultado, había perdido interés por la gran brecha que había entre sus tradiciones paganas y el Islam. ‘Aa'ishah no había alcanzado la pubertad, y esto también contribuyó al desinterés de Yubair en continuar con el compromiso. Así, se comprometió con el Profeta mientras aún estaba en la Meca; y tres años después, estando ya en la ciudad de Medina se consumó el matrimonio. Fue la única virgen con la que se casó el Profeta, aunque no tuvieron ningún hijo. ‘Aa'isha fue una líder y erudita del Islam, y jugó un papel primordial en el establecimiento de la fe islámica. Enseñó el Islam durante cuarenta años después de la muerte del Profeta, hasta la edad de sesenta y siete años.






Háfsah
Háfsah fue la hija de ‘Umar ibn Al-Jattáb, el compañero más cercano al Profeta después de Abu Bakr. Se exilió con su marido a Medinah, pero quedó viuda después de la batalla de Badr. Con un fiero temperamento como su padre, quedó soltera desde entonces. ‘Umar primero le preguntó a Abu Bakr si quería casarse con ella, y luego a ‘Uzmán, pero ambos se disculparon. Esto evidenciaba la falta de hombres capaces de ofrecer matrimonio en aquél entonces. Al final, ‘Umar se dirigió al Profeta. El matrimonio tuvo lugar en el tercer año después del exilio a Medina.
En una ocasión, y por una desavenencia, el Profeta le pidió el divorcio, pero Dios le ordenó quedarse con ella. Ella estuvo a cargo de cuidar la copia oficial del Corán durante el califato de Abu Bakr y ‘Umar, y falleció cuatro años después que el Profeta.


ZáinabEn el mismo año, en el año tercero luego del exilio, el Profeta se casó con Záinab, que quedó viuda durante la batalla de Uhud. Su bondad hacia los pobres le había merecido el apodo de “Madre de los Desposeídos”. Ella era una mujer de edad avanzada cuando se casó con él, y falleció unos meses después del matrimonio. Junto con Jadiyah, fue la única de las esposas del Profeta que falleció mientras él vivía.


Umm Salamah
Un año después, el Profeta se casó con otra viuda que había padecido la persecución, y que había perdido la custodia de sus hijos bajo las leyes de los idólatras. Después de la batalla de Uhud, quedó viuda con cuatro hijos. En un primer momento, Abu Bakr le pidió que se casara con él, pero ella rehusó, pensando que nadie podría ser lo suficientemente paciente con sus hijos. Finalmente, el Profeta le propuso matrimonio, asegurándole que él cuidaría de sus hijos; el Profeta se casó con Umm Salamah a causa de esta noble motivación.
Los creyentes fueron quienes más amaron su Profeta y lo honraron como el Profeta de Dios. Ellos veían en él a un padre de los desposeídos, de los huérfanos y los débiles, así como de cualquiera que hubiera perdido sus bienes o a sus parientes por causa de su fe. Umm Salamah fue la última de las esposas del Profeta en dejar este mundo. Falleció cuarenta y nueve años después de la muerte del Profeta, a la edad de ochenta y cuatro años.


Umm Habibah
Umm Habibah fue la hija musulmana de uno de los más grandes enemigos del Islam: Abu Sufián. Umm Habibah fue una de las primeras conversas al Islam en la Meca. Se había exiliado con su esposo en Abisinia (Etiopía), quien se convirtió allí al cristianismo. A su muerte, el Profeta le propuso matrimonio mientras todavía estaba en Abisinia. Volvió a Medina tres años antes de la muerte del Profeta, y falleció treinta y cuatro años después de él.


Záinab, la ex-esposa de Zaíd
Záinab era la prima del Profeta, quien estaba casada con Zaíd, un esclavo huérfano que el Profeta había liberado y que luego adoptó. El Profeta propuso el matrimonio de Záinab con Zaíd al hermano de ella, pero él se rehusó dejar que su hermana, una noble perteneciente a la influyente tribu gobernante de Quraish y del clan de los hijos de Hashim, y prima del Profeta, se casara con un hombre que había sido esclavo. Tal unión era considerada por los árabes como algo vergonzoso. Que las hijas de la aristocracia se casaran con sus esclavos, aún cuando fueran liberados, era algo impensable. El Profeta buscó eliminar las distinciones raciales y sociales entre hombres y mujeres. Él enseñó al mundo que un árabe no es superior de un no árabe, excepto por lo que tenga de piedad y virtud, como Dios dijo:
“El más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso”. (Corán 49:13)
El Profeta no quiso implementar este principio en una mujer que no perteneciese a su tribu (para dar así el ejemplo empezando por su propia gente). Fue su prima Záinab quien, comprendiendo los ideales del Profeta, voluntariamente quiso oponerse a las costumbres de los árabes. Por su lado Zaíd, un esclavo liberto, era el prototipo de persona con la que ningún aristócrata árabe de la Meca casaría a su hija o hijo. Así, el Profeta animó a Záinab a casarse con Zaíd; y cuando Záinab estuvo de acuerdo, insistió que el hermano de ella aceptara acoger al huérfano como su cuñado.
Sin embargo, luego del matrimonio, Zaíd encontró difícil vivir con ella. Zaíd consultó al Profeta, quien le aconsejó no divorciarse. De cualquier manera, una vez que todos los intentos de mantener unido al matrimonio habían fracasado, el divorcio fue la única alternativa. Después del divorcio, ella y sus parientes insistieron que el Profeta se casara con ella. Sintiéndose también algo responsable por el fracaso del matrimonio que él había concertado, el Profeta se casó con ella. Las costumbres de los idólatras permitían el matrimonio con las madrastras y las suegras, pero veían el matrimonio con una mujer divorciada por un hijo adoptivo como inadmisible. Para deshacer esa costumbre y sentar un precedente, Dios ordenó al Profeta casarse con Záinab. Su matrimonio tuvo lugar en el quinto año después del exilio en Medina. Záinab falleció diez años después que el Profeta.


Yuwairíyah
En el mismo año, muchos enemigos cayeron prisioneros en manos de los musulmanes en la batalla de Bani Mustáliq. Entre ellos estaba Yuwairíyah, la hija de un jefe árabe, que acudió al Profeta ofreciéndole un precio por su propia liberación, mismo que fue aceptado por la persona que la había capturado. El Profeta entonces le propuso matrimonio, y ella, por su parte, aceptó. Tan pronto como los musulmanes oyeron las noticias del matrimonio, liberaron a sus prisioneros de la tribu de Banu Mustáliq. Sintieron que no podían mantener cautiva a una tribu a la que el Profeta había honrado casándose con una de sus mujeres. Entonces, varios cientos de familias de la tribu de Banu Mustáliq fueron liberados como una bendición por el matrimonio del Profeta. Yuwairíyah fue devota musulmana. En una ocasión, el Profeta fue a verla después de la oración del alba y la encontró ocupada recitando oraciones en el lugar donde había rezado. El Profeta volvió a pasar por su casa nuevamente ya avanzada la mañana, y encontró que todavía estaba allí sentada, y le preguntó:
“¿Todavía estás en la adoración?”. “Sí”, le respondió ella. El Profeta le dijo: “¿Quieres que te enseñe unas palabras que te darán una recompensa más grande? Di: ‘Cuán perfecto es Dios, Alabado sea tantas veces como el número de Sus criaturas y tantas veces como a Él le place, tanto como el peso de Su Trono, y como la tinta de Sus palabras’”[1].
Yuwairíyah falleció cuarenta años después del Profeta.


Safíyah
Safíyah, hija de un jefe judío de la tribu de Banu Nadír, fue tomada como prisionera en la Batalla de Jaibar, en el año séptimo después del exilio a Medina. El Profeta la liberó y se casó con ella. Después del matrimonio, el Profeta encontró marcas de abuso en su mejilla, sobre las cuales le preguntó.
Ella le dijo: “(Cuando aún era judía) vi en un sueño que la luna llena se elevaba sobre Medina y caía en mi regazo. Le conté este sueño a mi primo, quien me abofeteó y me dijo: ‘¡Tú quieres casarte con el rey de Medina!’, y esta es la marca de ese golpe”.
Cuando el Profeta estaba en su lecho de muerte, ella lloró y le dijo, “¡Oh, Profeta de Dios! Quisiera ser yo quien estuviera en tu lugar”, a lo cual él respondió: “Por Dios, ella está diciendo la verdad”.

Maimúnah
Maimúnah, otra viuda, le pidió matrimonio al Profeta, que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, en la Meca en el año séptimo después del exilio en Medina. Era de su tribu y tenía ya cincuenta años. El Profeta Muhammad se casó con ella para mantenerla, ya que era muy pobre. Su sobrino, Ibn ‘Abbás, se convirtió más tarde en uno de los grandes eruditos del Corán, mucho de lo cual lo aprendió de ella.







jueves, 17 de febrero de 2011

La muerte en el Islam


Desde el momento de su muerte, el hombre entra en el más allá, una vida del más allá extraña y misteriosa. Es un vasto mundo complejo, lleno de secretos, sombras, colores e imágenes sin fin. Así que la muerte no equivale a ser reducido a la nada. Sólo es una etapa pasajera que lleva a otra vida, pasados la resurrección y el Juicio final. Esa vida eterna puede acontecer en el paraíso o en el infierno.
Aunque el Islam alienta al creyente a aceptar con fe y paciencia ese destino previsible y natural, la cultura escrita y oral, lo mismo que la literatura islámica, describe con todo detalle los males de la muerte. El profeta del Islam sintió esos males y dijo: «La muerte comporta embriagueces».
«La embriaguez de la muerte descubre la verdad: Ahí tienes eso de lo que te alejabas» (Corán 50,18).
El ángel de la muerte
Un ángel, en el Corán, es el encargado de esta misión: dar la muerte.
El nombre de ese ángel no está consignado en el Corán pero se encuentra muchas veces en la literatura islámica y en las interpretaciones del Corán, así como en los hadiz del profeta del Islam. Su nombre es Ezrael, un nombre con resonancia hebrea. Sin embargo, no es el único encargado de esa misión. Cuenta con colaboradores entre sus congéneres. Son los «mensajeros de Dios». El Corán los cita mucho.
Ezrael es un nombre propio de origen hebreo, aunque su raíz se encuentra en todas las lenguas semíticas en las que zr denota «la ayuda» y 7, el nombre del Señor.
El nombre de Ezrael no se encuentra en el Corán. Se le nombra por su función o su misión, malaku I mawt, el ángel de la muerte:
«Di: el Ángel de la muerte, a quien habéis sido confiados, os llamará, y luego seréis devueltos a vuestro Señor» (Corán 32,11).
Por el contrario, en el patrimonio y en los textos secundarios, el nombre de Ezrael se encuentra con frecuencia en numerosos pasajes e historias llenas de detalles, y a veces en los diálogos con personas en el momento de la muerte, en particular de profetas y santos.
«Cuando le llegue a uno de vosotros la hora de la muerte, nuestros enviados lo llamarán para conducirlo al Señor, porque ellos no son negligentes» (Corán 6, 61).
Estos ángeles o mensajeros dialogan con los muertos e interrogan a los infieles:
«[...] hasta el momento en que nuestros enviados vayan a llamarlos diciéndoles: "¿Dónde están aquéllos a quienes rogabais al margen de Dios?"» (Corán 7, 35).
Así reprochan a algunos su debilidad. Ellos se sometieron y no se rebelaron.
«Mientras los llevan, los ángeles dicen a quienes se hicieron daño a sí mismos: "¿En que situación os encontrabais?". Ellos les responden: "Éramos débiles en la tierra". Y los ángeles les replican: "¿No es la tierra de Dios lo suficientemente grande como para que os permitiese emigrar?"» (Corán 4, 99).
En el momento de la muerte, el creyente debe pronunciar la shahada, su propio testimonio, su profesión de fe: «Doy testimonio de que no hay más que un único Dios y que Mahoma es su profeta». Si el moribundo no pudiera pronunciarla, uno de los cercanos a él, de su familia o de sus amigos lo puede hacer en su lugar.
Las abluciones en la inhumación
Después de la muerte, se le deben hacer sus abluciones, luego lavarlo y vestirlo seguidamente con un vestido blanco inconsútil. Al mártir que muere en el campo de batalla no se le practican estos ritos. Se le entierra con su sangre, y vestido con la ropa con que recibió la muerte.
Hay que recordar a propósito de esto que la palabra «shahid», derivada de la misma raíz que shahada, tiene dos significados:
- testigo, asistente a un acontecimiento o signatario de un documento o acta. Lo que quiere decir, en general, «asistente» o «presente»;
- «mártir»; que participa del núcleo del primer significado porque él aporta su testimonio.
El Islam prefiere enterrar al muerto lo antes posible, tal vez a causa del clima caluroso de los países musulmanes. Esto se convirtió en tradición igual que la «oración por el muerto», oración de los «obsequios».
La tumba es un hoyo profundo. La cabeza del muerto se ha orientar a la Kaaba, qibla, la orientación de todos los musulmanes del mundo. Al muerto entonces se le echa encima tierra o arena. En este contexto, puede ser útil mencionar el versículo 31 de la azora 5 del Corán, que evoca a uno de los hijos de Adán, Caín, que después de haber matado su hermano Abel no sabía qué hacer con su cadáver:
«Dios envió un cuervo que se puso a escarbar la tierra para enseñarle cómo debía ocultar el cadáver de su hermano. Él exclamó: "¡Ay de mí! Es imposible que yo haga como este cuervo y oculte así el cadáver de mi hermano". Él se encontró entonces entre los que se arrepienten» (Corán 5, 34).
La tumba
Los ritos del entierro, especialmente en lo que concierne a la tumba, varían de una cultura a otra según la herencia cultural y tradicional de cada una de ellas.
En Egipto, por ejemplo, la tumba de los musulmanes, como la de los coptos, difiere de las de otros países, de Arabia Saudita, entre otros. Es una pieza construida encima de la tierra, con frecuencia bastante alta. Lleva una puerta de piedra o de hierro pintada a menudo de blanco, azul, marrón y amarillo. En la campiña egipcia se encuentran muchas veces tumbas piramidales parecidas a la pirámide de Saqqara con sus mastabas o plantas.
Los egipcios escriben el nombre del muerto y la fecha de su fallecimiento, y también versículos coránicos o versos poéticos que recuerdan la muerte o evocan más bien el paraíso -en el caso de los coptos, se escriben versículos evangélicos-. En la terraza se depositan tiestos de cactus, planta símbolo de la paciencia.
En cada pueblo o barrio, al menos en Egipto, existe un hombre, conocido y reconocido por su competencia en materia religiosa, en el Corán y en los principios fundamentales del Islam, que ordinariamente dirige la oración en grupo, jama a. A él se le confía públicamente una misión llamada talqin. Su significado es «instruir o hacer comprender a cualquiera una palabra para que él la repita».
Una vez cerrada la tumba, esa persona religiosa se levanta y recita una especie de oración y da unos consejos relativos al juicio de la tumba. Porque, nada más salir la gente del cementerio, dos ángeles se acercan al difunto y le interrogan, como aparece en un hadiz del profeta: «Nada más depositar al muerto en su tumba y abandonar la comitiva el cementerio, y estando el muerto incluso oyendo el ruido de sus pisadas, dos ángeles se le acercan. Le piden al difunto que se siente y le dicen: "¿Qué piensas tú de este hombre, Mahoma?". Él responde: "Testigo soy de que es el servidor y mensajero de Dios". Ellos le dicen: "¡Echa una mirada a tu lugar en el infierno! Dios lo ha cambiado por otro en el paraíso". Él los mira (los dos lugares). El descreído y el hipócrita dicen: "Yo no sé. Yo repetía lo que la gente decía". Le replican: "¡No sabes ni dices nada!". Le dan un golpe entonces entre las dos orejas con un pedazo de hierro. El difunto lanza un grito que todas las criaturas de su alrededor oyen, excepto los hombres y los djinns» (según Bujari 1328).
Para esto, entonces, esa persona religiosa hace su discurso al difunto: «Cuando los dos ángeles mensajeros se te acerquen, no temas. Son, como tú, criaturas de tu Señor. Cuando te interroguen a propósito de Dios y de su profeta, di tal o cual palabra...».
El Corán no evoca la vida en la tumba, ni detalla esa suerte de interrogatorio o de juicio que sigue. Pero los musulmanes sí parecen estar de acuerdo en la veracidad de esa etapa, puesto que el profeta habla de ella y, en la tradición escrita y sobre todo oral, se encuentran diversas escenas relativas a ella.
En esta tradición están los nombres de esos dos ángeles, Munkar y Nakir. Los detalles minuciosos y pavorosos relativos a los tormentos de la tumba constituyen el contenido de buena parte de la literatura islámica popular. Cantidad de poesías y de textos en prosa, en árabe literario y dialectal, llevan como título «El tormento de la tumba». Los lectores son, en general, muy aficionados a este género literario.








martes, 15 de febrero de 2011

El Islam contemporáneo


El siglo XX, con sus múltiples transformaciones históricas, culturales, políticas y sociales ha proporcionado un marco de cambio constante que ha influido en las religiones de todo el mundo. El Islam no se ha visto libre de estos cambios, lo cual es lógico si tenemos en cuenta procesos como la descolonización o aspectos como la increíble expansión secular de esta religión por zonas alejadas miles de kilómetros de Medina y La Meca: desde el África subsahariana hasta Malasia: desde ciertas zonas de Europa Oriental hasta la India.

Unos mil millones de seguidores del Islam comparten hoy un credo con muchas variantes debidas al sustrato geográfico, la evolución sociopolítica y la tradición cultural, factores que hacen de la práctica del Islam un culto mucho más multiforme de lo que los medios de comunicación dan dan a entender.

Además, han proliferado fenómenos colectivos como el Movimiento Musulmán Negro, en Estados Unidos, que aun rechazando la vida más allá de la muerte, adopta otros muchos dogmas coránicos. O el neosufismo, cuyo máximo exponente sería Idries Sha, cuya doctrina se basa en gran parte en el Corán, pero introduce la idea de una religión universal por encima de todos los credos y en la que Dios es uno para todos.

El fundamentalismo y la Ley Coránica


Los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos pusieron de manifiesto una vez más que nunca en la historia hubo, en realidad, guerras religiosas, sino que bajo el nombre de Dios se ocultaron siempre objetivos meramente políticos y económicos.

A partir de los movimientos antiimperalistas del siglo XIX y de la descolonización que siguió a ellos, territorios tan distintos geográfica y culturalmente como Arabia, Indonesia, el Magreb, Afganistán, Pakistán, Turquía o Egipto dejaron atrás la pertenencia a diversos imperios (el otomano, el británico, el francés) y su signo fundamental de identidad a partir de entonces fue el Islam.

Muchos de los gobiernos de los países recién independizados trataron de crear sistemas políticos occidentalizados, pero la mayoría fracasaron. El estilo de vida "occidental" fue visto por muchos sectores como una concesión al neocolonialismo y como un rechazo intolerable de las tradiciones religiosas. El resultado fue la ascensión de movimientos fundamentalistas islámicos, que propugnaban una transformación sustancial de la teoría y la práctica política, adaptándolas a las costumbres sociales tradicionales del mundo antiguo. También subyacía el panarabismo, un movimiento excluyente que pretendía unificar a los musulmanes de Oriente Medio por encima de las nacionalidades.

Formación de los estados islámicos modernos


Esta amalgama de circunstancias y opciones fue adoptando muy diversas vertientes a lo largo de los años, hasta abocar en el momento presente en opciones regionales muy diversas que probablemente son todavía provisionales: Irán y Libia fueron en un tiempo países muy radicales en su actitud antioccidental y fundamentalista.

Por el contrario, Túnez y Turquía habían separado claramente la religión de la política y, a pesar de mantenerse fieles al Islam, adoptaron en gran medida el estilo social de la cultura europea. Los países del golfo Pérsico mantuvieron las tradiciones, pero al mismo tiempo formalizaban cómodos pactos económicos con Occidente. Occidente, por su parte, capitaneado por Estados Unidos de Norteamérica, poco se interesaba por tendencias religiosas sino que se preocupaba exclusivamente en el control de la producción de petróleo.

El Islam y el fundamentalismo


En otros casos, el Islam se identificó con tendencias de liberación política de territorios ocupados por otros países y religiones: por ejemplo, Líbano y Palestina contra Israel, o Afganistán contra la Unión Soviética.

En todos los casos, todos los intentos de pacificación fueron paradójicamente boicoteados por grupos obcecados y contrarios a la cesión de cualquier pretensión. Así, líderes islámicos y hebreos moderados como Anuar el Sadat y Yitzak Rabin fueron asesinados por ultraconservadores de sus propias filas: Sadat por la Yihad egipcia y Rabin por un judío ultraortodoxo.

En el entorno occidental se tiende a identificar el fundamentalismo con el Islam, lo cual se debe más a presiones mediáticas sobre la opinión pública que a la realidad, puesto que actualmente se encuentran fundamentalismos en todas las religiones monoteístas. Baste recordar la violencia ejercida por no pocos creyentes obcecados contra las personas que optan libremente por el aborto o la eutanasia.

Pero incluso entre el Islam existen diversos grados de celo en el cumplimiento del Corán. En el fundamentalismo islámico (como por otra parte, en cualquier fundamentalismo de toda religión) debe distinguirse entre ámbitos y países, puesto que su aparición depende de factores políticos, pero también del sustrato cultural y social y del desarrollo económico.

Si tenemos en cuenta que cualquier religión no es sólo un sistema de creencias sino también un modo de vida, está claro que el fundamentalismo religioso arraigará con mayor facilidad en cualquier lugar donde la supervivencia esté en peligro.

El Islam en nuestros días


La historia del Islam ha sido tan larga y su expansión tan intensa que muchos países (algunos situados a miles de kilómetros de La Meca en puntos tan alejados entre sí como Indonesia y Mauritania) siguen hoy día fieles a la fe islámica. Fieles, pero con las particularidades evidentes que el sustrato socio-religioso y las características políticas e históricas imponen a cada enclave geográfico; sobre estas particularidades, y poniendo algunos ejemplos.

Asia Central: El Islam se implantó en Asia Central en unas fechas difíciles de determinar, pero en todo caso, anteriores a la llegada de Tamerlán (el príncipe musulmán de Samarkanda) y los mongoles (siglo XIV). Su fe ha conseguido sobrevivir a través de los siglos, incluso a la antirreligiosa y comunista Unión Soviética: a principios de 1990 la mayoría de estados independientes (Uzbekistán, Kazakistán, Tadzhikistán, Kirguizistán, Turkmenistán, Azerbaiján) de esa zona tiene el Islam como religión oficial, es decir, son repúblicas islámicas.

Turquía: Durante muchos siglos el otomano fue un enorme imperio (en el siglo XVI, bajo Solimán el Magnífico, controlaban Oriente Medio, Hungría, el Oeste de Asia, el Norte de África y los Balcanes) y su capital, conquistada a Bizancio, fue la bella Estambul: las potencias europeas consideraban a Turquía "El Enfermo" y desmantelaron su imperio tras la segunda guerra mundial. En la actualidad el país vive en buena parte del turismo y, como consecuencia de ello, guarda un cierto equilibrio entre una versión moderada del Islam y el laicismo político. De hecho, desde el gobierno de Mustafá Kemal (1881-1938), la constitución turca es laica. La huella musulmana del Imperio otomano, ha quedado, sin embargo en zonas europeas como Bulgaria, Bosnia o Hungría.

Los duodecimanos de Oriente Medio: La rama más extensa del chiísmo es llamada la de los imami o duodecimanos; reconocen a doce imanes o cabezas religiosas como descendientes de Alí, primo y yerno de Mahoma, y reniegan de los cuatro primeros califas que usurparon la legitimidad de Alí. Una de sus creencias es que el duodécimo imán, llamado Al Madhi, que desapareció en el año 874, reaparecerá tarde o temprano. Estas creencias son propias de los regímenes islámicos de Irán (donde la mayor parte de los habitantes son duodecimanos) y el sur de Irak. También hay población imami en Líbano, Arabia Saudí, los estados del Golfo Pérsico y Siria. Y pequeñas comunidades en India, Estados Unidos, Pakistán, Azerbaiyán y Europa Occidental.

Indonesia: Los comerciantes procedentes de la India llevaron el Islam a Indonesia durante el siglo XI. Pero cuando Marco Polo llegó a la isla de Sumatra en 1292, sólo una de sus ciudades (Perlak) era musulmana, lo cual sugiere que el Islam se ha ido imponiendo gradualmente a través de los siglos. En la actualidad el noventa por ciento de los 130 millones de habitantes de las islas indonesias son musulmanes, lo cual la convierte en la mayor nación musulmana del mundo. Sin embargo, las caras del Islam son bastante heterogéneas en las diversas islas que forman Indonesia: desde el centro de Java, cuyo islamismo es muy leve, como un barniz sobre el dibujo que han hecho el hinduismo y el budismo, hasta el sur de Borneo, donde la fuerza del Islam ha borrado incluso cualquier huella de cultura preislámica.

Senegal y otros países subsaharianos: El Islam llegó a Senegal, como a otros países subsaharianos, en el siglo XI. Estableció califatos importantes, como el de Sokoto en Nigeria. En Senegal, ha tenido tanta fuerza que prácticamente se ha impuesto por completo a las religiones previas: hoy en día más del 90 por ciento de los habitantes de este país son musulmanes. Otros países en que el Islam es religión mayoritaria son Djibuti y Somalia. Por su parte, su fuerza es importante en las ex colonias francesas, como Mauritania, Malí, Níger, e inglesas, como Sudán, Nigeria y Tanzania. La ex colonia italiana de Etiopía también es básicamente musulmana.

El Magreb: nacionalismo, turismo e Islam: En la zona del norte de África, los países que a lo largo de los siglos han formado parte de grandes califatos, imperios como el turco o potencias coloniales europeas, obtuvieron su independencia en diversos momentos del siglo XX. Todos han adoptado el Islam como religión oficial, pero su nivel de radicalismo político antioccidental ha condicionado las características de la religión y su relación con los gobiernos: en el Magreb encontramos países claramente fundamentalistas y antioccidentales como Libia y otros prácticamente laicos como Túnez. Entre estos dos extremos y según ciertos ciclos políticos se encuentran los casos de Marruecos, Argelia o Egipto: sus gobernantes y sus movimientos sociales hacen evolucionar el Islam a gran velocidad.

El polvorín de Oriente Medio: La zona en la que nació la fe musulmana es evidentemente el enclave históricamente más propicio al Islam, pero también ha ofrecido variaciones doctrinales y socio-religiosas en función de cada país y las influencias externas: por ejemplo, la revolución islámica ha hecho de Irán el país más beligerante con Occidente; la ocupación israelí ha radicalizado el integrismo en Líbano y Palestina. Siria y Jordania se mantienen en un islamismo ortodoxo y una cierta ambigüedad con respecto a Occidente. Irak ha radicalizado su discurso contra Estados Unidos usando la fe islámica y, por último, hay países en que la religión islámica y la política no tienen nada que ver porque están controlados por jeques aliados económicamente a Occidente, en virtud de sus posesiones petrolíferas: es el caso de los Emiratos Árabes Unidos, Omán o Arabia Saudí.

El volcán del Oriente Próximo: La zona en la que nació la fe musulmana es evidentemente el enclave históricamente más propicio al Islam, pero también ha ofrecido variaciones doctrinales y socio-religiosas en función de cada país y las influencias externas: por ejemplo, la revolución islámica ha hecho de Irán el país más beligerante con Occidente; la ocupación israelí ha radicalizado el integrismo en Líbano y Palestina. Siria y Jordania se mantienen en un islamismo ortodoxo y una cierta ambigüidad con respecto a Occidente. Irak ha radicalizado su discurso contra Estados Unidos usando la fe islámica y, por último, hay países en que la religión islámica y la política no tienen nada que ver porque están controlados por jeques aliados económicamente a Occidente, en virtud de sus posesiones petrolíferas: es el caso de los Emiratos Árabes Unidos, Omán o Arabia Saudí.

Osama Bin Laden y Afganistán: El fundamentalismo islámico ha presentado las masacres del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, como la respuesta desesperada del mundo islámico contra un Occidente enemigo en Palestina, Irak y otros países. Osama Bin Laden y su protector, el mulá talibán Omar, de Afganistán, se han asignado el papel vengador de los oprimidos, como Robin Hood en el siglo XXI. A pesar de contar con un considerable apoyo popular, especialmente en el vecino Pakistán, la autoproclamada "guerra santa", acaudillada por Bin Laden ha sido condenada de modo explícito por la práctica totalidad de las naciones de la órbita islámica (con la notable excepción de Irak), hasta el punto de prestar ayuda logística a la contundente respuesta miltar y diplomática instigada por Estados Unidos.

Pakistán y Bangla desh: Pese a estar dominada durante los primeros mil años de nuestra era por dos religiones principales como el hinduismo y el budismo, la India tuvo gran influencia del Islam, especialmente durante el sultanato de Delhi y las invasiones de gaznavíes y mogolas: en la India actual ha quedado un pequeño rincón para los musulmanes, pero la independencia del imperio británico dio lugar a la escisión de una parte del subcontinente que ha quedado completamente dominada por el Islam: Pakistán. A su vez, en 1971 y apoyada por la India, otra nación de mayoría musulmana (80 % frente al 18 % de hinduistas) se escindió del Pakistán: se trata de Bangla desh.

Distribución actual del Islam. Porcentaje de población islámica


Entre el 95 y el 100 %


África: Marruecos, Mauritania, Libia, Argelia, Somalia, Túnez, Comores

Asia: Turquía, Kuwait, Irak, Irán, Arabia Saudita, Yemen, Jordania, Pakistán, Afganistán, Maldivas

Entre el 75 y el 94 %


África: Egipto, Mali, Níger, Senegal, Gambia

Asia: Bangla desh, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán,Singapur, Indonesia

Entre el 50 y el 74 %


África: Sudán, Chad, Burkina Faso

Asia: Malaysia, Brunei

Entre el 25 y el 49 %


África: Tanzania, Malawi, Etiopía, Nigeria, Ghana

Asia: Kazakistán, Tadjikistán, Azerbaiján

Menos del 25 %, pero con presencia importante


África: Uganda, Madagascar, Mozambique, Camerún

Asia: China, Thailandia, Filipinas, Myanmar, Sri Lanka

Resto del mundo: Francia, EE.UU., Reino Unido, Rusia, Brasil, Alemania, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Rumania, Grecia.





lunes, 14 de febrero de 2011

Dhikr




Cantos Dhikr.
Dhikr (o Zikr , ("Memoria de Dios", "pronunciamiento", "invocación") en árabe: ذکر, plural اذكار adhakār), es un acto devocionario Islámico, caracterizado por la repetición de los nombres de Dios, súplicas o fórmulas tomados de los textos hadiz y versos del Corán. Dhikr se suele hacer de forma individual, pero en algunas órdenes Sufi se instituye como una actividad ceremonial. Al mismo tiempo, el dhikr abarca un significado más amplio en las fuentes islámicas, incluso cuando Dios es el que realiza el dhikr.

Frases a leer durante el dhikr

Hay varias frases que se suelen leer cuando recordando a Allah. Éstos son algunos:
  • Alá Akbar ho - الله أكبر significa " Alá es más grande "o" Alá es el más grande "
  • Subhan'Allah - سبحان الله significa "Gloria a Alá" o "muy por encima de Dios es de cualquier defecto o imperfección"
  • Alhamdulillah - الحمد لله significa "Alabado sea Alá"
  • La ilaha ilallah - لا إله إلا الله significa "No hay más dios que Alá"
  • La Hawla wa la quwwata Billah illa - لا حول ولاقوة إلا بالله significa "No hay poder ni fuerza excepto en Allah."

Enlaces externos












martes, 8 de febrero de 2011

René Guénon

René Guénon



Réne Guénon en 1925.
René Guénon o Abd al-Wâhid Yahyâ (15 de noviembre, Blois, 1886 - 7 de enero, El Cairo, 1951), matemático, filósofo y metafísico francés.
De profesión matemático, es conocido por sus publicaciones de carácter filosófico espiritual y su esfuerzo en pro de la conservación y divulgación de la Tradición Espiritual. Se le relaciona con Ananda Coomaraswamy, otro gran metafísico del siglo XX.
René Guénon, gran estudioso de las doctrinas orientales y de las religiones, se esforzó por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento oriental, especialmente de la India y por su defensa de las civilizaciones tradicionales frente a Occidente. Destaca su crítica a la civilización occidental desde presupuestos metafísicos y no ideológicos ni políticos. El estudio de sus libros sobre el hinduismo es indispensable para todos aquéllos que quieran profundizar en dicha tradición.


Biografía

René Guénon, hijo único de Jean-Baptiste, arquitecto, y de Anna-Léontine Jolly, nace en Blois el 15 de noviembre de 1886. Transcurre en esta ciudad una infancia y una adolescencia totalmente normales, recibiendo la primera educación de su tía materna, institutriz, y continuándola luego en la escuela de Notre-Dame des Aydes, conducida por religiosos. En 1902 pasa al Colegio Augustin-Thierry y al año siguiente se recibe de bachiller «ès lettres-philosophie».
En 1904 se dirige a París, para seguir un curso académico de matemáticas superior en el colegio Rollin. Sin embargo, en 1906 aproximadamente interrumpe sus estudios universitarios, a causa, se dice, de su salud, que según parece ya era bastante delicada desde la infancia. En el ínterin, se había establecido en la calle Saint-Louis-en-l’Ile nº 51, domicilio que mantuvo por varios años.
Después de la interrupción de los estudios académicos comenzó para René Guénon un período rico en encuentros y fecundo en escritos; sin embargo, es en extremo difícil recoger testimonios seguros sobre sus relaciones, complejas, y generadas frecuentemente por motivos que tenían una relación directa con el desarrollo de su obra escrita, en particular en su aspecto de clarificación y condena de las pseudo-doctrinas ocultistas y «teosofistas». En el período que va de 1906 a 1909 René Guénon frecuenta la «Escuela Hermética», dirigida por Papus, y se hace admitir en la Orden Martinista y en otras organizaciones colaterales. En el congreso espiritualista y masónico de 1908 en el que participa en calidad de secretario de despacho, entra en relación con Fabre des Essarts, «patriarca» de la «Iglesia Gnóstica», en la cual lleva el nombre de Synesius. René Guénon ingresa en esta organización con el nombre de Palingenius. Aquí conoce a dos personajes de notable apertura mental: Léon Champrenaud (1870-1925) y Albert Puyou, conde de Pouvourville (1862-1939), el primero entraría más tarde en el Islam con el nombre de Abdul-Haqq, el segundo un ex-oficial del ejército francés que durante su destino en Extremo Oriente había sido admitido -caso más bien único que raro para un occidental- en ambientes taoístas. Siempre en este mismo período se produce la formación de una «Orden del Templo», dirigida por Guénon; esta organización tendrá una vida breve, pero costará a su fundador el ser excluido de los grupos dirigidos por Papus. También es de este período la admisión de René Guénon a la Logia masónica Thébah, dependiente de la Gran Logia de Francia, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Es 1908 el año al que algunos hacen remontar el encuentro de Guénon con calificados representantes de la India tradicional.
En 1909 funda la revista La Gnose, donde aparecerán su primer escrito, intitulado El Demiurgo, artículos sobre Masonería y, lo que es más importante en cuanto que demuestra cómo las doctrinas orientales ya habían sido completamente asimiladas por él en esta época (contaba entonces 23-24 años), las primeras redacciones de El Simbolismo de la Cruz, El Hombre y su devenir según el Vêdânta y Los principios del cálculo infinitesimal. A fines de 1910 conoce a John Gustaf Agelii, pintor sueco devenido musulmán con el nombre de Abdul-Hadi cerca de 1897, y vinculado al Tasawwuf (esoterismo islámico) por el Sheikh Abder-Rahmân Elish el Kebir. La revista La Gnose deja de publicarse en febrero de 1912. El 11 de julio del mismo año René Guénon se casa en Blois con la Srta. Berthe Loury y, siempre en este mismo año, entra en el Islam.
A los años 1913-1914 se remonta su encuentro con un hindú, el Swami Narad Mani, quien le procura una documentación sobre la «Sociedad Teosófica» que le servirá probablemente, en parte, para la redacción del estudio sobre la organización en cuestión. Entre los años 1915 a 1919 es suplente en el colegio de Saint-Germain- en-Laye, reside en Blois (donde muere su madre en 1917) y es profesor de filosofía en Sétif (Argelia). Retorna a Blois y luego a París.
En 1924 (y hasta 1929) da lecciones de filosofía en el curso Saint-Louis; en este año tiene lugar una conferencia de prensa en la cual participa junto a Ferdinand Ossendowski (polaco, autor de una crónica de viaje a través de Mongolia y el Tíbet que había despertado un cierto interés algunos años antes), Gonzague Truc, René Grousset, y Jacques Maritain. También en 1924 aparece la obra Oriente y Occidente.
El año 1925 ve su colaboración con la revista católica Regnabit, dirigida por el R. P. Anizan, que le había sido presentado por el arqueólogo Louis Charbonneau Lassay, de Loudun (la colaboración con esta revista cesará pronto, en 1927).
El 15 de enero de 1928 fallece su esposa. En este mismo año comienza su colaboración regular con la revista Le voile d’Isis, la que desde 1933 tomará el título de Études Traditionelles.
En 1930 parte para El Cairo, donde se establecerá definitivamente, desposando en 1934 a la hija del Sheikh Mohammed Ibrahim, con la que tuvo cuatro hijos (dos varones y dos niñas), uno de ellos póstumo. El resto de su obra de clarificación doctrinal fue compuesta en el período de su estadía en Egipto, período que va de 1930 a 1951, año en el que muere, el día 7 de enero.
(Extracto de ¿Vida simple de René Guénon?, de Pietro Nutrizio, Rivista di Studi Tradizionali Nº19, abril-junio de 1966, del sitio web Revista de Estudios Tradicionales)

Análisis de su obra

Su obra escrita se puede dividir en varios bloques temáticos:
  • exposición de doctrinas orientales y principios metafísicos: aquí se encuentran obras como Introducción General al estudio de las Doctrinas Hindúes (su primera obra, que escribió por encargo y que es una introducción a la Tradición en general), Los estados múltiples del Ser o Principios del cálculo infinitesimal;
  • estudios sobre simbolismo y su interpretación ortodoxa tradicional, en este apartado se encuadran los numerosos artículos escritos para la revista El velo de Isis que posteriormente pasaría a llamarse Revista de Estudios Tradicionales. Estos artículos fueron compilados por Michel Vâlsan en la obra póstuma Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada y en La Gran Tríada;
  • ensayos relativos a la Tradición Primordial, la Iniciación y las sociedades iniciáticas tanto actuales (Masonería) como históricas: El Rey del Mundo;
  • reflexiones críticas sobre el mundo moderno y la sociedad occidental. Contra lo que podría parecer René Guénon estuvo muy preocupado por el mundo presente.
Partiendo de una fuerte crítica a la sociedad occidental pueden distinguirse tres etapas cronológicas en su toma de postura respecto a la cuestión, etapas que se corresponden a su vez con las tres obras en que aborda principalmente el problema de la modernidad:
  1. Oriente y Occidente es la primera de ellas, aborda la falta de comprensión y entendimiento entre esos dos mundos que denominamos Oriente y Occidente, condenados a entenderse si no quieren aniquilarse recíprocamente y perecer. René Guénon defiende una salida inevitablemente dialogada a esta tradicional oposición como vía para lograr el entendimiento entre las diferentes culturas. Hay que señalar que pese a traslucir un optimismo ingenuo es precursor al señalar esta confrontación (o conflicto) que hoy día está en el punto de mira de todos los analistas del mundo actual.
  2. La Crisis del Mundo Moderno, a la luz de los acontecimientos que se sucedían en el período de entreguerras René Guénon ve matizado su optimismo, pero no abandona la idea de que el entendimiento entre ambos y la rectificación en vista a una vuelta a la normalidad de Occidente, son posibles. Su análisis se sustenta en la confianza de preservación (en cierta medida) del Espíritu Tradicional en el extremo Oriente, en particular en las culturas china e india.
  3. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos. Sin duda su mayor, más completa, ambiciosa y acabada obra. Sus anteriores optimismo y confianza dan lugar a un análisis más duro y frío en el que domina el pesimismo y quizá cierto desapego por el destino de la civilización humana actual. En efecto, la Guerra Mundial no deja lugar para la esperanza ni el optimismo. En esta obra René Guénon analiza la civilización occidental partiendo de los principios generales del Vedânta y situándola dentro del marco de las Cuatro Edades (Yugas) que establece la Tradición. Las conclusiones son tan demoledoras como preocupantes por lo que suponen a futuro.
Esta clasificación temática de la obra de René Guénon no es rigurosa pues en cada obra se encuentran contenidos pertenecientes a los otros campos. Sería vano intentar sistematizar una obra tan interdisciplinar y que se quiere abierta, a diferencia de un sistema filosófico que pretende siempre ser completo y cerrarse sobre sí mismo. Su obra no intenta ser un sistema cerrado, definido y acabado sino una mirada abierta y múltiple sobre el mundo, llena de sugerencias y referencias a todos los campos.

Pensamiento

René Guénon define el mundo moderno como la degeneración e inversión del mundo Tradicional. Por una parte el carácter decisivo de la modernidad es su carácter anti-tradicional, su negación de toda herencia del pasado y su falta de reconocimiento de cualquier deuda con una sabiduría o cultura anterior. La oposición clásica entre Occidente y Oriente no es geográfica sino ideológica y doctrinal. Por eso se puede decir, un poco paradójicamente, que mientras Europa fue tradicional (en la Edad Media) se la podía calificar de "oriental" desde nuestra perspectiva actual. Del mismo modo el Oriente actual, investido de pensamiento occidental, no es ya "oriental", está occidentalizado (o en otras palabras des-orientado, si tomamos el sentido simbólico y profundo del término). En efecto, como advertía René Guénon, la Edad Media estaba más cercana a la civilización india o extremo-oriental que a nuestra sociedad actual en cualquiera de sus aspectos. De hecho el carácter tradicional de la Edad Media aseguraba y garantizaba un permanente contacto y diálogo con el Oriente tanto geográfico como doctrinal.
La conclusión última de su obra (contenida principalmente en El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos) es que la condición del mundo moderno testimonia el fin del ciclo actual de la humanidad, algo que señalan simbólicamente los mismos términos Oriente y Occidente (en particular éste último, tomado por nuestra misma civilización para auto-denominarse, lo que no deja de ser llamativo). René Guénon encuentra la prueba de esto en la desaparición progresiva de la Tradición dentro de las sociedades occidentales. Al respecto, una de sus grandes aportaciones son los términos de "seudo-iniciación" y "contra-iniciación". René Guénon se esfuerza por desmontar tanto en la forma como en el fondo aquellas organizaciones que siendo presuntamente tradicionales tienden en realidad a subvertir la verdadera organización tradicional, en la mayoría de las ocasiones por ignorancia de la verdadera doctrina tradicional que les lleva a construir y abrazar una seudo-doctrina.
René Guénon nunca negó su vinculación a la Franc-Masonería, en la que fue iniciado, aunque no cesó de denunciar el carácter superficial y seudo-esotérico que se había instalado en la misma institución por ignorancia de su verdadera función y objetivo.
Guénon afirma que su enseñanza no se debe a un pensamiento de corte individual o personal, influenciado por alguna filosofía particular. Por el contrario él se escapa del cuadro moderno de ciencias y filosofía y se encuadra más bien en el nivel de la pura metafísica y los principios universales. Y aborda estos objetivos con lógica y rigor con la intención de rendir sus obras a todos aquellos que buscan todavía la verdad en el mundo.

Críticas a su obra

A lo largo del siglo XX la obra de René Guénon ha generado un importante debate, con apologistas y opositores de las más diversas formaciones.
Entre quienes han reconocido “activamente” el valor de su obra se encuentran los colaboradores de la Rivista di Studi Tradizionali de Torino, Italia, publicación que ha favorecido la difusión de los escritos de René Guénon en lengua italiana, teniendo a su cargo inclusive la traducción de muchos de los mismos.
Entre los opositores, pueden señalarse:
- aquellos que, especialmente en el ámbito académico, como por ej. Umberto Eco, rechazan completamente sus premisas, métodos y conclusiones, por no considerarlas de carácter científico;
- aquellos que, como Giuliano Di Bernardo, lo definen como un pensador francés “convertido” al Islam, un tradicionalista “reaccionario” o las dos cosas;
- aquellos que, como Jean Daniélou por ej., critican a René Guénon por no considerar la aparición de Cristo como la “irrupción de lo sagrado que ha cambiado el curso de la historia”, y que rechazan las soluciones propuestas respecto de la iniciación (Sufismo y Masonería) en tanto que afirman el valor iniciático de los sacramentos cristianos y niegan la posibilidad de la realización metafísica, es decir de la superación de la distinción “Creador-criatura”;
- aquellos que, como Julius Evola, considerando solamente el aspecto de “crítica de la modernidad” de René Guénon (reduciéndola sin embargo a una cuestión principalmente de orden socio-político), rechazan las soluciones propuestas tanto para la iniciación así como para diversas cuestiones de orden doctrinal, como por ejemplo la subordinación de la acción a la contemplación.
- aquellos que fueron contemporáneos de René Guénon y que provienen del ámbito ocultista, seudo-esotérico o teosófico, tales como Paul LeCour o Gustave Bord. La respuesta de René Guénon a estos autores figura en obras como El Teosofismo: historia de una seudoreligión o Estudios sobre la Masonería y el Compañerazgo.
Otros autores aceptan parcialmente la obra de Guénon, con diferentes matices. Entre ellos se distinguen, muy sintéticamente:
- quienes aceptan el planteo general pero rechazan la solución de la Masonería en favor de la del Sufismo (por ej. Michel Vâlsan y Titus Burckhardt);
- quienes aceptan el planteamiento general de R. Guénon pero sustituyen la idea de “metafísica” por la de “unidad trascendente de las religiones”, reconociéndose en una “escuela” autodenominada perenialismo, cuyo origen reconduce al mismo Guénon (por ej. Frithjof Schuon y Martin Lings);
- quienes, como Jean Reyor, aceptan algunas premisas pero, rechazando las soluciones propuestas para la iniciación (Sufismo y Masonería), formulan las propias (Catolicismo) en artículos “que complementan la obra de René Guénon”, en documentos “confidenciales” y en biografías firmadas por otros (como es el caso de “La Vida simple de René Guénon”); a menudo el tono y los métodos adoptados parecen configurar estos trabajos más como un intento por desviar al lector de las ideas expresadas en la obra de René Guénon, que como una serena confrontación en el plano intelectual.

Obras

Obras de René Guénon, según el año de la primera edición:
  • 1921 - Introducción General al estudio de las doctrinas hindúes.
  • 1921 - El Teosofismo, historia de una seudoreligión.
  • 1923 - El Error Espiritista.
  • 1924 - Oriente y Occidente.
  • 1925 - El Esoterismo de Dante.
  • 1925 - El Hombre y su devenir según el Vedânta.
  • 1927 - El Rey del Mundo.
  • 1927 - La Crisis del Mundo Moderno.
  • 1929 - Autoridad espiritual y poder temporal.
  • 1929 - San Bernardo.
  • 1931 - El Simbolismo de la Cruz.
  • 1932 - Los estados múltiples del ser.
  • 1939 - La Metafísica Oriental.
  • 1945 - El Reino de la Cantidad y los signos de los tiempos.
  • 1946 - Consideraciones acerca de la Iniciación.
  • 1946 - La Gran Tríada.
  • 1946 - Los Principios del Cálculo Infinitesimal.
Publicaciones póstumas:
  • 1952 - Iniciación y Realización Espiritual.
  • 1954 - Consideraciones sobre el esoterismo cristiano.
  • 1962 - Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada.
  • 1968 - Estudios sobre hinduismo.
  • 1970 - Formas tradicionales y Ciclos Cósmicos.
  • 1973 - Apreciaciones sobre el esoterismo islámico y el Taoísmo.
  • 1973 - Reseñas
  • 1973 - Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo.

Bibliografía

  • Chacornac, P., La vida simple de Rene Guenon, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1987
  • Mahmud, Abdul Halim, "al-'arif bi-llah al-shayj Abdul Wahid Yahya", Qadiyya al-tasawwuf, Dar al-Marifa s/f 4ª edición. Capítulo dedicado a René Guénon por el Shaij al-Azhar Abdul Halim Mahmud, en este estudio sobre los maestros de la tariqa Shadhiliyya.

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