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domingo, 3 de febrero de 2013

La Creencia en los Profetas




Creer en los profetas a quienes Dios eligió para llevar Su mensaje a los seres humanos es un artículo necesario de la fe islámica.
“El Mensajero y sus seguidores creen en lo que le fue revelado por su Señor.  Todos creen en Allah, en Sus Ángeles, en Sus Libros y en Sus Mensajeros.  No hacemos diferencia entre ninguno de Sus Mensajeros.” (Corán 2:285)
Dios transmite Su mensaje y evidencia Su voluntad a través de los profetas.  Ellos establecen una relación entre los seres en la tierra y los cielos, en el sentido que Dios los ha elegido para transmitir Su mensaje a los seres humanos.  No hay otros canales por donde recibir comunicaciones divinas.  Es el sistema de comunicación entre el creador y la creación.  Dios no envía ángeles a cada individuo, ni tampoco abre los cielos para que la gente suba a recibir el mensaje.  Su vía de comunicación es a través de los profetas que reciben el mensaje.
Tener fe en los Profetas (o Mensajeros) es creer firmemente en que Dios ha elegido hombres rectos y morales para que transmitan Su mensaje a la humanidad.  Bendecidos fueron aquellos que los siguieron, y miserables los que se negaron a creer.  Ellos trasmitieron el mensaje, sin esconderlo, ni alterarlo o corromperlo.  Rechazar a un profeta es rechazar a quien lo ha enviado, y desobedecer a un profeta es desobedecer a Quien ordenó que lo obedecieran.
Dios envió al menos un profeta a cada nación de entre ellos mismos, para exhortarlos a adorar solamente a Dios y abandonar las falsas deidades.
“Y pregunta [a los pueblos que] les enviamos Mensajeros antes de ti: ¿Acaso les autorizamos que adorasen a otro fuera del Misericordioso?” (Corán 43:45)
Los musulmanes creen en aquellos profetas que se mencionan por su nombre en las fuentes islámicas, como Adán, Noé, Abraham, Isaac, Ismael, David, Salomón, Moisés, Jesús y Muhámmad, que la paz de Dios sea con todos ellos, para nombrar sólo a algunos.  Hay una creencia general acerca de los que no se mencionan por su nombre, como Dios dice:
“Por cierto que enviamos otros Mensajeros antes de ti; de algunos de ellos te hemos relatado [su historia] y de otros no.” (Corán 40:78)
Los musulmanes creemos firmemente en que el último de los profetas fue el profeta del Islam, Muhámmad, y que no habrá otro profeta o mensajero después de él.
Para comprender este hecho, uno debe entender que las enseñanzas del último de los profetas se preservan en su lengua original en sus fuentes primarias.  No hay necesidad de otro profeta.  En el caso de los profetas anteriores, sus escrituras se perdieron o su mensaje se corrompió a tal punto que la verdad apenas se distinguía de la mentira.  El mensaje del Profeta Muhámmad es claro y se mantiene y mantendrá hasta el final de los tiempos.

La razón de enviar Profetas

Podemos identificar las siguientes razones del envío de los profetas:
(1)  Guiar a la humanidad para abandonar la adoración de los seres creados y orientarse a la adoración de su Creador, para cambiar de un estado de servidumbre a la creación, a la libertad de adorar a su Señor.
(2)  Aclarar a la humanidad el propósito de la creación: adorar a Dios y obedecer Sus ordenes, así como también aclarar que esta vida es una prueba para cada individuo, una prueba cuyos resultados decidirán el tipo de vida que uno llevará  después de la muerte; una vida de eterna infelicidad o de eterna alegría.  No hay otra manera definitiva de encontrar el verdadero propósito de la creación.
(3)  Mostrarle a la humanidad el camino correcto que los llevará al Paraíso y a la salvación contra el Fuego del Infierno.
(4)  Establecer pruebas al enviar profetas, para que la gente no tenga excusas cuando sean cuestionados en el Día del juicio.  No podrán alegar que ignoraban el propósito de su creación y la vida después de la muerte.
(5)  Evidenciar el mundo invisible que existe más allá de los sentidos y el universo físico, como el conocimiento de Dios, la existencia de los ángeles y la realidad del Día del Juicio.
(6)  Proporcionarle al ser humano ejemplos prácticos para que sigan una vida alentada por la moral, la virtud y el propósito, libre de dudas y confusión.  Innatamente, los seres humanos buscamos ejemplos en el prójimo, por lo tanto, los mejores ejemplos de virtuosidad para que sigamos son los de los profetas enviados por Dios.
(7)  Purificar el alma del materialismo, el pecado y la irresponsabilidad.
(8)  Transmitir a la humanidad las enseñanzas de Dios, que son para su propio beneficio en esta vida y en el Más Allá.

Su Mensaje

El mensaje más importante de todos los profetas a sus pueblos fue que adoraran solamente a Dios y a nadie más y que siguieran Sus enseñanzas.  Todos ellos, Noé, Abraham, Isaac, Ismael, Moisés, Aarón, David, Salomón, Jesús, Muhámmad y otros, además de aquellos que no conocemos, invitaron a la gente a adorar a Dios y abandonar los falsos dioses.
Moisés declaró: “Escucha, Oh Israel, El Señor nuestro Dios es un Señor Único.” (Deuteronomio 6:4).
Esto fue repetido 1500 años más tarde por Jesús, cuando dijo: “El primero de todos los mandamientos es: “Escucha, Oh Israel El Señor nuestro Dios es un Señor Único” (Marco 12:29).
Finalmente, el llamado de Muhámmad 600 años mas tarde repercutió a través de las colinas de Meca:
“Y tu Dios es un Dios Único: no hay otro más que Él.” (Corán 2:163)
El Sagrado Corán declara este hecho claramente:
“Y por cierto que a todos los Mensajeros que envié antes de ti [¡Oh, Muhámmad!] les revelé que no existe más divinidad que Yo, [y les ordené:] ¡Adoradme sólo a Mí!” (Corán 21:25)

Los portadores del Mensaje

Dios eligió a los mejores seres humanos para transmitir Su Mensaje.  El don de la profecía no se gana o se adquiere como la educación.  Dios elige a quién Él desea para este propósito.
Fueron los mejores moralmente y eran aptos mental y físicamente, protegidos por Dios para no caer en pecados capitales.  No erraban ni cometían errores al transmitir el mensaje.  Fueron alrededor de cien mil profetas enviados a toda la humanidad, a todas las naciones y razas, en todas las latitudes del Planeta.  Algunos profetas fueron superiores a otros.  Los mejores de ellos fueron Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Muhámmad, que la paz de Dios sea con ellos.
Generalmente eran rechazados por sus pueblos, acusados de ser hechiceros, dementes y hasta mentirosos.  Otros fueron tomados por dioses al atribuirles poderes divinos, o declararlos hijos de Dios, como sucedió con Jesús.
En realidad, eran seres humanos sin ningún atributo o poder divino.  Eran siervos devotos de Dios.  Comían, bebían, dormían, y vivían una vida normal como cualquier ser humano.  No poseían el poder de hacer que alguien acepte su mensaje o de perdonar los pecados.  Su conocimiento del futuro estaba limitado a lo que Dios les había revelado.  No tenían injerencia en el funcionamiento y sustento del universo.
Por Su infinita misericordia y amor, Dios envió profetas a la humanidad, guiándolos a lo mejor y más sublime.  Los envió como un ejemplo a seguir, y quien así lo haga, vivirá una vida de acuerdo a la complacencia de Dios, obteniendo Su amor y agrado.

¿Por qué tantas religiones?



Por Yusuf Estes
Si sólo hay un Dios, ¿por qué hay tantas religiones?
Todas las religiones se originaron con Allah, y luego la gente comenzó a añadir o quitar de las enseñanzas a fin de tener control sobre las otras.
“…Hoy quienes no creen han desesperado de vuestra religión. ¡No les tengáis, pues, miedo a ellos, sino a Mi! Hoy os he perfeccionado vuestra religión, he completado Mi gracia en nosotros y Me satisface que sea el Islam vuestra religión. Si alguien se ve compelido durante un hambre, sin intención de pecar… Allah es indulgente, misericordioso.”Sura Al Maidah (de la Mesa Servida): 3.
Allah no obliga a nadie a someterse a Él. Él ha trazado un camino claro y luego dio a conocer los dos caminos (el Cielo y el Infierno). La persona es siempre libre de hacer su propia elección.
No hay coacción en la religión. En verdad, el camino recto se ha diferenciado del mal camino. Quien no crea en los falsos dioses y falsas adoraciones, y crea en Allah, entonces, ha captado la adoración más verdadera, que nunca se romperá. Y Allah es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe.
“Allah es el amigo de los que creen, les saca de las tinieblas a la luz. Los que no creen, en cambio, tienen como amigos a los taguts (dioses falsos y adoración falsa), que les sacan de la luz a las tinieblas. Ésos morarán en el Fuego eternamente.” Sura Al Baqarah (de la Vaca): 257.
No hay coacción en el camino del “Islam”. Quien elige adorar a Allah sin asociados, y es devoto de Él y obedece Sus órdenes tanto como le sea posible, ha captado el asidero firme que nunca se romperá. Quien niega a Dios y elije otro camino de adoración, o no cree en absoluto, para ellos hay un castigo permanente, que es el más horrible (Infierno).
La gente comenzó a separarse en diferentes grupos debido a su rechazo de la verdad y a la negación de las pruebas claras cada vez más evidentes que su Señor les envió.
Y la gente de la Escritura (judíos y cristianos) no diferían entre ellos hasta después de que las evidencias claras llegaron a ellos.
“Pero no se les ordenó sino que sirvieran a Dios, rindiéndole culto sincero como hanifes, que hicieran la Azalá (oraciones) y dieran el Azaque (Zakat). Ésa es la religión verdadera.” Sura Al Bayyinah (de la Evidencia): 5.
Dios advierte a los musulmanes el no caer en la misma trampa como la gente que les precedió, al discutir unos con otros y separarse en diferentes grupos religiosos:
“¡No seáis como quienes, después de haber recibido las pruebas claras, se dividieron y discreparon! Esos tales tendrán un castigo terrible el día que unos rostros estén radiantes y otros hoscos. A aquéllos cuyos rostros estén hoscos: ‘¿Habéis dejado de creer luego de haber creído? Pues ¡gustad el castigo por no haber creído!’” Sura Ali Imran (de la Familia de Imran): 105 – 106.
La gente mintió sobre las revelaciones, han cambiado sus escrituras y maltrataron e incluso mataron a sus profetas que Allah les envió.
“Algunos de ellos trabucan con sus lenguas la Escritura para que creáis que está en la Escritura lo que no está en la Escritura, diciendo que viene de Alá, siendo así que no viene de Alá. Mienten contra Alá a sabiendas. No está bien que un mortal a quien Alá da la Escritura, el juicio y el profetismo, vaya diciendo a la gente: ‘¡Sed siervos míos y no de Alá!’ Antes bien: ‘¡Sed maestros, puesto que enseñáis la Escritura y la estudiáis!’” Sura Ali Imran (de la Familia de Imran): 78 – 79.
Los profetas de Allah sólo pidieron a la gente a adorar a Allah, como Un solo Dios sin asociados. Ellos nunca le pedirían a la gente a adorarlos a ellos ni a nada más. Allah nos dice en el Corán:
“Allah no os ordena que toméis como señores a los ángeles y a los profetas. ¿Es que iba a ordenaros que fuerais infieles, después de haberos sometido a Él?” Sura Ali Imran (de la Familia de Imran): 80.
El hombre hizo las religiones como una abominación ante el Señor, y nunca serán aceptadas.
“¿Desearían una religión diferente de la de Allah, cuando los que están en los cielos y en la tierra se someten a Él de agrado o por la fuerza? Y serán devueltos a Él.” Sura Ali Imran (de la Familia de Imran): 83.
Allah sólo aceptará la verdadera sumisión, con obediencia y en pureza y en paz a Sus mandamientos.
“Si alguien desea una religión diferente del Islam, no se le aceptará y en la otra vida será de los que pierdan.” Sura Ali Imran (de la Familia de Imran): 85.
 A creer en Allah y seguir Sus mandamientos ha sido el mensaje de todos los profetas del monoteísmo.

sábado, 2 de febrero de 2013

Musulmanes ante reyes




La Tradición musulmana está llena de brillantes ejemplos de sabiduría y justicia, y de valor ante los déspotas y tiranos. Desde los almímbares de las mezquitas siempre se ha recordado a la Nación la postura de dignidad y profunda espiritualidad que debe animar a todo musulmán que lo sea sinceramente. Aceptar a un tirano, acomodarse a él, justificar sus injusticias y desmanes, esperar ser beneficiado por él,... ello está en las antípodas del Islam, es lo opuesto a los fundamentos más elementales del Dîn. Siempre se ha puesto el acento en esto. No se trata de una excepción, sino de la regla. Es lo que está en el origen del carácter insumiso de los musulmanes. Es signo de decadencia del Islam el que los musulmanes toleren o excusen a los déspotas, que los adulen o que agachen la cabeza ante ellos, o que aspiren a ser cortesanos. El Islam es ponerse en las Manos de Allah Uno-Único. Las bochornosas escenas de sumisión a reyes y presidentes, el culto a los líderes, todo ello es contrario a la mejor Tradición islámica, y son el resultado de una hipocresía y vileza que merecen la condena de los musulmanes.
            Hay miles de ejemplos que constantemente se recuerdan a los musulmanes para alentar en ellos la repulsa a la injusticia y la tiranía. Forman toda una literatura de gran calado social, un referente que mantiene viva la esperanza en la fuerza del Islam para oponerse a los usurpadores. El Ihyâ ‘Ulûm ad-Dîn, la obra más importante del Imâm al-Gazzâli, es una enciclopedia que ha tenido y tiene una enorme influencia entre los musulmanes. Entresacamos de dicha obra sólo algunos poquísimos ejemplos entre los cientos que cita el autor.
        

           *Sa‘îd ibn ‘Âmir dijo al califa ‘Omar ibn al-Jattâb: “Voy a comunicarte como legado unas palabras que resumen el Islam y te darán a conocer sus estandartes. Teme a Allah en las gentes y no temas a las gentes en Allah (s decir, se justo para con las gentes, pero no te dejes influir por ellos). Que tus acciones no contradigan tus palabras, pues las mejores palabras son las confirmadas por las acciones. Quiere para cada musulmán, sea próximo a ti o lejano, lo que quieres para ti mismo y para la gente de tu casa. Sé en favor de la verdad y la justicia ahí donde las reconozcas, y no te importen los esfuerzos por ellas. Y en la verdad no temas la censura de nadie”. El califa le dijo: “¿Y quien puede hacer eso?”. Y el sabio le respondió: “Quien acepte el yugo que tú has aceptado”.

         *Qatâda contó que el califa ‘Omar ibn al-Jattâb salió en cierta ocasión de la mezquita y Yârûd iba en su compañía. En la calle se encontraron con una mujer a la que ‘Omar saludó y ella respondió a su saludo y le dijo: “¡Eh, ‘Omar! Te conocí cuando te llamaban ‘Omarillo en el zoco de ‘Okâz, después creciste y la gente empezó a llamarte ‘Omar. Ha pasado el tiempo y ahora eres el Príncipe de los Creyentes, el que cuida de la creación de Allah. Tienes que saber que el que teme la muerte no pierde el tiempo”. ‘Omar lloró al escuchar las palabras de la mujer, y Yârûd le lanzó reproches: “¿Cómo te atreves a censurar al Príncipe de los Creyentes hasta hacerle llorar?”. ‘Omar le mandó callar y le dijo: “No la silencias. ¿Es que no sabes quién es? Es Jawla bint Hakîm, cuyas palabras escuchó Allah, ¿cómo yo habría de hacerme el sordo?”. (Jawla bint Hakîm es a la que se refiere el Corán cuando, en Sûrat al-Muÿâdala, cuenta que una mujer acudió ante el Profeta (s.a.s.) para quejarse de su marido y Allah sentenció en su favor).

         *Un anciano de la tribu de los Açd entró a donde estaba el califa Mu‘âwiya y lo recriminó diciéndole: “Teme a Allah, oh Mu‘âwiya. Cada día que pasa, cada noche que te llega, no hacen sino apartarte más de esta vida. El tiempo pasa para alejarte del mundo y acercarte a Allah. Y te persigue un demandante al que no podrás escapar. Y tienes un límite que no podrás superar en el que te alcanzará el querellante, que es la muerte. Todo esto y yo, y tú, desapareceremos para encaminarnos a lo que no tiene fin, para bien o para mal”.

         *El califa Sulaimân ibn ‘Abd al-Málik llegó a Medina y permaneció en ella tres días. El último de esos días dijo: “¿No queda en esta ciudad nadie de los que conocieron en vida al Profeta para que pueda trasmitirnos algunas enseñanzas?”. Le respondieron: “Sí, hay uno al que llaman Abû Hâçim”. El califa ordenó que lo trajeran ante él, y le dijo: “Oh, Abû Hâçim, ¿a qué se debe tu desdén?”.
-“¿A qué desdén te refieres?”.
-“Los notables de la ciudad han acudido a mí y tú no has venido a visitarme”.
-“No nos conocemos y no me siento obligado hacia ti”.
-“Tienes razón, Sháij. Respóndeme, ¿por qué temo a la muerte?”.
-“Porque te has afanado en esta vida y has arruinado lo que te aguarda tras la muerte, y temes pasar de lo construido a la desolación de lo demolido”.
-“Dices la verdad, Sháij. ¿Cómo será nuestra presencia ante Allah?”.
-“Quien haya hecho bien en esta vida se presentará como el viajero que ha estado ausente durante un tiempo, alegre de retornar junto a los suyos y bien recibido por quienes le aguardaban. Pero el que se haya alejado de Allah en vida, volverá junto a Él a la fuerza, atemorizado, entristecido”.
El califa lloró al oir las palabras del sabio, y le dijo: “¿Qué puedo hacer?”.
-“Coteja tu vida con las enseñanzas del Libro de Allah, y sabrás lo que tienes que hacer”.
-“¿Dónde encontraré lo que necesito en el Libro de Allah?”.
-“Lo que necesitas está en las palabras: ‘Para los justos, el disfrute de un Jardín Eterno; y para los perversos, el tormento de un Fuego Eterno’...”.
-“Oh, Abû Hâçim, ¿qué me dices de la Misericordia de Allah?”.
         -“Está cerca de los excelentes”.
         -“¿Quién está dotado de buen juicio?”.
         -“Quien aprende la sabiduría y la comunica a la gente”.
         -“¿Y quién es el insensato?”.
         -“Quien se humilla ante las arbitrariedades de un tirano por alcanzar un bien mundanal, arruinando su vida junto a Allah”.
         -“Allah, ¿a quién escucha?”.
         -“A los que se allanan ante Él”.
         -“¿Cuál es la mejor generosidad?”.
         -“La del que tiene poco”.
         -“¿Qué piensas de mí?”.
         -“Exímeme de responderte a eso”.
         -“Es un consejo que te pido” (el musulmán está obligado a brindar consejo, y así el califa lo forzaba a responder).
         -“Ha habido quienes se han apoderado violentamente del califato, sin consultar a los musulmanes y sin buscar su consentimiento. Han derramado por ello sangre con tal de beneficiarse con cosas mundanales. ¿Qué habrán dicho a Allah? ¿Qué les habrá dicho Él?”.

         Algunos cortesanos reprendieron a Abû Hâçim por estas últimas palabras, y él les contestó: “Vosotros mentís. Allah ha pactado con los sabios que trasmitieran la verdad y no la ocultaran”.

         Admirado ante su firmeza, el califa dijo a Abû Hâçim: “Acompáñame de ahora en adelante. Tú te beneficiarás de mi y yo de ti”.
         -“¡Allah no lo quiera! Confiaría en vosotros y la debilidad se apoderaría de mí, envileciéndome en este mundo y junto a Allah”.
         -“Dame un último consejo”.
         -“Que Allah te encuentre donde debes estar y no te encuentre donde te prohibe estar”.

         El califa quiso hacer un obsequio a Abû Hâçim, y este lo rechazó. Uno de los notables de Medina, cortesano y reputado conocedor del Islam, quiso apovechar el desaire para desacreditar a Abû Hâçim y dijo: “No es nadie. Es mi vecino desde hace treinta años y jamás le he dirigido la palabra”. A lo que Abû Hâçim respondió: “Allah te ha ignorado y por eso me has ignorado”. Ofendido, el envidioso se sintió despreciado ante el califa, pero el califa entendió las palabras de Abû Hâçim y dijo: “Quiere decir que has ignorando los derechos de la vecindad. Un  musulmán no puede estar sin dirigir la palabra a su vecino, con los que has descubierto tu misma ignorancia”.

         Abû Hâçim dijo: “Cuando los judíos estaban bien con Allah, sus reyes temían a los sabios y los necesitaban, y los sabios huían de ellos para no sufrir su influencia. Pronto hubo gente que se dio cuenta de eso, y los más miserables aprendieron la ciencia para acercarse a los reyes y lograr sus favores. Fue entonces cuando comenzó su decadencia. Cuando los sabios no tienen dignidad ni respetan aquello de lo que son depositarios, entonces se extiende la corrupción, y nadie los respeta y la sabiduría pierde valor”.

         Los cortesanos dijeron: “¿Te estás refiriendo a nosotros?”.
         Y Abû Hâçim concluyó diciendo: “Es como lo oís”.

viernes, 1 de febrero de 2013

Los 99 nombres de Allah





01 ar-Rahmân  (el Posibilitador de existencia)
02 ar-Rahîm    (el que conduce a cada criatura hasta su plenitud)
03 al-Málik      (el Rey al que todo está sometido y a nada se somente)
04 al-Quddûs (el Inefable, el Irrepresentable),
05 as-Salâm     (el que es Paz en sí y proporciona seguridad)
06 al-Mûmin    (el que propicia el Imán, el que abre las criaturas hacia Él)
07 al-Muháimin  (el que prevalece en todas las cosas)
08 al-´Açîç        (el Poderoso y es inaccesible en sí)
09 al-Yabbâr   (el Avasallador, el Dominador)
10 al-Mutakábbir (el Arrogante, el Soberbio en su grandeza)
11 al-Jâliq (el Creador, el Existenciador)
12 al-Bâri (el Iniciador de todas las cosas)
13 al-Musáwwir (el Creador de Imágenes, Modelador, el Dador de formas)           
14 al-Ghaffâr (el Tolerante, que recubre con un velo las torpezas )
15 al-Qahhâr (el Reductor, el Aniquilador)
16 al-Wahhâb (el Dador)
17 ar-Raççâq (el Proveedor, el que sostiene a las criaturas y las nutre)
18 al-Fattâh   (el que abre, el que da la victoria y deshace las dificultades)
19 al-´Alîm (el Conocedor)
20 al-Qâbid (el que constriñe, el que aprieta, el que agobia)
21 al-Bâsit (el expandidor, el que alegra y proporciona regocijo)
22 al-Jâfid (el que hunde, dl Degradador)
23 ar-Râfi´   (el que eleva a las criaturas)
24 al-Mu´içç (el ennoblecedor)
25 al-Mudzill   (el Envilecedor, el que humilla)
26 as-Samî´    (el que oye)    
27 al-Basîr    (el que ve)
28 al-kam  (el Árbitro, el Mediador)
29 al-´Adl   (el Justo)
30 al-Latîf   (el Sutil)
31 al-Jabîr   (el Bien Informado)
32 al-Halîm  (el Dulce)
33 al-´Azîm   (el inmenso)
34 al-Ghafûr   (el Tolerante, el Disculpador)
35 ash-Shakûr (el agradecido)
36 al-´Alíy   (el Elevado, el Trascendente)
37 al-Kabîr  (el Grande)
38 al-Hafîz  (el Protector)
39 al-Muqît  (el Nutriente)
40 al-Hasîb   (el que lleva la cuenta de las cosas)
41 al-Yalîl   (el Majestuoso)
42 al-Karîm (el Generoso, el Noble)
43 ar-Raqîb (el Vigilante)
44 al-Muÿîb  (el que responde a las criaturas)
45 al-Wâsi´ (el Amplio)
46 al-Hakîm    (el Sabio)
47 al-Wadûd   (el que ama con fidelidad, el amante tierno)
48 al-Maÿîd   (el Glorioso)
49 al-Bâ´iz     (el que despierta a los muertos, el que gobierna la vida)
50 ash-Shahîd (el Testimoniador)
51 al-Haqq      (la Verdad)
52 al-Wakîl   (el Valedor, aquél en quien se deposita confianza)
53 al-Qawí  (el Fuerte)
54 al-Matîn   (el Sólido)
55 al-Walí   (el Aliado, el Íntimo)
56 al-Hamîd   (el Elogiado)
57 al-Múhsî   (el que abarca todas las cosas)
58 al-Múbdi   (el Principiador)
59 al-Mu´îd   (el Recreador)
60 al-Múhyi   (el Revivificante)
61 al-Mumît   (el que da la muerte)
62 al-Háyy    (el Viviente)
63 al-Qayyûm  (el Subsistente)
64 al-Wâÿid   (el Autoexistente, la Emoción)
65 al-Mâýid     (el Ilustre, el Reconocido por todas las criaturas)
66 al-Wâhid    (el Uno)
67 al-Ahad   (el Único)
68 as-Sámad   (el Indivisible, el Resistente al que nada afecta)
69 al-Qâdir    (el Poderoso, el Capacitador)
70 al-Múqtadir  (el Determinador)
71 al-Muqáddim    (el Anteponedor)
72 al-Muájjir    (el Posponedor)
73 al-Awwal (el Primero)
74 al-Âjir   (el Último)
75 az-Zâhir  (el Manifiesto, el Evidente)
76 al-Bâtin   (el Oculto, el Inmanifiesto)
77 al-Wâlî   (el Rector, el Orientador)
78 al-Muta´âli  (el Enaltecido)
79 al-Bárr  (el Benéfico)
80 at-Tawwâb (el Vuelto hacia las criaturas)
81 al-Múntaqim   (el Vengador, el Violento)
82 al-´Afúw   (el Condescendiente)
83 ar-Raûf    (el Benévolo)
84 al-Mâlik al-mulk    (Soberano del mundo fÍsico)
85 dzû al-ÿalâli wa al-ikrâm  (Soberano de la Nobleza y Majestad)
86 al-Múqsit   (el Equitativo)
87 al-Yâmi´ (el Reunidor, el Integrador)
88 al-Ghaní   (el Rico, el Exuberante y lo posee todo)
89 al-Múghni   (el que enriquece y basta a sus criaturas)
90 al-Mâni´  (el que impide, el que arrebata)
91 ad-Dârr    (el Dañino)
92 an-Nâfi´   (el Útil)
93 an-Nûr     (la Luz)
94 al-Hâdî    (el Guía)
95 al-Badî´ (el Innovador)
96 al-Bâqî    (el Permanente, el Eterno)
97 al-Wâriz   (el Heredero)
98 ar-Rashîd   (el Encaminador)
99 as-Sabûr     (el Paciente)  

Las bebidas alcohólicas y los estupefacientes (las drogas)



En el Islam se emplea el término jamrvino, para designar toda sustancia alcohólica cuya ingestión provoca ebriedad. Aunque signifique vino, el concepto es mucho más amplio. No hay discrepancia entre los musulmanes sobre el juicio que les merece esta sustancia: es harâm, está prohibida, y su consumo se considera una grave falta contra las enseñanzas del Islam.

         El jamr (vino, o cualquier bebida alcohólica) es nocivo para el cerebro, el cuerpo, la espiritualidad y todos los asuntos de este mundo, representa un peligro para las familias, las sociedades y los pueblos, y sus efectos degradantes son conocidos por todos.

         En el periodo pre-islámico, los árabes eran amantes apasionados del vino y la bebida, que estaban muy extendidos, sobre todo entre los más pudientes. Esa pasión se trasparenta en su lengua, que contiene unos cien sinónimos para jamr. En la poesía árabe, el género báquico ocupa un lugar destacado.

         Con la aparición del Islam, el vino fue prohibido de modo progresivo. El Corán condenó su consumo en etapas sucesivas. Comenzó prohibiendo realizar el Salât en estado de ebriedad. Más adelante, el Corán argumentó contra el vino declarando que los perjuicios que se derivan de su consumo son mayores que los beneficios que reportaba (supuesta distensión del ánimo y ganancias económicas para los comerciantes): “Oh, vosotros que os habéis abierto de corazón a Allah, el vino, el juego de azar, la adivinación por las entrañas de las víctimas así como la tirada a suerte son actos impuros que vienen del demonio. ¡Evitadlos! Tal vez triunféis”. En otro texto, el Corán nos dice: “El demonio busca introducir entre vosotros los gérmenes de la discordia creando enemistad y rencor a través del vino y el juego de azar, para que abandonéis la evocación de Allah y el Salât. ¿Pondréis fin a esa situación?”.

En esos dos versículos, Allah insiste en la prohibición del vino y de los juegos de azar de un modo general y formal. Los asimila a la adivinación y al tiro de suerte y los declara actos impuros, pero este término en el Corán designa lo que está en los límites de la inmoralidad y la fealdad. Los asocia a la obra del demonio, que sólo hace las cosas inmorales y reprobables. Aconseja que se eviten, y declara que en ello radica el triunfo. El Corán cita algunos de sus perjuicios para la sociedad tales como la ruptura de vínculos, la instalación de la enemistad y el rencor, etc. Entre sus efectos perversos está que incita a descuidar los deberes espirituales como la evocación de Allah, el Salât, etc. Por último, el Corán invita a evitar el consumo de vino de la forma más elocuente: “¿Pondréis fin a esa situación?”. La respuesta de los musulmanes fue inmediata, y radicalmente se puso fin al consumo de alcohol. Se cuenta que había quienes sostenían vasos de vino y los estaban alzando a sus labios cuando fueron comunicados esos versículos: no acabaron el gesto y vertieron en el suelo el contenido de los vasos.

         Algunos gobiernos han estado convencidos de la nocividad del vino para los individuos, para las familias y las naciones. Algunos estados han intentado prohibir su consumo por la fuerza de la ley y del poder, pero no lo han conseguido. Sólo el Islam, sobre su extensísima geografía, hizo desaparecer ese mal, y pudo erradicarlo porque para los musulmanes el imperativo de Allah es la única autoridad aceptable y es vivido con intensidad. El colonialismo reintrodujo el alcohol en el mundo musulmán para desestructurar la sociedad, porque el vino es un instrumento al servicio de la degradación y la corrupción. A pesar de esos esfuerzos, el consumo de alcohol en el mundo musulmán es una excepción y tiene en su contra un rechazo social firme avalado por las enseñanzas del Islam.

         Todo lo que embriaga es vino:
         Hemos enunciado que el término jamr, que en principio sólo significa vino, tiene un alcance más extenso. Ello se basa en que el Profeta (s.a.s.) no tenía en cuenta la materia de la que se extrajera el vino sino sus efectos. Todo lo que pueda provocar embriaguez es jamrvino, sea cual sea el nombre particular que la gente le de. Y, así, por ejemplo, la cerveza y otras bebidas parecidas, están prohibidas y entran en el capítulo del vino. Se le preguntó al Profeta (s.a.s.) por las bebidas hechas a partir de miel, de maíz u otras sustancias, que se dejaban fermentar, y él, de forma lapidaria, sentenció: “Todo lo que embriaga es vino, y todo vino es harâm, y está prohibido”. El califa ‘Omar, más tarde, lo subrayó desde su almimbar para que no quedaran dudas cuando dijo: “Vino es todo lo que obnubila el cerebro”.

         La pequeña cantidad de lo que embriaga en gran cantidad:
         En el Islam no se tiene en cuenta la cantidad que se consuma de bebidas alcohólicas. Un sólo sorbo de vino (o cualquier otra bebida alcohólica) es ya de por sí totalmente reprensible. Es verdad que el primer paso conduce al siguiente, y ya es difícil echar marcha atrás, y se evita el perjuicio que produce el alcohol absteniéndose por completo de él. El musulmán erradica cualquier relación con el vino. El Profeta (s.a.s.) dijo claramente: “Todo lo que embriaga consumido en gran cantidad está prohibido incluso en pequeña cantidad”. Todo esto señala la extremada importancia que el Islam concede a la conciencia y el entendimiento. El musulmán debe estar siempre ‘despierto’ y no anular jamás voluntariamente sus facultades. Los mayores dones que Allah ha dispensado al ser humano son la inteligencia, la sensatez, la rectitud, y el consumo de alcohol va en contra de todo eso, es la negación de esas bondades, es ingratitud hacia Allah.

         El comercio del vino:
         El Profeta (s.a.s.) no se contentó con prohibir el consumo del vino sea cual sea su cantidad, sino que condenó también su comercio, e incluso su venta a no musulmanes. No está permitido a un musulmán ser importador o exportador de vino o mantener un local para la venta de vino ni ser empleado éste en su local de ninguna manera. El Profeta (s.a.s.) maldijo, a propósito del vino, a diez personas: a quien lo fabrica, a quien lo bebe, a quien lo trasporta, a aquél para el que es trasportado, al que lo sirve, al que lo vende, al que come de sus ganancias, al que lo compra y aquél para el que es comprado.

         Cuando fueron revelados los versículos noventa y noventa y uno del capítulo quinto del Corán, anteriormente citados, el Profeta (s.a.s.) declaró formalmente prohibido el vino. Quienes conocieron la noticia y guardaban en sus casas alguna cantidad de vino, ni la bebieron ni la vendieron, y el informante de esos hadices cuenta que: “La gente salió a la calle, y derramaron el vino que tenían”.

         Conforme a su costumbre de cerrar todas las puertas a lo harâm, el Islam incluso prohíbe vender uvas a alguien conocido como fabricante de vino. En un hadiz se nos dice: “Quien almacene racimos de uvas durante su recolección para venderlos a un judío, a un cristiano, o a cualquier otro que fabrique vino, será arrojado por Allah al Fuego con conocimiento de la causa”.

         El musulmán no ofrece vino:
         Si la venta de vino está prohibida al musulmán y mantenerse con el dinero que reporte ese comercio, también le está ofrecerlo, ni como signo de hospitalidad, a un judío, a un cristiano, o a cualquier otro consumidor de vino. El musulmán no considera el vino como un posible regalo. El musulmán sólo puede ofrecer y aceptar lo que sea bueno y puro. Se cuenta que un hombre quiso obsequiar al Profeta (s.a.s.) con una jarra de vino, pero el Profeta le informó que Allah lo había declaradoharâm. Entonces, ese hombre le dijo: “¿Puedo venderlo?”, y Sidnâ Muhammad (s.a.s.) le respondió: “Allah ha prohibido su consumo y su venta”. El hombre dijo: “¿Puedo ofrecérselo a los judíos?”, y el Profeta (s.a.s) le respondió: “El que lo ha prohibido ha prohibido también ofrecérselo a los judíos”. El hombre dijo: “¿Qué puedo hacer con él?”, y el Profeta (s.a.s.) le dijo: “Derrámalo”.

         Las reuniones en las que se bebe vino:
         Sobre la base de todo lo anterior, se ha ordenado a los musulmanes romper con los círculos de bebedores y no sentarse con ellos. ‘Omar trasmitió que el Mensajero de Allah (s.a.s.) había dejado dicho: “Que el que crea en Allah y en el Último Día no se siente a una mesa en la que se sirva vino”.

         Se considera que un musulmán rectifica el mal cuando lo ve. Si no puede hacerlo cesar, él deja de asistir a él y se aleja de su terreno y de sus protagonistas. Se cuenta que el califa ‘Omar ibn ‘Abd al-‘Aziz hacía azotar a los bebedores de vino y a sus comensales, incluso a los que no bebían. En cierta ocasión, se le presentaron para que juzgara a ciertos bebedores de vino y él mandó azotarlos. Se le dijo que entre ellos había uno que estaba ayunando y por tanto no pudo compartir con ellos lo que consumían, pero él dijo: “Empezad por él. Allah ha dicho en el Corán: Cuando oigáis que los signos de Allah no son aceptados y son objeto de burla, no os sentéis con ellos mientras no cambien de tema de conversación; si no, es que sois semejantes a ellos”.

         El vino es un mal, y no un medicamento:
         Todo lo anterior demuestra que el Islam se propuso claramente erradicar el vino y su consumo y alejar definitivamente a los musulmanes de él, estableciendo firmes barreras. No dejó ninguna ventana abierta, por pequeña que fuera, que permitiera su consumo o su manipulación. No permite a los musulmanes consumir vino ni en pequeñas cantidades, ni comprarlo ni venderlo, ni ofrecerlo ni fabricarlo, ni introducirlo en su tienda, en su casa o en sus fiestas, ni ofrecerlo como obsequio ni tan siquiera a un no musulmán ni mezclarlo con ningún tipo de comida o bebida. Queda un terreno sobre el que se han preguntado los musulmanes y es el del uso del vino como medicamento.

         A quien le preguntaba si podía beber vino, el Profeta (s.a.s.) se lo prohibía. Pero alguien una vez le dijo quelo usaba como medicamento, y Muhammad (s.a.s.) le dijo: “El vino no es un medicamento, sino un mal”. El Profeta (s.a.s.) añadió: “Existen el mal y su remedio, y para cada mal hay un remedio. Cuidáos, pero no os cuidéis con algo prohibido”.

         No hay nada extraño en que el Islam prohíba el empleo del vino como medicamento. La prohibición de algo implica que debe ser evitado en todos los dominios. Dándole el nombre de medicamento o remedio se incita a la gente a consumirlo y  manipularlo, lo que está en abierta oposición con la intención por la que fue condenado el vino. Los males del vino son mayores a cualquier beneficio que se pueda sacar de él.Ibn al-Qáyyim dijo: “Cuando se autoriza su empleo como medicamento, sobre todo a alguien que siente inclinación hacia su consumo, se le está ofreciendo una excusa, y más si la gente piensa que les hace algún bien, que hace cesar sus males y los cura”. También escribió: “Una de las condiciones para la eficacia de un medicamento es que el enfermo lo acepte de buen corazón, estando convencido de su utilidad y la bendición curativa que Allah ha puesto en él. Es evidente que cuando un musulmán convencido de la prohibición que pesa sobre una materia, esto le impide creer en su utilidad o en la presencia en ella de alguna bendición. Ello le impide juzgar positivamente ese remedio y aceptarlo de buen corazón. Al contrario, cuanto mayor sea su espiritualidad, mayor será su prejuicio. Su naturaleza detesta ese medicamento más que otra cosa. Consumiendo vino en ese estado de espíritu se convierte para él en una fuete de mayores males, y no en una curación”.

         A pesar de todo lo anterior, si se piensa que el vino u otro remedio que lo tenga en su composición es un remedio eficaz para una enfermedad que pnga en peligro la vida de alguien y ningún otro medicamento lo pueda sustituir (personalmente no creo que esto pueda ocurrir) y si ese medicamento a base de vino es prescrito por un médico musulmán, competente por un lado y celoso en la práctica del Islam, entonces tenemos que remitirnos a la verdadera base del Islam, que antepone la salud y el bien del musulmán a cualquier otra consideración, conforme a lo que dice el Corán: “Quien se vea obligado por la necesidad, sin que sea empujado por el deseo y sin pasar de lo que exige la necesidad, encuentra a su Señor Tolerante y Misericordioso”.


         LOS ESTUPEFACIENTES

         “Vino es todo lo que obnubila el cerebro”. Tal es la brillante definición proclamada por el califa ‘Omar desde el almimbar del Profeta y dando la significación exacta de lo que es jamrvino. Esa definición  no deja lugar a equívocos, y todo loque se mezcla en el cerebro sacándolo de su naturaleza específica que le permite comprender y juzgar es un vinoprohibido (harâm) hasta el fin de los tiempos. A esta categoría pertenecen las drogas conocidas bajo el nombre de estupefacientes, tales como el hachich, la cocaína, el opio, y muchas otras sustancias cuyos efectos son conocidos. Actúan sobre el cerebro y el entendimiento: se ve cerca lo que está lejos, y a la inversa, hacen torpes los movimientos, estimulan la imaginación de cosas inexistentes y sumergen a quien las toma en la ilusión y los sueños. Son los efectos que buscan los toxicómanos para olvidarse de sí mismos y olvidar las cosas de este mundo y del otro errando por los valles de la fantasía. Además, las drogas debilitan el cuerpo, destruyen los nervios, deterioran la salud y destruyen la personalidad, hacen degenerar el carácter, disuelven la voluntad y hacen perder el sentido del deber, todo ello sin hablar de la dilapidación de los bienes y la ruina de las familias. El drogodependiente no duda en arrastrar a su abismo a todos los suyos, anteponiendo su apego a las drogas.

         Cuando decimos que la prohibición de algo en el Islam se debe a su carácter impuro o nocivo, es evidente que no hay dudas sobre la prohibición de estas sustancias cuyo efecto desastroso sobre las personas, los bienes y las familias es notorio. Todos los ‘ulamâ (expertos en ciencias islámicas) han sido unánimes en prohibir a los musulmanes el consumo de drogas y todo lo relacionado con ellas en la misma medida de la radicalidad con la que han juzgado el vino. Sháij al-Islâm Ibn Taimía escribió: “Los estupefacientes están prohibidos, ya se empleen para embriagarse con ellos o no. Sólo los desviados los consumen a causa de la euforia que procuran. Las drogas nos merecen el mismo juicio que el vino. Son lo  mismo las drogas estimulantes como las que provocan inacción y somnolencia. Deterioran al espíritu y destruyen la voluntad. Abren las puertas a todos los delitos a la vez que hacen disminuir el celo en el cumplimiento con las responsabilidades. En todo esto son peores que el vino. Su parición en el Islam coincidió con la llegada de los tártaros. La Ley revelada condena su consumo, sea poco o mucho, y lo castiga con la misma pena que recae contra el vino, a saber, ochenta latigazos”.

         El consumo de vino o de estupefacientes forma parte de los delitos que la Sharî‘a castiga con severidad. El Islam erradicó esos males y mantiene la pureza que se alcanzó a través de amenazas fuertes para impedir que vuelva a asentarse entre los musulmanes lo que les destruya o debilite.

         Está prohibido el consumo de todo lo nocivo:
         Esta es una base general de la legislación islámica. No está permitido a los musulmanes tomar alimentos o bebidas que los maten rápida o lentamente, como venenos o lo que se le parezca. No se debe abusar de un alimento o de una bebida que tomadas en grandes cantidades produzcan enfermedades. La vida de un musulmán, su salud, sus bienes, son un depósito que guarda y no debe malgastarlos. El musulmán no traiciona lo que se le confía: no se pertenece sólo a sí mismo, sino a Allah, a su familia, a su gente,... Allah dice en el Corán: “No os matéis. Allah es Misericordioso con vosotros”, y también dice: “No os arrojéis por vosotros mismos a la destrucción”. De acuerdo con esto, el consumo de tabaco es harâm, y más ahora cuando su nocividad para la salud es más que manifiesta, y sobre todo si un médico lo prohíbe a un paciente en particular. Pero aunque el daño que produce a la salud no fuera grave, la dilapidación de bienes en lo que no sirve para nada ni en este mundo ni junto a Allah bastaría para considerarlo harâm. Y esta prohibición afecta mucho más a quien tuviera que desatender sus derechos y los de su familia gastando lo que necesitan en una actividad dañina como el consumo de tabaco.