StatCounter

miércoles, 30 de enero de 2013

EL RECUERDO DE ALLAH Y LA INVOCACIÓN





ADZ-DZIKR WA AD-DU'Â

EL RECUERDO DE ALLAH Y LA INVOCACIÓN


Ash-Shaij Muhammad ash-Sharaf
'Alim de Al-Açhar

Traducción 'Omar al-Yirundí

  Bismil·lahi r-Rahmâni r-Rahîm

La invocación y el Dzikr en el Glorioso Corán y la Sunna del Rasûl (sallallahu 'alaihi wa sállam)

         No sólo de pan vive el hombre, se dice popularmente. Hay otro alimento que contribuye a su equilibrio y asegura la plenitud de su ser. Este equilibrio y plenitud tienen su origen en el Islam, y son el dzikr, el Recuerdo de Allah, y el du'â, lainvocación.
         En el Islam, la invocación y el Recuerdo de Allah son los orígenes de la estabilidad y la dulce tranquilidad frente a las circunstancias y dificultades de la vida. En nuestra época la cultura se ha generalizado, los conocimientos humanos se han extendido; ofrecen a la persona a partir de su situación medios de expansión y distracciones diversas. A pesar de todos estos medios, hay que constatar un aumento de los problemas nerviosos, la complejidad de los problemas, la generalización de los enfrentamientos y la ceguera ante Allah.
         Numerosas son las causas que están en el origen de este síndrome, el desgarro de los corazones devastados, el rechazo a vincularse a Allah, de aferrarse a Él y de descansar en Él. La negligencia de los apáticos para llamar a Allah no hace más que interponerse en su camino hacia la verdad. El du'â de palabra, que se traduce en la sumisión y la humildad de los corazones, mediante la ternura de los órganos, contribuye a dirigir a la persona hacia el Camino Recto, a hacerle comprender la sumisión que se le atribuye por esencia al establecer su nivel de dignidad cercano al de los Justos, de manera que esta persona se someterá a Allah con mansuetud y convicción, con confirmación, verdad y sinceridad. Mediante la presencia de su Creador Todopoderoso, se abocará a los preceptos de la Shari'a en lo permitido y lo vedado, se someterá en cuerpo y alma a la Orden de Allah, y gozará del descanso y de la dulce tranquilidad y se abandonará al destino del Señor, perseverando ante cualquier difamación, crisis y calamidad. Entonces la persona será lúcida, y adquirirá un estado de despertar espiritual permanente y un autocontrol total.
         Allah mediante Su Palabra nos incita a recordarle y a multiplicar nuestras invocaciones:

"¡Vosotros que tenéis îmân! Recordad a Allah recordándole mucho, y glorificadle mañana y tarde" (Sûrat al-Ahçâb, 41-42).
"Así pues, recordadme que Yo os recordaré, y agradecedme y no seáis ingratos conmigo" (Sûrat al-Báqara, 152).

         En un dicho puro atribuido a Allah (hadiz qudsí), transmitido por los imames al-Bujâri y Múslim, Allah nos colma de sus bendiciones y nos dice:

"Me comporto a partir de la opinión que mi servidor se hace de Mí, y estoy con él en la medida en que se acuerda de Mí, si él me invoca en su propia persona, yo lo invocaré en Mí, y se me invoca en medio de una muchedumbre, yo lo invocaré en medio de una muchedumbre mucho más noble. Si se acerca a Mí un palmo, me acercaré a él un codo. Si se acerca a Mí un codo, me acercaré a él un paso, y si se acerca a Mí un paso, iré a su encuentro al galope".

         Con este hadiz no podemos hacer más que admirar la recompensa de las bendiciones que el Señor avanza a aquellos que son guiados a Él.
         El du'â y el dzikr están a la cabeza de las buenas acciones; por este motivo el Profeta Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam) recorría a los du'âs en toda circunstancia y nunca dejó de recomendar a la gente que los hiciera. Una vez dijo a un hombre: "Mantén tu boca fresca mediante el dzikr".
         El dzikr engloba toda obra que se hace por Allah, y consiste en recordar al hombre los innumerables favores y privilegios que Allah ha concedido al ser humano.
         Las invocaciones y alabanzas a Allah obedecen a las siguientes recomendaciones:

·                     Meditación o recitación del Corán:

Sin duda, recitar el Corán al-Karim es la cumbre del dzikr, puesto que recuerda al mûmin la grandeza y la magnificencia de su Señor, Su mérito y Su dignidad. Reestablece el vínculo con Allah sobre la base de la diligencia y del temor, mediante la reflexión sobre la eternidad del Creador y Su disposición en el universo. El Corán es un relato para despertar y orientarse hacia el Camino Recto.

·                     El Salât:

Se trata de un acto obligatorio. El mûmin se recogerá asiduamente, con constancia y sobriedad en el servicio a Allah, inclinado y prosternado recitando la palabra de Allah, cantando Su Gloria. Los cinco momentos diarios del salât son por esencia los momentos de alimento espiritual, los momentos en que se pone en Presencia de su Creador Todopoderoso, alejado de las villanías y los actos desaprobados por Allah, que comportan el sobrecogimiento y la sumisión a la Grandeza y la Majestad del Creador.

·                     La servidumbre a Allah por encima de todo:

Mediante el amor verdadero a Allah, el individuo desdeña el placer limitado de la vida, y sacrifica su alma y sus bienes para servir a Su Creador, e invertirá su fortuna en las directivas de Allah, seguro de su compromiso, convencido que sus bienes no son más que pruebas y medios ofrecidos por Allah para una contienda justa, y que los cambiará a su siervo por el Jardín. Así lo confirma Allah en el Corán:

"Es cierto que Allah les ha comprado a los mûminín sus personas y bienes, a cambio de tener el Jardín (...)" (Sûrat at-Tawba, 111).

         Allah ha ordenado también al musulmán que sea perseverante en los momentos difíciles, y que multiplique su Dzikr creyendo en la veracidad de Su promesa.

·        Entre los recuerdos, insistimos en el estado de firmeza del musulmán ante la llamada de sus deseos, de su pasión y de los susurros del Shaytân. Cuando la persona se da prisa en cometer una torpeza o una desobediencia cualesquiera, la virtud del îmân lo pondrá en guardia contra las consecuencias de la desviación, y lo preservará de salir de los límites del Islam, por temor al castigo del Todopoderoso reservado a los desobedientes. Así el mûmin se aparta de cualquier iniquidad y se dirigirá directamente hacia la obediencia de su Creador. De esta manera Allah nos aclara esta situación:

"Nada más, ciertamente: son mûminín aquellos cuyos corazones se sobrecogen cuando se menciona a Allah, y cuando sus aleyas les son recitadas, lo que les hace crecer el îmân, y ponen su esperanza en su Señor" (Sûra , 2).

·        El fundamento del Dzikr es el conocimieto de Allah con sus Más Bellos Nombres y Sus Nobles Atributos que guían al mûmin hacia la moral islámica, porque no hay más moral que la que viene de Allah, la cual perfectamente seguida por el mûmin, cada vez es más deseada por el mismo. ¿Cómo el siervo podrá no ser indulgente con todas las criaturas, cuando sabe que Allah es el Más Misericordioso? ¿Cómo podrá ignorar la justicia y la equidad en todas sus acciones cuando sabe que Allah es el Justo? ¿Cómo podrá evitar ser excelente y generoso después de saber que Allah es el Excelente y el Más Generoso? ¿Cómo podrá admirar la constancia de Allah y no mejorar su perseverancia y paciencia?

         El Dzikr es un excelente medio para conseguir tener la conciencia perfecta de Allah, una verdadera pasarela para el disfrute de la confianza, la serenidad cerca del Señor y la iniciación a la moral inefable que nos ha prescrito.
         Nuestro Profeta (sallallahu 'alaihi wa sállam) se distinguió en toda su vida por su du'â y su dzikr, cuando se despertaba y se dormía, cuando caía enfermo y cuando se reponía, antes y después de las comidas, cuando llovía o soplaban los vientos, cuando entraba en la casa y en la mezquita y cuando salía de ellas, en cada prueba dolorosa o en circunstancias felices, etc.
         En este libro hay du'âs y dzikr fijados y establecidos por Sidnâ Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam) para sucesos concretos. Quien se acuerde de ellos y los transmita, serán para él o ella una ayuda y un apoyo seguro para esta vida y para la otra.
         Recordemos lo que Allah ha dicho:

"Aquellos que se abren a Allah y tranquilizan sus corazones por medio del recuerdo de Allah. ¿Pues acaso no es con el Recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones"  (Sûratu r-Ra'd, 28)

         El dzikr y el du'â son el tema de nuestra exposición. Imploro a Allah para que este humilde esfuerzo sea sincero, y que sea provechoso para todos los hermanos en el Islam, que Él nos guíe. És el Aquel que oye y que entiende.

GENERALIDADES

         Allahu Ta'ala declara en el Generoso Corán:

"Así pues, recordadme, y Yo os recordaré; y agradecedme y no seáis ingratos conmigo" (Sûrat al-Báqara, 152).

         El Recuerdo de Allah del que se habla en esta aleya es en verdad el alimento indispensable en el corazón del mûmin y le incita a vivir constantemente en el temor y la esperanza de su Señor. La negligencia en el Dzikr endurece el corazón del mûmin.
         Al exhortarnos a la multiplicación en la práctica del dzikr, en la segunda cita del Corán, que damos aquí abajo, Allah nos da las razones de ello en estos términos:

"Aquellos que se abren a Allah y tranquilizan sus corazones mediante el recuerdo de Allah. ¿Pues acaso no es con el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones" (Sûratu r-Ra'd, 28).

"¡Vosotros que tenéis îmân! Recordad a Allah invocándole mucho. Y glorificadle mañana y tarde" (Surat al-Ahçâb, 41-42).

VENTAJAS DEL DZIKR

         El Dzikr es el Camino de la Felicidad y la mejor causa de la victoria, ya que Allah ha dicho al respecto en el Generoso Corán:

"¡Vosotros que os abrís a Allah! Cuando tengáis un encuentro con una tropa, sed firmes y recordad mucho a Allah para que podáis tener éxito"  (Sûrat al- A'raf, 45).

         El Dzikr pone al musulmán en el Camino Recto mediante la imitación del Ejemplo Perfecto (sallallahu 'alaihi wa sállam), tal como lo demuestra la siguiente aleya del Corán:

"Realmente en el Rasûl tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Allah y en el Último Día y recuerde mucho a Allah" (Sûrat al-Ahçâb, 21).

         El Dzikr incita a volver a Allah y a la sinceridad con el Mismo después de haber cometido una falta, prueba de ello son estas aleyas:

"Aquellos que cuando cometen una torpeza o son injustos consigo mismos, piden perdón a Allah y piden perdón por sus faltas -porque, ¿quién perdona las faltas sino Allah?- y no reinciden en lo que hicieron, después de saberlo / Esos tienen como recompensa un perdón de su Señor y jardines por los que corren los ríos. En ellos serán inmortales. ¡Qué excelente recompensa para los que actúan" (Sûrat 'Ali Imrán, 135 y 136).

         El Dzikr expulsa la inquietud del alma y tranquiliza el corazón, como declara Allah en el Corán:

"Los que se abren a Allah y tranquilizan sus corazones por medio del Dzikr. ¿Pues acaso no es con el Dzikr con lo que se tranquilizan los corazones?" (Sûratu r-Ra'd, 28).

         El Dzikr permite conseguir la satisfacción de Allah, impide cometer actos reprobables y protege del Shaytân, como dice la aleya en la que Allah dice que:

"(...) es cierto que el salât impide la indecencia y lo reprobable. Pero el recuerdo de Allah es mayor, y Allah sabe lo que hacéis" (Sûratu l-'Ankabût, 45).

         El Dzikr da la esperanza de una enorme recompensa de Allah, como lo asegura esta aleya del Corán:

"(...) a los que recuerdan mucho a Allah y a las que recuerdan, Allah les ha preparado una enorme recompensa" (Sûratu l-Ahçâb, 35).

         El Dzikr despierta la conciencia y vivifica el corazón del mûmin. A este respecto, citemos el hadiz siguiente de Sidnâ Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam) transmitida por Abû Mûsà (radi Allahu 'anhu):

"Hay quien se acuerda de Allah y quien no lo hace como un vivo y está muerto".

         El Día del Juicio, el musulmán que habrá recordado más a Allah será el más cercano al Mismo, como transmite Abû Sa'id al-Judri (radi Allahu 'anhu) que respondió así a una persona:

"-¿Cuáles serán los siervos más cercanos a Allah el Día del Juicio Final?
-Aquellos que se habrán acordado más de su Señor", declaró Sidnâ Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam).

         El musulmán que se acuerda de Allah consigue Su Amor.

"¡Ya Rasûlullah! ¡Dame un consejo!, dijo un día Umm Ânas.
Abandona la desobediencia a Allah, porque es la mejor taqwâ; observa firmemente los actos obligatorios, porque es el mejor esfuerzo contra el propio nafs, y multiplica el Recuerdo de Allah, porque nada de lo que hagas podrá atraer hacia ti tanto el Amor de Allah como la multiplicación del Dzikr".

         El Dzikr borra las faltas, como dice este hadiz transmitido por Ânas ibn Málek:

"No se forma ningún grupo para recordar a Allahu subhanahu wa Ta'ala, únicamente por Su Faz, sin que un ángel clame: levantaos con vuestras faltas perdonadas y vuestras malas acciones cambiadas en buenas obras".

         El Paraíso es la recompensa de aquél que hace Dzikr.
         Abdullah ibn 'Omar dijo: "Pregunté al Profeta Muhammad (sallallahu 'aleihi wa sállam) sobre cuál era el beneficio del Dzikr realizado en grupo. - Es el Yanna, me dijo".

         Aquellos que se reúnen para hacer Dzikr ganan muchos favores de Allah, como lo prueba el hadiz transmitido por Abû Sa'îd al-Jodri y Abû Hurayra:

"No hay ningún grupo de hombres sentado que haga Dikr que no esté rodeado de ángeles, cubierto por la Misericordia de Allah y sobre el cual no descienda la paz".

         Preguntaron al Profeta Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam):

"¿Cuál es el mejor acto? -Que no dejes de refrescar tu lengua con el Dzikr hasta el momento en que la muerte te sorprenda", respondió.

LOS MEJORES TIEMPOS PARA PRACTICAR EL DZIKR

         La práctica del Dzikr está recomendada en todo momento como lo indican las siguientes aleyas coránicas:

"Así pues, ¡glorificado sea Allah! cuando entra la tarde y cuando amanece / Suyas son las alabanzas en el cielo y en la tierra. Y glorificado sea en la tarde y cuando cae el mediodía" (Sûrat ar-Rûm, 17 y 18).

"Ten pues paciencia porque la promesa de Allah es verdadera y pide perdón por tus faltas y glorifica a tu Señor con las alabanzas que le son debidas por la tarde y de madrugada" (Sûra Ghafir, 55).

"(...) Y glorifica a tu Señor con Su alabanza cuando te levantes / Y glorifícalo durante parte de la noche así como al ocultarse las estrellas" (Sûrat at-Tûr, 48 y 49).

         A pesar de todo, hemos de precisar que determinados momentos son más indicados para el Dzikr y el du'â, porque tienen una recompensa y una aceptación mayores en esos momentos.
         Esos tiempos son, entre otros, durante la noche y en su último tercio. Sobre esto, tenemos el hadiz transmitido por 'Amr ibn 'Absa:

"El mûmin se acerca más a Allah durante la noche, particularmente en su último tercio. Si podéis contaros entre los que se acuerdan de Allah en ese momento, hacedlo".

Los demás mejores momentos son:

-durante el amanecer y el ocaso
-después de hacer el wudzû
-después del salât
-los diez primeros días de Dhu l-Hiÿÿa
-durante el tawâf
-el día de 'Arafa
-durante el mes de Ramadán y especialmente en la noche de Laylatu l-Qadr
-durante el suÿud, que es cuando el musulmán está más cercano a su Señor.

NECESIDAD DEL DZIKR
         Para el mûmin deseoso de su salvación, el Dzikr es una necesidad vital, una práctica indispensable a la cual no podrá renunciar jamás. Se vincula pues a una atmósfera marcada por la presencia de Allah y esto en todas las manifestaciones de la vida.
         El abandono del Dzikr tiene por efecto el endurecimiento del corazón del mûmin y librarse sin freno a los susurros del Shaytân. Es por ello que Allahu Ta'ala ha ordenado a Su Profeta (sallallahu 'alaihi wa sállam) a buscar la compañía de aquellos que se acuerdan de Él:

"Y sé constante en la compañía de aquellos que invocan a su Señor mañana y tarde anhelando Su Faz, y no apartes tus ojos de ellos por deseo de la vida en este mundo ni obedezcas a aquel del que hemos hecho que su corazón esté descuidado de Nuestro Recuerdo, y sigue su pasión y su asunto está desbocado" (Sûra Kahf, 28).

"Y al que está ciego para el Dzikr del Rahmân le asignamos un demonio que se convierte en su compañero inseparable" (Surat aç-Çuhrûf, 36).

         El Profeta Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam) dijo por su lado:

"El signo del amor de Allah es amar el Dzikr, y el signo del aborrecimiento de Allah es aborrecer el Dzikr"

ACTITUD A MANTENER DURANTE EL DZIKR
         Cuando el mûmin hace el Dzikr de la manera conveniente, su corazón se tranquiliza, su alma se purga, su conciencia se despierta y la luz de Allah lo cubre.
         Dado el valor inestimable del Dzikr, el objetivo deseado sólo puede ser alcanzado por una participación real y sincera de la lengua y el corazón. Es preferible decir el Dzikr con humildad y en voz baja, pensando en el sentido de las palabras pronunciadas.
         Respecto a esto leed estas palabras de Allah:

"Y recuerda a tu Señor en ti mismo, humilde, con temor de Él sin subir la voz, al comenzar y terminar el día. Y no seas de los negligentes" (Sûrat al-A'raf, 205).
        
         El mûmin y el lugar dónde se pronuncia el Dzikr tienen que estar limpios, y en la medida de lo posible hay que orientarse hacia la alquibla.
         En principio, las palabras del Dzikr tienen que provenir del Corán al-Karim y de la Sunna, preferibles a cualquier otra fórmula rechazable sistemáticamente, sea cual fuere su origen.
         El empleo de perfume, incienso y similares son recomendables durante el Dzikr, ya que los ángeles asisten al mismo.


CLASES DE DZIKR

        Dados los múltiples aspectos del Dzikr, se pueden distinguir varios tipos:

1.         Meditación sobre la Creación de Allah.

Leamos sobre esta cuestión la invitación que al respecto nos hace el Generoso Corán:

"Es cierto que en la creación de los cielos y la tierra, y en la sucesión del día y de la noche, hay signos para los que saben reconocer la esencia de las cosas / Los que recuerdan a Allah de pie, sentados y acostados y reflexionan sobre la creación de los cielos y la tierra: ¡Gloria a Ti! Presérvanos del castigo del fuego" (Sûra Âli Imrán, 190-191).

2.         Enseñanza y aprendizaje del Dîn.

Un hadiz del Profeta Muhammad (sallallahu 'alaihi wa sállam) nos dice a este respecto que:

"Allah y sus ángeles, los habitantes de los cielos y de la tierra, desde la hormiga en su agujero hasta la ballena, todos piden las bendiciones de Allah para aquel que enseña a las gentes".

Abû Umâma cuenta que el Profeta (sallallahu 'alaihi wa sállam) dijo:

"Aquél que se despierte por la mañana y vaya a la mezquita con el único objetivo de enseñar y aprender, tendrá la misma recompensa que por haber hecho el Haÿÿ completo".

3.       El salât.

4.       El istigfâr (pedir perdón a Allahu Ta'ala).*

5.         Proclamar la Grandeza, la Alabanza y la Gloria de Allah.*

Ejemplos: repetir fórmulas como subhanallah, wa l-hamdulillah wa lâ ilâha illallah wa Allahu Akbar y muchas análogas. *

6.         Pronunciar el salât sobre el Profeta (sallallahu 'alaihi wa sállam).*

7.       La lectura y recitación del Corán al-Karîm.

Sin duda es el Dzikr de Allah por excelencia:

"Los que leen el libro de Allah, establecen el salât y gastan de lo que les proveemos en secreto y públicamente esperando un negocio que no tiene pérdida" (Sûrat al-Fatir, 29).

Abû Hurayra nos transmite el hadiz siguiente de Rasûlullâh (sallallahu 'alaihi wa sállam):

" (...) Ningún grupo de hombres se reúne en una casa de Allah para leer y recitar el Libro de Allah sin que los ángeles no los rodeen, sin que la paz descienda sobre ellos y que la Rahma los envuelva; y Allah se recordará de ellos entre los Suyos".

* Comentario del traductor: Respecto a las fórmulas del istigfâr, de glorificar a Allah y de hacer salât 'ala n-nabí hay dos tipos de transmisiones: una, la general, que podemos encontrar en la Sunna para ser practicada por todos los musulmanes, que iremos viendo en este librito, y otra, la particular, que pertenece al método de enseñanza de un maestro espiritual, llamado tarîqa, y que consiste en pronunciar las fórmulas de la Sunna un determinado número de veces para conseguir unos efectos determinados. Las fórmulas de estos maestros necesitan de su permiso para recitarlas, ya que con el mismo se transmite la báraka que tienen asociadas.

martes, 29 de enero de 2013

Refutar presuntas profecías del Antiguo Testamento que señalan a Jesús: Esdras 3:8: por G. Shapiro




Los misioneros dicen que Esdras 3:8 La misma persona es llamada por el apodo de Yehoshua / Joshua...Yeshua / Jesús.
La respuesta es el versículo dice: "En el segundo año después de la llegada thei en la Casa de Dios, en Jerusalén, en el segundo mes, Zorobabel, hijo de Shealteil y Jesúa hijo de Josadac, y el resto de hermanos sacerdotes y levitas emabrgo, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén, como su primer paso announted levitas de edad de veinte y hacia arriba para supervisar el trabajo de la Casa de la L-RD ". (JPS) Observe que la persona cuyo nombre es Josué hijo de Josadac y no María, José, o el "Espíritu Santo". Incluso si este nombre es Joshua personas y su apodo es Jeshua, que sólo demuestra que es común llamar a las personas nombradas por el arameo Josué Josué en el momento de laSegundo Templo.Que de ninguna manera prueba que Jesús era el Mesías, solo que el nombre de Jesús vino del arameo Yeshua.
Por favor, lea el versículo 9 también. Usted se dará cuenta de que el Josué / Jeshua en cuestión tiene hijos. Jesús no tenía hijos (o los hijos) de acuerdo con el Nuevo Testamento. Por lo tanto, esto no se refiere a Jesús.

Introducción al diwân de Ibn 'Arabi



Fue en su estancia en Meca donde Ibn Arabi, en el marco concreto de las amistades creadas, encontró la inspiración para escribir la colección de poemas titulada Tarÿuman al-Ashwaq (Interprete de los deseos) que tanta fama le dio como poeta sufi.
En la introducción del Tarÿuman al-Ashwaq, Ibn Arabi nos habla de las circunstancias de esta visita y nos ofrece al mismo tiempo un aspecto de ternura lírica que no aparece con frecuencia en otras de sus obras:
“Cuando me establecí en la ciudad de Meca, el año 598 de la hégira [correspondiente al 1201-02 de la era cristiana] me encontré allí con un grupo de personas excelentes, una asociación de nobles, letrados y virtuosos hombres y mujeres.
A pesar de los méritos de todos ellos, a ninguno hallé tan dedicado a su propia perfección, ensimismado en el amor día y noche, como al maestro, sabio y director espiritual, encargado del maqam de Abraham -la paz sea con él-, residente de la Ciudad Fiel, de vigorosa espiritualidad, Abu Shaja' Zahir ibn Rustan ibn Abu l-Raja' de Isfahan -Allah excelso le tenga en su misericordia-; era un hombre de elegante conversación, de grata amabilidad y de fina compañía, que daba placer al compañero y deleitaba al que se le asociaba. Él -Allah se haya complacido en él- poseía gran caudal de conocimientos y sólo hablaba de lo que le interesaba.
Yo fui enviado a Fajra al-nisa', su hermana, a quien mejor se le podría llamar Gloria de hombres y sabios, para que estudiara con ella a causa de la calidad sublime de sus recitados. Ella dijo en cierta ocasión: "La esperanza se disipa a la par que el término se aproxima", y de repente una urgencia hacia la acción me distrajo de la recitación que de mí pedía y sentí como si la muerte me estuviera acechando y la angustia del remordimiento me asaltara. Todavía bajo el efecto de sus palabras le compuse un verso en que decía:
"En el recitado mi estado y el tuyo son sólo uno.
No tienen otra meta que el saber y su aplicación."
 Con este motivo, autorizó a su hermano para que me extendiera en nombre de ella una licencia general cubriendo todos los temas de sus recitados. Cosa que él -Allah se haya complacido en ambos- hizo, concediéndome además su autorización y licencia general para la totalidad de temas que yo había estudiado con él. Yo le dediqué entonces una casida en la que decía:
"Estudié a Tirmidzi con el hombre fuerte,
guía espiritual de gentes en la Ciudad Fiel."
Ahora bien, el maestro -Allah se haya complacido en él- tenía una hija virginal, doncella esbelta que cautivaba las miradas, adornaba las reuniones, alegraba a los que a ellas asistían y llenaba de confusión a los que la contemplaban. Se llamaba Nizam (Armonía) y tenía por sobrenombres 'Ainu ash-Shams (Pupila del sol) y Baba (Esplendor). Era sabia en materias de Islam, rigurosa en su práctica del Islam, de vida frugal y ascética, señora de los dos lugares nobles del Islam (Meca y Medina), discípula en la Ciudad Fiel, soberana y sin tacha, de encantadora apariencia, de una elegancia iraquí; si era prolija, poseía elocuencia fluida, y si concisa, causaba admiración; poseía una gran claridad de exposición. Cuando hablaba hubiera hecho enmudecer al mismo Quss ibn Sa'ida; en su generosidad sobrepasaba la del mismo Ma'n ibn Zaida y en su fidelidad dejaba atrás incluso a Samaw'al como cabalgando a pelo sobre el lomo de la Traición, y si no fuera por los espíritus débiles, dados a la sospecha y al mal pensar, yo hubiera detallado la belleza que Allah excelso había otorgado a su figura y a su carácter, que era como arriate, cita de lluvias generosas, sol entre los sabios, vergel entre los letrados, verdad sellada, joya central en el collar, perla sin par en su tiempo, la más preciosa en su generación, de nobleza exuberante, de miras elevadas, señora del valle, la más ilustre en la asamblea, su morada era la perfección y su habitación estaba en la niña de los ojos y en el corazón dentro del pecho. Con ella resplandecían las alturas de Tihama y con su proximidad los arriates abrían sus capullos de manera que se elevaban las cimas de los conocimientos con las ciencias espirituales y místicas que ella poseía. En ella había unción angelical y miras reales.
Durante el tiempo que pasé con ella, tuve ocasión de observar la nobleza de su ser, con lo que a ello añadía la compañía de su tía y de su padre. Así a ella he dedicado las más bellas composiciones que este libro contiene con lenguaje de tierno lirismo y expresiones de poesía amorosa apropiada, aunque con ello no he alcanzado a expresar sino una parte muy pequeña de lo que mi alma sentía, la ternura suscitada por la nobleza de mi amor por ella, la intimidad ya larga, la delicadeza de su pensamiento y la pureza de su condición, pues ella era la petición y lo que se espera, la virgen sin mancilla. Sin embargo, he puesto en verso algunos pensamientos cargados de anhelo apasionado que se encuentran entre estos tesoros y objetos preciosos, y así he hablado de un alma deseosa y he mencionado la devoción que yo siento, con la solicitud por la intimidad pasada y con la predilección por su trato tan noble. Así todo nombre que yo menciono en este opúsculo a ella alude, y con toda morada por la que lloro a la suya me refiero. Pero a la vez en nada de cuanto he compuesto en este librito dejo de aludir a inspiraciones, revelaciones espirituales y relaciones sublimes de acuerdo con "nuestro arte extraordinario" [Corán XX, 66]. Pues la vida futura es mejor para nosotros que la presente, y porque ella -Allah se haya complacido en ella- sabía muy bien qué es a lo que yo aludo, y a ti nadie puede informarte como Aquel que todo lo sabe. Allah proteja al lector de esta colección de poemas de que su pensamiento se precipite a lo que no es propio de los espíritus elevados y de las miras sublimes en comunión íntima con los negocios celestiales. Amén. Por la majestad de Aquel que es Señor único, y Allah pronunciará la Verdad y guiará por el Camino.
(Tarjuman, p. 7 ss.)
La publicación de los poemas que constituyen el Tarÿuman no parece haber sido recibida con aprobación general. A pesar de las admoniciones expresas de su introducción, el tono lírico de las composiciones, literalmente entendido, e incluso las líneas en que Ibn Arabi presenta a Nizam y que tan claramente sobrepasan los límites de una admiración estrictamente espiritual produjeron una oposición abierta entre algunos alfaquíes de Alepo y al parecer también alguna sorpresa dolorida entre algunos de sus discípulos. Dada la falta de documentos, es difícil medir la importancia de tal reacción adversa. Más difícil todavía es adivinar hasta qué punto el alma del místico murciano se sintió herida por ella. Es hecho cierto que durante esta visita a Meca Ibn Arabi contestó a estas objeciones con una nueva edición de sus poemas acompañada esta vez de un comentario, donde, casi palabra por palabra, se elucidan los sentidos secretos que el autor quiere ver en los poemas. Aunque el comentario en sí es una joya de literatura sufi que leerán con gusto, aunque no con fácil deleite, los que se interesen por la espiritualidad islámica.
La obra, con el título ahora de Dzaja'ir al-a'laq (Tesoros de enamorados) incluye una introducción presentando más claramente las razones que mueven al místico a la defensa de su obra:
“La razón por la que he comentado estos versos ha sido que mis hijos espirituales Badr el abisinio e Isma'il ibn Sandakir me lo pidieron porque en la ciudad de Alepo habían oído a ciertos alfaquíes negar que ellos contuvieran nada sobre los misterios en el conocimiento de Allah y que el maestro [es decir, Ibn Arabi mismo], por ser amorosos, buscaba esconderlos bajo el velo de moralidad. Por ello yo me apresuré a comentarlos y el cadí Ibn al-Adim, por mi encargo, recitó algunos en la presencia de un grupo de alfaquíes, y cuando el detractor escuchó lo que estaba rechazando, se convirtió a Allah, glorioso y excelso, y dejó de condenar a los sufíes mendicantes y las expresiones líricas y amatorias que ellos usan en sus dichos refiriéndose a los misterios de Allah.
Así, a Allah excelso encomiendo la encuadernación de estas hojas; en ellas he comentado los versos amatorios que yo compuse en la noble ciudad de Meca durante las ceremonias de mi visita ritual durante los meses de Raÿab, Sha'ban y Ramadan, en los que me refiero a experiencias trascendentales, luces en el conocimiento de Allah, secretos espirituales, ciencias del intelecto y admoniciones de la Sharia. Yo había expresado todo ello en forma de expresiones líricas y amatorias para que todas las almas se enamoraran de estas expresiones y las inclinaciones del corazón se encelaran en prestarles atención. Este es el lenguaje de todo letrado elegante, espiritual, delicado.
Con respecto a ello he hecho advertencia de mi objeto en los versos siguientes :
Todo cuanto menciono: ruinas,
campamentos, estancias, todo.
Así cuando digo ¡Ah! y ¡Oh!
y ¡Ay! y, para resumir, ¡ay también!,
y cuando digo ella y él
o ellos y ellas, plural o dual,
y también cuando escribo en mis versos
que el destino me ha llevado a la altura o a lo profundo,
y cuando digo que las nubes lloran
o que las flores sonríen,
y cuando clamo por los camelleros que se fueron
hacia el ban de Hajir y por los camellos del Himá,
y hablo de lunas que se ponen en los gineceos
o soles y plantas que se elevan
y rayos, truenos o brisa,
vientos -el austral- o el cielo,
camino, torrente o dunas,
montañas, ruinas o cenizas,
amigos, camellos o colinas,
arriates, boscajes o vedados,
o mujeres de pechos altivos y turgentes
que surgen como soles o estatuas,
todo cuanto menciono de esas cosas
o de algo parecido, hay que entenderlo
de los secretos y luces que aparecen
y se elevan, que Allah del cielo ha traído
a mi corazón o al corazón de aquellos
que como yo se someten a las leyes de los sabios.
Una descripción pura y elevada enseña
que mi verdad tiene un pasado,
por ello, aparta tú el pensamiento de lo exterior
y busca el interior para aprender.
(Dhakha'ir, p. 4)

Ibn Arabi. Poeta Místico

Además de los versos que con frecuencia ilustran puntos doctrinales en sus obras, Ibn Arabi escribió dos colecciones de poemas, una el Tarÿuman, al que ya hemos tenido ocasión de referirnos, y otra, obra ya de su vejez, probablemente escrita hacia el año 1232, que es conocida con el título general de Diwan (Colección de poemas).
Frente a la técnica de retórica fría y amanerada, llena de términos místicos, que Ibn Arabi usó en las composiciones de suDiwan, se alza la exaltación mística y lírica de su Tarÿuman. A esta colección de poemas debe Ibn Arabi la fama de poeta místico de que todavía goza en el mundo árabe musulmán.
Sin embargo, Ibn Arabi no fue un poeta original en el sentido ordinario de la palabra. El lector de su Tarÿuman encuentra en estos poemas muy pocas imágenes que Ibn Arabi pueda reclamar como auténticamente suyas. La mayor parte de las expresiones, metáforas y alegorías que en ellos usa, ha sido usada ya anteriormente por otros poetas, y muchas, en realidad, pertenecían ya al tesoro público de la poesía árabe tradicional, de donde Ibn Arabi las toma para aplicarlas en sus propias composiciones.
Sin embargo, Ibn Arabi es en muchos aspectos un poeta extraordinario cuyos magníficos dones espirituales se dejan fácilmente percibir en una gran calidad poética. Él es, además, original en el uso que hace de los elementos tradicionales que la poesía árabe le ofrece y en la vida interna que a ellos da.
Ibn Arabi es el poeta del espíritu. Para él no es el lenguaje poético, ni siquiera la belleza, el objetivo final al que tiende en su poesía, sino el espíritu que hay que revelar. Si en sus tratados islámicos presenta la doctrina del mundo y sus relaciones con Allah, en su poesía expresa lo mismo ya no como verdad sino como experiencia, de aquí el sentido de trascendencia e intimidad tan notable en ella.
Para Ibn Arabi la poesía árabe tradicional, su belleza y la riqueza de sus recursos lingüísticos y literarios son medios de expresión, exactamente como las palabras lo son para la totalidad de los mortales, y de la misma manera que la originalidad del orador trasciende el uso que hace de las palabras comunes a todos, así también Ibn Arabi busca la verdadera originalidad de la poesía no en la novedad de las palabras que usa, sino en la manera como esas mismas palabras son usadas para revelar el mensaje espiritual que ellas encierran.
A pesar de que Ibn Arabi sólo acude al tesoro tradicional de la lírica profana árabe, su mensaje poético no se reduce a la expresión de un estado amoroso y de los gozos y penas que el amor causa. Es más bien la presentación en circunstancia humana de un amor infinito y los gozos y penas de este amor sentidos en lo más íntimo del ser humano, en la zona donde lo sensual se desvanece ya en el crepúsculo de un sentimiento espiritual.
El amor de Ibn Arabi, tal como está expresado en su Tarÿuman, puede así ser llamado amor místico y espiritual. Pero las formas que adopta y la expresión que recibe no son simplemente simbólicas ni alegóricas, a pesar de la interpretación que el mismo Ibn Arabi dio más tarde a estas composiciones. En realidad, antes de aceptar esta interpretación de simple sustitución alegórico-simbólica del sentido de un amor sensual por uno más elevado y espiritual, debemos intentar comprender el sentir trascendente y humano del poeta místico. Para ello debiéramos quizá adoptar una actitud, no de simples espectadores, sino más bien de neófitos que buscan en la poesía del místico murciano los valores aplicables a la propia circunstancia espiritual. Para éstos Ibn Arabi dedicó su poesía; para aquellos es tan sólo el dogmatismo casuístico de su comentario.
Tanto desde el punto de vista de su lírica mística como de su doctrina metafísica, el gran problema de Ibn Arabi es el del ser y de la existencia de Allah. Si Allah es, nada puede ser ni de la misma manera que Él es ni de manera independiente de su ser.Ser es el atributo supremo y trascendental de Allah. Ser es en realidad la esencia de Allah, el presupuesto de su vida y su acto. Esta es la idea más fundamental en la cosmovisión del Tawhîd por Ibn Arabi, cuya realidad nada puede trastornar. El ser, pues, es único. Todas las cosas creadas, el mundo o el cosmos, que en nuestro vocabulario humano decimos que son, subsisten eternamente como ideas de Allah; y como el conocimiento en Allah es idéntico a su ser, la creación sólo significa el conocimiento que Allah tiene de las cosas bajo el aspecto de su actualidad. El universo de la creación es así la suma de relaciones de la esencia de Allah, como sujeto, consigo misma como objeto.
La esperiencia de Ibn Arabi sobre el Ser está resumida con todo énfasis en los versos siguientes:
Nada existe sino Allah.
Nada hay fuera de él.
Nada existe sino su esencia y voluntad.

 

 

El Tarÿuman

Uno de los problemas elementales en la lectura de la colección de poemas en que consiste el Tarÿuman es el básico del enfoque que se le dé. Es decir, vamos a adherirnos primordial o exclusivamente a su apreciación lingüística y a la estética de su sentido literal, que Ibn Arabi llamaría externo; o vamos a buscar de la misma manera exclusivista los secretos de su simbolismo, que el místico murciano llamaría sentido interno, tal como lo expone en su comentario.
Las líneas que preceden ya nos han indicado claramente que, dada la experiencia de Ibn Arabi, su poesía vista así sufriría una mutilación de su sentido real.
Si, como hemos visto, el conocimiento de Allah es tal que nos impide aceptar diversos tipos de realidad, si la ciencia del amor tampoco admite otro amor que el de Allah, si toda belleza no es otra cosa que una reflexión de la belleza de Allah. Y si, sobre todo, la esencia mística radica en la percepción experimental de esta realidad, la aceptación de estos presupuestos como primeros principios operativos de su poesía será la única actitud que nos podrá comunicar el mensaje poético de Ibn Arabi.
Desde este punto de vista el amor de Ibn Arabi abraza así todas las cosas por estar dirigido hacia la única belleza real, la de Allah. Cuando Ibn Arabi da a su amor por Nizam el tono de una melodía lírica, el fin de su lirismo es siempre Allah, pero al mismo tiempo es Nizam porque en ella el místico ha encontrado la más perfecta manifestación de la belleza de Allah en la creación.
En este sentido, su poesía es mística por estar dirigida en última instancia al conocimiento de Allah; pero es también poesía profana, porque mantiene siempre la belleza de la virgen de Meca y el amor por ella sentido como objeto real de sus composiciones aunque tenga en sí la significación del conocimiento supremo. Ambos niveles no son incompatibles, como, por ejemplo, en la mística cristiana ortodoxa, sino que, como ya hemos visto, se completan mutuamente.

El comentario al Tarÿuman

Las posibilidades para una interpretación simbólica y mística que ofrecen las odas del Tarÿuman son evidentes. Incluso tras una lectura apresurada se percibe que sólo añadiendo una dimensión espiritual puede el lector alcanzar todo su efecto poético.
El objeto que Ibn Arabi persigue al escribir su comentario es precisamente demostrar la existencia de tal contenido espiritual y a la vez explicar su aplicación concreta. Pero no se contenta el sufí musulmán con presentar su comentario en forma de interpretación ajena a la esencia del sentido poético, sino que quiere darle una forma íntima, esencial, que concierte el decir místico de su poesía con la fuente de toda inspiración, que es Allah. Por esta razón nos habla en la introducción a su Dzaja’ir de las circunstancias sobrenaturales con que se le ofrece el comentario:
“Estaba yo una noche realizando las circunvalaciones a la Kaaba, cuando de repente sentí un deleite causado por aquella situación y un estado que ya me era conocido me hizo estremecer. Yo salí entonces del patio pavimentado para evitar el gentío y me puse a realizarlo fuera, caminando sobre la arena. Así se me ocurrieron unos versos que me puse a recitar en voz alta de manera que yo mismo los podía oír y también los hubiera escuchado quien conmigo estuviera de haber habido alguno. Eran los que siguen :
Yo quisiera saber si comprenden
qué corazón han poseído.
Y que mi corazón supiera
las sendas de montaña que han pasado.
¿Crees que están a salvo?
¿Crees que han perecido?
Los príncipes del amor se confunden
en el amor y se extravían.
De repente en mi hombro sentí un golpe dado por una mano más suave que la seda, yo me volví y me encontré ante una doncella griega con el rostro más bello, el hablar más dulce y cortés, de sentido más delicado, de alusiones más finas, de conversación más elegante que yo jamás hubiera visto. Sin duda alguna sobrepasaba a todas las gentes de su tiempo en elegancia, belleza y conocimientos. Ella me preguntó: Señor, ¿cómo era lo que dijiste? A lo que yo contesté:

Yo quisiera saber si comprenden

qué corazón han poseído.
A lo que replicó:
¡Cuán extraño en ti que, poseyendo conocimientos como ningún otro en tu generación. digas cosa semejante! ¿Acaso no se conoce todo lo que se posee? ¿y acaso se puede justificar la posesión sino tras el conocimiento, cuando el deseo de la inteligencia nos ha informado de su carencia? El camino es la lengua de la verdad, ¿cómo se puede entonces permitir a uno como tú que diga cosa semejante? Di, mi señor, ¿qué dijiste después de eso?
Yo respondí:
y que mi corazón supiera
las sendas de montaña que han pasado.
A lo que replicó:
Señor mío, el sendero montañoso que hay entre lo más profundo del corazón y la mente es precisamente lo que impide llegar a ese conocimiento. Así, ¿cómo va a desear uno en tu situación lo que sólo se puede obtener tras el conocimiento? El camino es la lengua de la verdad, así pues, ¿cómo se puede permitir a uno como tú que diga cosa semejante? y ¿qué dijiste, mi señor, después de esto?
Yo contesté:
¿Crees que están a salvo?
¿Crees que han perecido?
A lo que ella replicó:
Ellos ciertamente están a salvo. Pregunta, más bien, sobre ti mismo, pues es necesario que te preguntes si tú estás a salvo o has perecido, mi señor. ¿ y qué dijiste después?
Yo contesté:
Los príncipes del amor se confunden
en el amor y se extravían.
Entonces ella exclamó:
¡Oh maravilla! ¿Cómo le va a quedar al enajenado de amores algo con que sentirse confundido, si la razón del amor es precisamente la universalización que aturde los sentidos, roba las inteligencias, confunde los pensamientos y arrebata al que los siente, junto con todas
las demás cosas que se escapan? Así pues, ¿dónde está la confusión y qué le queda con que pueda sentirse confuso? El camino es la lengua de la verdad y la expresión ligera e inexacta es impertinencia en uno como tú.
Yo entonces le pregunté: "Tú, muchacha, ¿cómo te llamas?" A lo que contestó: "Consuelo." y yo dije: "Esto eres para mí." En aquel instante saludó y se marchó. Más tarde yo llegué a conocerla y entablamos unas relaciones amistosas y llegué a percibir que ella poseía los cuatro niveles del conocimiento místico en un grado que nadie es capaz de describir.”
(Dzaja'ir, p. 6 ss.)
En este punto abandona Ibn Arabi el tono íntimo que usa para relatar esta experiencia mística y comienza el comentario a sus poemas.
Ahora bien, es de notar que el místico murciano, consciente o inconscientemente, pero totalmente consecuente con su concepto del proceso místico, presenta el comentario como un estadio independiente y posterior al hecho de la inspiración poética. En ésta, el poeta místico percibe o quizá intuye, las realidades que él entonces expresa poéticamente. El hecho poético es pues para él, la expresión de una intuición o de una experiencia mística. En el comentario se recibe y expresa, la revelación explícita del contenido espiritual de aquellas expresiones poéticas. Sólo ésta es comunicable. Quizá por esta razón Ibn Arabi no atribuye a la aparición de Meca otra función que la de iniciarle en el camino de la exposición, demostrándole que la oda compuesta en un instante de arrobo espiritual tiene un sentido trascendenteIbn Arabi no reclama para el comentario otro valor que la autenticidad de su pensamiento y la circunstancia sobrenatural que le mueve a exponerlo para acallar las críticas y murmuraciones pasadas.
No obstante esta independencia fundamental del Dzaja'ir en relación a lo que podríamos llamar el sentido poético de las composiciones de que consta el Tarÿuman, creemos que puede interesar al lector por tener un ejemplo del texto del comentario tal como Ibn Arabi lo concibe.