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miércoles, 31 de octubre de 2012

El pecado original





El concepto del pecado original en el judaísmo, el cristianismo y el Islam.
Por Dr. Laurence B. Brown


El concepto de pecado original es completamente ajeno al judaísmo y al cristianismo
oriental, habiendo alcanzado aceptación sólo en la Iglesia Occidental. Es más, el concepto
cristiano e islámico del pecado son virtualmente opuestos en ciertos aspectos. Por
ejemplo, no hay concepto de "pecar de pensamiento" en el Islam; para un musulmán un
pensamiento malo se convierte una buena obra cuando una persona se niega a actuar de
acuerdo a él. Vencer y descartar los malos pensamientos que siempre asaltan nuestras
mentes es considerado algo merecedor de recompensa en lugar de castigo. Hablando
islámicamente, un pensamiento maligno sólo se convierte en pecado cuando se
transforma en hechos.
      Concebir obras buenas es más contrario a la naturaleza básica del hombre. Desde
nuestra creación, si no es limitado por las restricciones sociales o religiosas, la
humanidad históricamente ha cenado en el banquete de la vida con lujuria y abandono.
Las orgías de intemperancia que han alfombrado los corredores de la historia han
envuelto no sólo a individuos sino también a comunidades pequeñas, pero aún las grandes
potencias mundiales se han saciado de desviación hasta el punto de su autodestrucción.
Sodoma y Gomorra pueden liderar muchas listas, pero las mayores potencias del mundo
antiguo -incluyendo los imperios griego, romano y persa, así como aquellos de Genghis
Khan y Alejandro Magno- ciertamente aplican para una mención deshonrosa. Pero
mientras los ejemplos de decadencia comunitaria son innumerables, los casos de
corrupción individual son exponencialmente más comunes.
Entonces, los buenos pensamientos no son siempre el primer instinto de la humanidad.
Como tal, el entendimiento islámico es que la mera concepción de buenas obras merece
recompensa, aún si no son llevadas a cabo. Cuando una persona en efecto realiza una
obra buena, Dios le multiplica la recompensa mucho más.
      El concepto de pecado original sencillamente no existe ni ha existido nunca en el
Islam. Para los lectores cristianos, la pregunta no es si el concepto de pecado original
existe actualmente, sino si existió durante el período de los orígenes de la cristiandad.
Específicamente, ¿Jesús lo enseñó?
      Aparentemente no. Quienquiera que imaginó el concepto, ciertamente no fue Jesús,
pues él supuestamente enseñó:
"Dejad a los niños venir a mí, y no se los impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos".
(Mateo 19:14)


Bien podemos preguntarnos cómo "de los tales" puede ser "el reino de los cielos" si los
que no están bautizados están atados al Infierno. O los niños nacen con el pecado original
o para ellos es el reino de los cielos. La iglesia no puede apoyar ambos conceptos por
igual. Ezequiel 18:20 registra:
"El hijo no llevará el pecado del padre ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo
será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él".
Deuteronomio 24:16 repite el punto. Puede objetarse que esto es del Antiguo
Testamento, ¡pero no es más antiguo que Adán! Si el pecado original viene desde Adán y
Eva, ¡uno no podría encontrarlo desmentido en ninguna escritura de ninguna época!
El Islam enseña que cada persona nace en un estado de pureza espiritual, pero la
crianza y el atractivo de los placeres mundanos puede corrompernos. No obstante, los
pecados no se heredan y, de hecho, ni siquiera Adán y Eva fueron castigados por sus
pecados, pues Dios los perdonó. ¿Y cómo puede la humanidad heredar algo que ya no
existe? No, islámicamente hablando, todos nosotros seremos juzgados de acuerdo a
nuestros actos, pues:
"Nadie cargará con los pecados ajenos [...] el ser humano no
obtendrá sino el fruto de sus esfuerzos". (Corán 53:38-39)
...y:
"Quien siga la guía será en beneficio propio, y quien se descarríe
sólo se perjudicará a sí mismo. Nadie cargará con los pecados
ajenos...". (Corán 17:15)
Cada persona cargará con la responsabilidad de sus propias acciones, pero ningún
niño irá al Infierno por no haber sido bautizado ni será marcado con pecado como un
derecho de nacimiento -¿o deberíamos decir error de nacimiento?-.

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