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lunes, 4 de agosto de 2014

Ibn Taymiyya y el sufismo





Los admiradores de  este jurista  y maestro de hadices de la escuela Hanbali lo citan como enemigo del Sufismo, y lo han erigido como la principal autoridad en la campaña de los "Salafis" responsables de crear el presente clima de fanatismo injustificado contra el Sufismo, así como animar a la ignorancia con respecto al mismo. No obstante, Ibn Taymiyya fue el mismo un Sufi. Sin embargo, los "Salafi" tiene bastante cuidado en no mostrar nunca al Sufi Ibn Taymiyya, lo cual hubiera dificultado enormemente su construcción de hombre puramente anti-Sufi.

         El discurso de Ibn Taymiyya está salpicado de contradicciones y ambigüedades. Se podría decir que aunque a pesar de sus juicios sobre los Sufis, fue incapaz, sin embargo de desmentir la grandeza del Sufismo que desde siempre la Comunidad de musulmanes le ha reconocido. Así podemos ver que unas veces minusvalora el Sufismo, critica a los Sufis contemporáneos, y que al mismo tiempo presume de ser un Sufi Qadiri, a través de una línea directa sucesoria desde el Shayj 'Abd al-Qadir al-Yilani, tal como demostraremos en las líneas que siguen.

         Debiera quedar claro que la razón por la que aportamos las siguientes evidencias no es que sea que consideremos a Ibn Taimiyya de ninguna manera un representante del Sufismo, bajo nuestro punto de vista no representa el Sufismo más de lo que lo representa a  la 'aqida de los Ahl as-Sunna. Sin embargo analizaremos sus puntos de vista para demostrar que su mal entendimiento por parte de Orientalistas y "Salafis", como puramente enemigo del Sufismo, no resiste el menor examen. A pesar de los deseos de uno u otro grupo, los hechos prueban claramente que Ibn Taimiyya no tuvo otra elección que aceptar el Sufismo y sus principios, y que no solamente sostuvo su pertenencia al mismo, si no que además manifestó haber sido investido con el manto (jirka) de la hermandad Qadiri.

         Ya hemos mencionado la admiración de Ibn Taimiyya por 'Abd al-Qadir Yilani, al cual concede el título de "mi Shayj" (shayjuna) y de "mi Maestro" (sayyidi) en su Fatawa. Las inclinaciones sufis de Ibn Taimiyya, así como su veneración por 'Abd al-Qadir Yilani, pueden verse en su comentario de cien páginas a la obra de aquel, "Futûh al-Gayb", que aunque sólo representan cinco capítulos de los setenta y ocho que componen el libro, demuestra su consideración por el Sufismo como algo esencial dentro de la vida de la comunidad Islámica.[1]

            En su comentario Ibn Taimiyya recalca que la primacía de la Sahri'a  constituye la tradición más auténtica dentro del Sufismo, y para sostener este de punto de vista cita más de una docena de maestros que le han precedido, así como otros contemporáneos suyo, como sus compañeros Hanbalis, al-Ansari al-Harawi y 'Abd al-Qadir, y el propio Shayj de este último Hammad ad-Dabbas. La rectitud entre los seguidores de la Senda, tal como los primeros Shayj (shuyuj as-salaf), como Fudayl ibn 'Iyad, Ibrahim ibn Adham, Ma'ruf al-Karji, as-Sari as-Saqati, al-Yunaid ibn Muhammad, y otros de los primeros sabios del Islam, así como Shayj 'Abd al-Qadir, Shayj Hammad, Shayj Abu al-Bayan y otros posteriores, como decimos, la rectitud de los mismos no permite a sus discípulos en la Senda del sufismo, apartarse de las obligaciones y prohibiciones estipuladas en la Shari'a, a pesar de que alguno de ellos hubieran podido volar por el aire o caminar sobre las aguas.[2]

            En otra obra, en su "ar-Risala as-safadiyya", Ibn Taimiyya defiende a los Sufis como aquellos que pertenecen al camino de la Sunna a la cual representan en sus escritos y enseñanzas. Los grandes Shayj mencionados por Abu 'Abd ar-Rahman as-Sulami en "Tabaqat as-sufiyya",  y Abu al-Qasim al-Qushayri en "ar-Risala", eran partidarios de la escuela de los Ahl as-Sunna wa al-Yama', y de la escuela de los Ahl al-Hadiz, tales como al-Fudayl ibn 'Iyad, al-Yunaid ibn Muhammad, Shal ibn 'Abd Allah at-Tustari, 'Amr ibn Quzman al-Makki, Abu 'Abd Allah Muhammad ibn Jazif ash-Shirazi, etc.; las enseñanzas de todos ellos se encuentran en la Sunna, e igualmente compusieron textos acerca de la Sunna.[3]

         En su tratado acerca de la diferencia entre las formas de 'ibada acorde con la Shari'a y las formas que constituyen una innovación, titulado "Risalat al-'ibadat ash-shari'iyya wal farq baynah wa bayn al-bid'iyya" (Tratados acerca de las 'ibadas conforme a la Shari'a y su diferencia con las innovaciones) Ibn Taimiyya de forma incontestable sostiene que lo conforme a la Shari'a es el método y camino de "aquellos que siguen la vía del Sufismo", o "la vía del ascetismo (çuhd)", o de aquellos que siguen "lo que se conoce bajo el nombre de pobreza y sufismo", es decir, los fuqara y los sufíes: "lo estipulado por la Shari'a es aquello por lo que nos aproximamos hacia Allah. Es la senda de Allah. Es rectitud, obediencia, buenas acciones, generosidad, y hermosura. Es la senda de aquellos que siguen el camino del Sufismo (as-salikin), el método de aquellos que dirigen sus 'ibadas y sus intenciones hacia Él; es el camino que recorre todo aquel que desea a Allah y pone en práctica la extinción de su ego (nafs), y que recibe el nombre de pobreza y sufismo, o términos similares."[4]

         En cuanto a la enseñanza de 'Abd al-Qadir de que el salik (aquel que emprende el camino espiritual) o el sufi debieran abstenerse de los deseos permitidos, Ibn Taymiyya comienza diciendo que la intención de 'Abd al-Qadir es que uno debería renunciar a aquellas cosas permitidas que no han sido ordenadas (su prohibición), porque podría haber en las mismas algo perjudicial. Pero, ¿como se establece el alcance de esto?, si el Islam es esencialmente conocimiento y actuar conforme a la Voluntad de Allah, entonces debe haber una vía para el buscador en la senda de poder determinar cual es la Voluntad de Allah en cada caso en particular. Ibn Taymiyya está de acuerdo en que el Corán y la Sunna no pueden abarcar todo acontecimiento específico y particular que pueda acontecer en la vida de todo musulmán. No obstante si el objetivo es la rendición de la voluntad ante Allah, debe haber una vía para el buscador de poder averiguar la orden de Allah en los casos particulares.

         La respuesta de Ibn Taymiyya es aplicar el concepto de "Iÿtihad" al camino espiritual, y específicamente la noción de "ilham" o inspiración. En su esfuerzo por alcanzar una conjunción de voluntades, el Sufi alcanza un estado en el que no desea mas que descubrir el bien supremo, y la acción que sea más deseada y amada por Allah. Cuando lo legislado no puede dirigirle en tales asuntos, entonces confía en las nociones sufis de "ilham", o inspiración personal y de "dzawq", percepción intuitiva: "si el sufi se ha esforzado sinceramente en la aplicación de las normas de la Shari'a, y no ve una solución clara de cual deba ser su actuación en una materia determinada, entonces puede ser inspirado, en la medida de la pureza de su intención y del temor hacia Allah, y elegir la acción más correcta. Esta clase de inspiración (ilham) es una indicación concerniente a la Verdad. Puede ser una indicación o señal aún más fuerte que analogías débiles, hadices débiles, argumentos literalistas débiles (dawahir), y débiles "istishaab", empleados por muchos de aquellos que debaten acerca de los principios, diferencias, y sistematizaciones dentro del fiqh."[5]

         Ibn Taymiyya basa su opinión en el principio de que Allah ha dispuesto en el ser humano una capacidad natural para la Verdad, y cuando esta capacidad natural ha sido alimentada en el campo del Iman e iluminada por la luz de la enseñanza coránica, y aún así el buscador a pesar de sus esfuerzos es incapaz de determinar una solución clara en un asunto determinado que sea acorde con la Voluntad de Allah, entonces su corazón puede mostrarle la acción correcta. Tal inspiración, sostiene Ibn Taymiyya, es una de las más fuertes autoridades posibles en la situación en cuestión. Es evidente que tal vez el buscador pueda errar, falsamente guiado por su inspiración o percepción intuitiva de la situación, de la misma manera que el muÿtahid también comete errores. Pero, dice él, incluso cuando el muÿtahid o el  buscador inspirado yerren, aún en este supuesto, permanecen dentro de lo que es acorde con el Islam.

         Apelar a la inspiración (ilham) o a la intuición (dzawq) no significa seguir los caprichos o las preferencias personales.[6] En su carta a Nasr al-Manbiji, califica a esta intuición como "percepción asentada en el Iman" (adz-dzawq al-imani). Su punto de vista, tal como sostiene en su comentario al Futuh, es que la experiencia de la inspiración es por naturaleza ambigua y necesita estar cualificada y cimentada por los criterios del Corán y la Sunna;  no puede proveer de una certeza absoluta bajo su punto de vista, si no dotar al musulmán de una base sólida que le ayude en la elección más correcta en un caso dado, y ayudarle a conformar su voluntad en los aspectos cotidianos de la vida, a la Voluntad del Creador y Legislador.[7]

         En otras obras suyas también abundan los elogios hacia las enseñanzas Sufis, por ejemplo en su obra "Al-Ihtiyay bi al-qadar", donde defiende el énfasis de los sufíes en el amor de Allah, y su acercamiento al Din del Islam basado más en la voluntad que en el intelecto como legítimo y acorde con las enseñanzas del Corán, los auténticos hadices, y con la comunidad Salaf (las tres primeras generaciones de musulmanes): "pues el énfasis de los sufíes por el amor de Allah, es más evidente en ellos que cualquier otro asunto. La base de su camino es la voluntad y el amor. La afirmación del amor de Allah es bien conocida en los discursos de los maestros sufíes, tanto en los de los antiguos como en los de los más recientes, tal como se afirma en el Corán, la Sunna y en la generación del Salaf."[8]

            Ibn Taymiyya también es conocido por su condena hacia Ibn 'Arabi. Sin embargo, lo que el condenó no fue a Ibn 'Arabi si no un pequeño tratado suyo titulado "Fusus al-hikam" (Engarces de la sabiduría), que es un pequeño volumen dentro de su vasta obra. En cuanto a la obra magna de Ibn 'Arabi, titulada "Al-Futuhat al-makkiyya" (Revelaciones de la Meca), Ibn Taymiyya fue un gran admirador de este imponente trabajo, tal como pudo serlo cualquier musulmán de la época, tal como lo declara en su carta a Abu al-Fath Nasr al-Munayji (d. 709) publicada en su volumen titulado "Tawhid ar-rububiyya", de su Fatawa: "Yo fui uno de aquellos que previamente solía mantener la mejor opinión de Ibn 'Arabi, y animaba a ensalzarlo y elogiarlo por todas las cosas provechosas y benéficas que había encontrado en sus libros, como por ejemplo, al-Futuhat, al-Kanh, al-Muhkam al-marbut, ad-Durra al-fajira, Matali' an-nuyum, y otras obras más".[9]

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